46° Expo Rural de Choele Choel: Angus puso en pista el trabajo de la genética adaptada a la región
La jura de la raza Angus en la 46° Exposición Rural de Choele Choel dejó como eje el valor de una genética pensada para producir en ambientes exigentes. Para los criadores, detrás de cada premio hay años de selección y decisiones que recién se pueden evaluar con el tiempo. También apareció con fuerza el desafío de recuperar los rodeos luego de una etapa de sequía y volver a incorporar kilos y productividad a los campos de la región.
Jura de Angus en la 46° EXpo Rural de Choele Choel. Foto: Jorge Silva
La pista de Angus volvió a mostrar en Choele Choel algo que excede el resultado de una jura. Detrás de los animales premiados aparecen años de trabajo, selección genética, decisiones tomadas en los establecimientos y una búsqueda cada vez más enfocada en producir animales que puedan desenvolverse en las condiciones particulares de la Patagonia.
Para Federico Gilardi, de Cabaña Don Juan, los reconocimientos obtenidos en la exposición son, fundamentalmente, la consecuencia de un trabajo que no comienza en la pista sino mucho antes.
“Trabajamos todo el año para esto, y ya desde hace varios años”, dijo el cabañero a Río Negro Rural. Y remarcó que el resultado no es individual: “Es un logro de todos, de la familia, de los chicos que trabajan en el campo día a día”.
En ese proceso, la genética ocupa un lugar central. Gilardi señaló que las decisiones de selección se toman pensando en el ambiente donde deberán desenvolverse los animales y no solamente en su apariencia o en su desempeño dentro de una exposición.
“Buscamos tener una línea genética adaptada al campo, adaptada a la zona”, sostuvo. El objetivo es alcanzar un biotipo capaz de producir aun en condiciones difíciles, una característica que adquiere especial importancia en regiones donde el clima y la disponibilidad de recursos imponen límites concretos.
“Sobre todo, buscamos un biotipo de animal que produzca y que, en estos medios que nosotros tenemos, que son tan difíciles, pueda demostrar todo su valor”, explicó.
Años de decisiones que finalmente aparecen en la pista
Para una cabaña, un premio en una exposición puede representar la confirmación de que el camino elegido es el correcto. Pero esa evaluación, en realidad, se construye durante varios años.

La selección genética no ofrece resultados inmediatos. Las decisiones tomadas hoy pueden mostrar sus frutos tiempo después, cuando los animales llegan a la pista o, fundamentalmente, cuando esa genética se incorpora a los rodeos comerciales.
Gilardi explicó que en esas decisiones participan varias personas y que se trata de sostener una línea de trabajo en el tiempo. “Somos varios, varias cabezas que pensamos en esto, en las decisiones que tomamos”, señaló.
El concepto que atraviesa su planteo es la adaptación. En ambientes exigentes, la genética debe responder a una necesidad productiva concreta: animales que puedan transformar los recursos disponibles en kilos, fertilidad y producción.
Por eso, la exposición funciona también como una vidriera de ese trabajo. Allí se exhiben ejemplares que sintetizan una parte del camino recorrido por las cabañas, aunque el verdadero destino de esa genética está en los campos y en los rodeos que deben producir año tras año.
La exposición como vidriera para el productor
La presencia de las cabañas en las exposiciones tiene además una relación directa con la comercialización. Gilardi explicó que no todo lo que se produce puede ser llevado a pista y que los remates permiten poner a disposición de los productores diferentes líneas genéticas.

“La exposición es el lugar en el que vos mostrás tu producto y, de alguna manera, es una vidriera para tu propio remate”, definió.
En ese sentido, los remates de cabaña adquieren un papel importante dentro del proceso de mejoramiento de los rodeos. Permiten que la genética desarrollada durante años llegue a establecimientos que buscan incorporar características determinadas y mejorar sus propios índices productivos.
Gilardi destacó que actualmente trabajan junto a otra cabaña para realizar un remate en Río Colorado, con el objetivo de ofrecer animales que puedan transformarse en herramientas para los productores de la zona.
“Hay una cierta demanda de animales y una cierta calidad genética que tratamos de cubrir con estos remates”, explicó.
El propósito, agregó, es que esos animales sean herramientas “útiles, funcionales y productivas” para quienes necesitan reconstruir o mejorar sus rodeos.
Volver a poblar después de la sequía
Ese punto cobra especial relevancia en una región que todavía arrastra las consecuencias de una sequía importante.

