Los colapsos de glaciares debido al cambio climático

En Argentina no hay sistemas de alerta temprana masivos o automatizados para prevenir el colapso repentino de glaciares y posibles aluviones.

Por Cristián Frers *

Inundaciones que arrasaron pueblos entre Nepal y el Tíbet. Foto: NA

Una gran masa de hielo colapsó en el Himalaya y desencadenó el aluvión que ha dejado al menos 162 muertos en Nepal, mientras cientos de personas siguen desaparecidas a ambos lados de la frontera con China. La clave para entender la magnitud de la tragedia está varios kilómetros por encima de las poblaciones arrasadas. 

El derrumbe glaciar movilizó agua, hielo, sedimentos y enormes cantidades de roca pendiente abajo, generando una avenida súbita extraordinariamente destructiva. No se trata, por tanto, de una inundación convencional: en las grandes crecidas de origen glaciar del Himalaya, el caudal máximo puede alcanzar magnitudes del orden de 15.600 metros cúbicos por segundo, según estimaciones científicas para eventos extremos con periodos de retorno de 100 años.

El desastre vuelve a colocar bajo los focos uno de los grandes riesgos de las montañas del mundo, entre ellas de la Argentina. El Himalaya se está calentando, los glaciares pierden masa y aparecen y crecen lagos donde antes predominaba el hielo. Pero el calentamiento global no funciona como un interruptor que provoque automáticamente cada aluvión: desprendimientos, lluvias monzónicas, avalanchas y la propia inestabilidad del terreno pueden proporcionar el empujón final.

Un colapso en un glaciar, también conocido como tsunami desde el cielo, se produce cuando grandes masas de hielo, nieve y rocas pierden su estabilidad y se desprenden de forma repentina debido al debilitamiento del terreno y al aumento de las temperaturas.

Mientras el mundo debate el cambio climático, los glaciares de Argentina muestran señales irrevocables de transformación. Especialistas detallan cómo su retroceso ya afecta el suministro de agua en regiones áridas, incrementa el riesgo de aluviones en la Patagonia y expone el abandono de su monitoreo. Una crisis que avanza sin que se vea. 

No se trata de una futura proyección científica, sino de un proceso que ya está en movimiento: desde las altas cumbres de Mendoza hasta los confines patagónicos, el hielo que parecía eterno se repliega año tras año, modificando para siempre el paisaje y la vida que depende de él. Argentina es uno de los países con más glaciares, con más de 16.000 cuerpos de hielo que actúan como reservas estratégicas de agua.

Este retroceso silencioso pero constante tiene consecuencias tangibles, generando una pérdida de un 36% más de hielo en la última década.  En el norte de la cordillera, donde el agua escasea, la pérdida de glaciares significa menos reservas para enfrentar las sequías, afectando a comunidades, agricultura y actividades productivas. Más al sur, en la Patagonia, el deshielo genera nuevos lagos e inestabiliza laderas, incrementando el riesgo de aluviones que amenazan localidades y rutas.

En el país no existen sistemas de alerta temprana masivos o automatizados para prevenir el colapso repentino de glaciares, sino que las tareas de prevención se centran en el monitoreo científico y la regulación legal de las actividades humanas

“Hay un claro abandono de la política climática a nivel nacional y, si bien hay casos donde los objetivos están cercanos al cumplimiento, no se observa que sea por una política dedicada a eso, sino porque menos consumo y producción significan menos emisiones”, indicó Mariano Villares, cofundador de Sustentabilidad sin Fronteras.

Ante el colapso de un glaciar en la región se deben esperar graves amenazas directas a la seguridad pública y alteraciones profundas en el suministro de agua potable y riego, debido al impacto de la crisis climática sobre los Andes. Las consecuencias varían según la región geográfica del colapso, norte, centro o Patagonia, y se dividen en impactos inmediatos a corto plazo y crisis estructurales a largo plazo

Muchas veces la falta de coordinación y de planificación de las acciones de los gobiernos han derivado en una total ineficiencia de sus políticas, y han significado, en las cuestiones de ambiente y de infraestructura la necesidad de volver al principio, a cero.

Se debe entender que el diseño e implementación de una política ambiental se erige como una condicionante importante para lograr la equidad, el desarrollo económico e indiscutiblemente, el cuidado del ambiente. Dicha política ambiental deberá reunir características de estabilidad a través del tiempo; consistencia con el desempeño institucional y general; y de consideración de las capacidades de liderazgo público y privado, así como de las condiciones económicas, políticas y sociales municipales. Aún más, el éxito de la gestión ambiental deberá fundarse en una clara definición de objetivos y prioridades que, además debe ser congruentes con las necesidades reales de la sociedad.

* Técnico Superior en Gestión Ambiental y Técnico Superior en Comunicación Social (periodista).


Inundaciones que arrasaron pueblos entre Nepal y el Tíbet. Foto: NA

Una gran masa de hielo colapsó en el Himalaya y desencadenó el aluvión que ha dejado al menos 162 muertos en Nepal, mientras cientos de personas siguen desaparecidas a ambos lados de la frontera con China. La clave para entender la magnitud de la tragedia está varios kilómetros por encima de las poblaciones arrasadas. 

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