La Revolución del riego VIII: El canal de Doleris que soñó con transformar el Alto Valle

En 1912, el médico y diplomático francés Jacques-Amédée Doleris publicó en París "El Nilo Argentino", donde describió los grandes proyectos de transformación que se imaginaban para la Patagonia. Entre ellos, un ambicioso canal de 100 km para llevar las aguas de la Cuenca Vidal —actual lago Pellegrini— hasta Chichinales.

Por Edith Cabrera

A comienzos del siglo XX, la región de la Confluencia se convirtió en el escenario de una de las mayores empresas de transformación territorial de la Argentina moderna. En ese contexto de fe ciega en el progreso, el médico y diplomático francés Jacques-Amédée Dóleris publicó en París, en 1912, su célebre libro El Nilo Argentino. Fascinado por la escala de la Patagonia, Doleris asumió la tarea de difundir en Europa las obras de infraestructura que prometían convertir el árido valle del Río Negro en un emporio agrícola comparable con la cuenca del gran río africano. Entre las páginas de su obra, quedó registrado un momento clave y fundacional: el proyecto detallado para utilizar la Cuenca Vidal —una depresión o bajo seco de origen eólico— (actual lago Pellegrini) no solo como un cuenco de contención de crecidas, sino como la gran fuente que nutriría un canal de riego directo que se extendería a lo largo de 100 kilómetros hasta alcanzar Chichinales.

Portada de Le Nil Argentin, de J.-A. Doléris, publicado en París en 1912

El agua, el eterno determinante

El texto de Doleris retrata el entusiasmo de 1910, cuando el diario El Diario celebraba la inminente inauguración de los trabajos de encauzamiento del río Neuquén bajo la dirección técnica del ingeniero Decio Severini, jefe de la comisión del Río Negro. La propuesta era monumental. Aprovechando la enorme depresión natural de la Cuenca Vidal —con sus 10 kilómetros de diámetro y sus barrancas de más de 50 metros de altura—, el esquema preveía la construcción de un gran canal de alimentación de 42 metros de ancho y un colosal canal de desviación (desviador) de 500 metros de ancho por 12 kilómetros de largo. La idea no era simplemente atenuar las furiosas crecidas del Neuquén, sino almacenar más de 2.000 millones de metros cúbicos de agua para alimentar dos grandes canales laterales. El canal de la izquierda, el más ambicioso, debía nacer del propio canal de alimentación de la cuenca para irrigar 80.000 hectáreas iniciales y proyectar su dominio hasta las colinas frente a la zona de Limay, donde se planeaba instalar caídas de agua de 20 metros para generar 17.000 caballos de fuerza e impulsar el bombeo mecánico hacia las mesetas altas. Inclusive, se contemplaba la excavación de un túnel de 5 kilómetros de longitud para conducir los excedentes invernales.

La realidad se impone al sueño

Sin embargo, el destino de la infraestructura patagónica se debatió siempre entre la grandiosidad de los primeros bosquejos y el pragmatismo de la ingeniería sobre el terreno. Con el tiempo, el análisis de los costos, la dinámica de los sedimentos y las complejidades topográficas llevaron a replantear estas ideas faraónicas. La visión práctica que consolidaría el ingeniero César Cipolletti —y que se plasmaría finalmente en el diseño del sistema con el Dique Cordero (hoy Dique Ballester) y el Canal Principal de Riego asentado sobre la ribera del valle— dejó de lado la noción de utilizar la Cuenca Vidal como depósito de cabecera para un canal directo hasta Chichinales. La cuenca quedó relegada a su función defensiva como vaso de amortiguación de crecidas extraordinarias, descartándose los túneles, las centrales hidroeléctricas accesorias y los trazados por las cotas elevadas.

Recreación de lo planteado por Doleris en su libro «El Nilo Argentino» (Imagen creada con IA)

Lo más fascinante de rescatar este escrito inédito es que el propio Doleris, con gran agudeza periodística e histórica, intuyó este desenlace en una nota aclaratoria al final de su relato. En ese apartado (N.B.), advertía que a semejante proyecto habría que «podarle» los anexos más embarazosos, costosos y de provecho problemático para concentrarse en lo verdaderamente esencial: llevar el agua a las tierras fértiles del valle lo antes y mejor posible. El testimonio de Doleris sobrevive así como una magnífica radiografía de la época de oro del diseño hidráulico, un documento que permite reconstruir la tensión entre el sueño utópico de los pioneros y la realidad técnica que terminó dando forma definitiva al Alto Valle

Mapa de ubicación del Lago Pellegrini y su relación con las principales localidades del Alto Valle c1972 (Archivo)


A comienzos del siglo XX, la región de la Confluencia se convirtió en el escenario de una de las mayores empresas de transformación territorial de la Argentina moderna. En ese contexto de fe ciega en el progreso, el médico y diplomático francés Jacques-Amédée Dóleris publicó en París, en 1912, su célebre libro El Nilo Argentino. Fascinado por la escala de la Patagonia, Doleris asumió la tarea de difundir en Europa las obras de infraestructura que prometían convertir el árido valle del Río Negro en un emporio agrícola comparable con la cuenca del gran río africano. Entre las páginas de su obra, quedó registrado un momento clave y fundacional: el proyecto detallado para utilizar la Cuenca Vidal —una depresión o bajo seco de origen eólico— (actual lago Pellegrini) no solo como un cuenco de contención de crecidas, sino como la gran fuente que nutriría un canal de riego directo que se extendería a lo largo de 100 kilómetros hasta alcanzar Chichinales.

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