La recomposición de los rodeos aparece como una de las necesidades del momento. Pero no se trata simplemente de sumar cantidad de animales. La oportunidad también está en incorporar genética que permita recuperar kilos, mejorar la productividad y fortalecer las características reproductivas de los rodeos.
“Venimos de una seca importante y ahora se vuelve a repoblar toda la zona, y qué mejor que meter genética”, sostuvo Gilardi.
La mirada está puesta en recuperar productividad. En ese proceso, explicó, existen distintas alternativas genéticas, pero es necesario establecer prioridades.
“Hay que recuperar kilos, aumentar kilos y hay que priorizar la fertilidad y la productividad sobre todas las cosas”, resumió.
El mercado pone el precio
La conversación sobre genética inevitablemente desemboca en otro de los temas centrales de las exposiciones: los valores de los reproductores.
Después de varias subastas y frente a la evolución de los precios observados en otros remates, Gilardi planteó una posición clara: el valor de un reproductor no debería ser determinado desde la cabaña, sino por el propio mercado.
“Yo creo que los valores los hace el mercado, los hacen los productores”, afirmó.
Desde esa perspectiva, el trabajo de la cabaña consiste en generar un producto que resulte atractivo para quien lo compra. “Nosotros tenemos que enfocarnos principalmente en la producción y mejora genética de nuestros animales para que el comprador vea algo atractivo y gaste con gusto”, sostuvo.
El planteo pone el foco en la relación entre calidad y demanda. Una cabaña puede desarrollar durante años una determinada línea genética, pero será finalmente el productor quien determine cuánto está dispuesto a pagar por incorporarla a su rodeo.
Gilardi también señaló que los productores tienen realidades económicas diferentes y que no corresponde a las cabañas establecer cuánto puede o debe gastar cada comprador.
Remates y mejoramiento genético
El circuito entre exposición y remate aparece así como una pieza más dentro de un proceso mayor de mejoramiento ganadero.
Para Gilardi, los remates particulares de las cabañas permiten sacar al mercado animales y líneas genéticas que no necesariamente tienen lugar en una exposición. “Las cabañas empiezan a trabajar, empiezan a hacer líneas genéticas, consistencia genética, y a veces todo lo que uno trabaja no lo puede vender en una exposición porque hay límites”, explicó.
Por eso, la pista es solamente una parte de la estrategia. El resto se completa en los remates y, posteriormente, en los establecimientos que incorporan esos reproductores.
El objetivo final es que la genética deje de ser solamente un atributo de un animal premiado y se transforme en producción concreta en el campo.
En el caso de Don Juan, además, los grandes campeones de esta exposición no serán puestos a la venta en la Expo. La apuesta está también en conservar determinados ejemplares dentro del programa genético de la cabaña, mientras otros reproductores encuentran destino comercial.
Un campo que todavía espera más agua
Desde la consignación de la 46° Expo Rural de Choele Choel, Leandro Monedero aportó otra mirada sobre el momento que atraviesa la ganadería regional. Su expectativa era encontrar en los remates valores similares a los registrados en las jornadas anteriores, con precios acordes tanto con los animales ofrecidos como con la situación productiva de la zona.
En este sentido indicó que el factor climático continúa siendo determinante.
Monedero señaló que, pese a algunas lluvias, el campo todavía no terminó de recuperarse y que durante el invierno no hubo suficiente agua. La expectativa estaba puesta en que las precipitaciones de septiembre y octubre permitan mejorar las condiciones de los establecimientos.
“Si llueve ahora, recupera bien el campo”, sintetizó.
La frase vuelve a colocar al clima en el centro de la escena. La recuperación de los rodeos, la incorporación de genética y el movimiento de los remates dependen también de que los campos puedan recuperar su capacidad productiva.
Una Angus cada vez más ligada a producir
La jura de Choele Choel dejó, de esta manera, algo más que una lista de animales premiados. La pista sirvió para mostrar el resultado visible de un trabajo silencioso que se desarrolla durante todo el año en las cabañas.
En ese camino, la selección genética, la adaptación, la fertilidad, la capacidad de producir kilos y la funcionalidad aparecen por encima de cualquier característica aislada.
El desafío para la ganadería regional es doble: recuperar los rodeos después de la sequía y hacerlo incorporando herramientas que permitan mejorar la productividad.
Las exposiciones cumplen en ese esquema una función concreta. Son vidriera, punto de encuentro y espacio para mostrar hacia dónde está orientada la selección de las cabañas. Después, serán los campos los que tendrán que confirmar el verdadero valor de esa genética.
Porque, como sintetizó Gilardi, el trabajo no termina con un premio. “La genética son decisiones que se van tomando con el tiempo y después se ven los frutos”.
Y en una región que busca volver a poblar sus campos, esos frutos deberán medirse, finalmente, en producción.
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La pista de Angus volvió a mostrar en Choele Choel algo que excede el resultado de una jura. Detrás de los animales premiados aparecen años de trabajo, selección genética, decisiones tomadas en los establecimientos y una búsqueda cada vez más enfocada en producir animales que puedan desenvolverse en las condiciones particulares de la Patagonia.
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