Recorrieron durante casi 20 años la Línea Sur y ahora cuentan la historia del Tren Patagónico
El Tren Patagónico, contado desde adentro. Foto: gentileza.
Pablo Fontana y Pol Paola Fontana recorrieron durante casi dos décadas la Línea Sur para documentar en fotografías e historias el Tren Patagónico, sus pueblos y sus estaciones. El resultado es un libro bilingüe que busca mostrar el valor social, cultural y territorial de un ferrocarril que, aseguran, todavía tiene mucho por aportar.
La primera vez que viajaron en el Tren Patagónico supieron que había una historia que querían contar.
«Nació de forma instantánea la primera vez que viajamos en él y nos percatamos de su enorme valor pero de lo desconocido que era en general por fuera de la provincia y el país«, cuentan Pablo y Pol Paola al explicar cómo comenzó el proyecto.

Desde sus oficios (la fotografía y la historia) decidieron contribuir a difundir el ferrocarril. «La imagen es un lenguaje universal«, explican. Los textos fueron traducidos al inglés para ampliar el alcance y darle al trabajo una edición bilingüe.
El resultado es Línea Sur, un libro de fotografía documental sobre el ferrocarril de la Línea Sur, con 280 páginas a color y distribución nacional e internacional. La publicación está dirigida a quienes se interesan por la fotografía, la historia, la cultura ferroviaria y los viajes.
Una historia que corre sobre rieles patagonicos
En Río Negro, el ferrocarril de la Línea Sur atraviesa 38 estaciones y apeaderos entre el océano Atlántico y la Cordillera de los Andes.
Para sus autores, ese recorrido no puede entenderse solamente como un trayecto ferroviario. «La historia de los pueblos de la región sur de Río Negro es inseparable de este ferrocarril«, sostienen.
Según explican, algunos pueblos lograron sobrevivir gracias a que el Estado provincial mantuvo en funcionamiento el Tren Patagónico después del cierre de otros ramales durante el proceso de privatizaciones de la década de 1990.

La relación entre el tren y las comunidades también aparece en pequeños episodios que muestran hasta qué punto el ferrocarril fue parte de la vida cotidiana de la Línea Sur.
Los autores recuerdan los vagones cisterna que transportaban agua dulce desde Valcheta, los trenes que llevaban leña durante los inviernos más duros, los servicios sanitarios y el trabajo generado alrededor del ferrocarril. «Pueblos que sobrevivieron gracias a aquellas arterias de acero«, resumen.
Por eso, aclaran, el proyecto no nació de una simple nostalgia por la época de Ferrocarriles Argentinos. Su mirada está puesta también en el presente y, sobre todo, en lo que podría ser el futuro del tren.
«Ya no podemos limitarnos a mantener»
Para Pablo y Pol, el debate ferroviario de 2026 debería ir más allá de conservar las vías y las formaciones existentes. «Ya no podemos limitarnos a mantener, podemos retomar la senda del desarrollo territorial, pero para eso es necesario expandir nuevamente el tren«, plantean.
En su mirada, el ferrocarril debería volver a formar parte de una planificación territorial que contemple conectividad, integración y desarrollo.
«Planificación, integración territorial y desarrollo a través de la mejora de la conectividad, con el ferrocarril como columna vertebral«, explican al pensar qué significa hoy hablar del tren como herramienta de desarrollo.
No se trata solamente de modernizar las formaciones o renovar las vías. También plantean recuperar conexiones y sumar nuevos puntos a la red.
La conexión con San Antonio Este
Entre las propuestas que destacan aparece una obra concreta, construir unos 25 kilómetros de vías para conectar el ferrocarril con el puerto de San Antonio Este.
Para los autores, ese pequeño tramo podría tener un impacto significativo porque permitiría dotar a la línea de conexión con un puerto de aguas profundas y, a través de otras redes, vincularla con el Alto Valle rionegrino y su producción frutícola de exportación.

Existe un proyecto más amplio, entre Choele Choel y San Antonio Este, que contempla unos 200 kilómetros de nuevas vías y un cruce sobre o bajo nivel en la Ruta 3. Pero consideran que llegar primero al puerto podría ser una alternativa más accesible.
«Puede ser una primera fase, mucho más económica y con resultados relativos en un plazo menor«, explican, al destacar que se trata de un tramo corto, en una zona plana de estepa y sin cruces de rutas, donde incluso parte del terraplén ya está iniciado.
La conexión también tendría, para ellos, un impacto turístico. «El atractivo de las playas blancas de SAE agregaría otro punto turístico a la línea», sostienen.
Volver a mirar hacia Buenos Aires
La expansión que imaginan no termina en San Antonio Este. También plantean recuperar la conexión ferroviaria de pasajeros con el área metropolitana de Buenos Aires, incluso con la posibilidad de realizar un transbordo en Viedma o Carmen de Patagones.
Para los autores, esa alternativa tendría un importante potencial turístico, al igual que una eventual conexión ferroviaria con los balnearios bonaerenses. Sin embargo, reconocen que hoy aparece como un escenario difícil debido al contexto de desinversión nacional.
Una «senda inconclusa»
El concepto de «retomar la senda inconclusa» atraviesa buena parte de la mirada que construyeron en el libro.
«Nos referimos a concretar la integración y desarrollo de la región patagónica, con el ferrocarril desempeñando un rol fundamental», explican.
Para ellos, ese objetivo quedó a mitad de camino décadas atrás y hoy, frente al deterioro de las rutas, existe incluso el riesgo de retroceder en materia de conectividad.
En el horizonte más lejano aparece una idea todavía mayor, un ferrocarril transpatagónico paralelo a la Ruta 3, que conecte el Tren Patagónico en San Antonio Oeste con el ferrocarril carbonero de Río Gallegos.
«Parece una utopía«, admiten, aunque inmediatamente lo plantean como un desafío que otros países lograron afrontar.
Un libro para mirar otra Patagonia
Línea Sur fue presentado en la 50° edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, a través del Fondo Editorial Rionegrino, en el stand del Ente Cultural Patagonia.
La publicación busca poner en valor un ferrocarril que sus autores consideran tan relevante como poco conocido fuera de la región. Su recorrido permite acercarse a paisajes alejados de los circuitos turísticos tradicionales y, al mismo tiempo, conocer historias y comunidades que forman parte de la identidad rionegrina.
Ahora buscan que todo ese trabajo no quede solamente como un registro histórico. «Nuestro deseo más profundo es que nuestra mirada hacia el pasado y el presente del Tren Patagónico constituya tan solo una punta de riel momentánea», dicen, antes de imaginar un futuro en el que vuelvan a tenderse vías para conectar a la Patagonia y al país.
Pablo Fontana y Pol Paola Fontana recorrieron durante casi dos décadas la Línea Sur para documentar en fotografías e historias el Tren Patagónico, sus pueblos y sus estaciones. El resultado es un libro bilingüe que busca mostrar el valor social, cultural y territorial de un ferrocarril que, aseguran, todavía tiene mucho por aportar.
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