Novedad de octubre: Carla Maliandi publica “Hotel Cosmos”, una novela sobre el duelo y el misterio

En “Hotel Cosmos”, su tercera novela, la escritora argentina construye una búsqueda alrededor de un hombre que, después de la muerte de su esposa, encuentra una agenda con anotaciones que no logra descifrar. El escenario es Constitución y la pregunta, tan íntima como imposible, es cuánto podemos conocer realmente a la persona que amamos.

Redacción

Por Redacción

Un hombre pierde a su esposa de una manera absurda: Franca muere alcanzada por un rayo mientras está en la terraza de la casa que compartían. Después encuentra, casi por azar, una agenda de la mujer con una serie de anotaciones ambiguas. Entonces aparece una sospecha: tal vez ella atravesaba una crisis existencial y de fe de la que él nunca supo nada.

Ese es el punto de partida de “Hotel Cosmos”, la nueva novela de Carla Maliandi, que llega en octubre y se convierte en su tercer libro de ficción después de “La habitación alemana” (2017) y “La Estirpe” (2021).

El protagonista se instala en el Hotel Cosmos, en Constitución, y desde allí intenta reconstruir los pasos de Franca. Quiere saber qué significaban aquellas frases, si su esposa buscaba a Dios y, sobre todo, qué puede quedar por conocer de alguien cuando ya no es posible preguntarle nada.

Pero la novela no funciona como una investigación destinada a encontrar una respuesta. Maliandi construye, más bien, una búsqueda que se desvía, vuelve sobre sí misma y acumula preguntas. El narrador quiere ordenar los hechos, aunque el duelo, el egoísmo y sus propias zonas ciegas hacen que aquello que intenta explicar termine revelando algo de él mismo.

La muerte de Franca produce así un doble derrumbe. Está, por un lado, la ausencia concreta de la mujer. Pero también desaparece la versión de la vida compartida que el protagonista creía conocer. La agenda abre una grieta en esa historia: ¿quién era Franca cuando él no estaba? ¿Qué pensaba? ¿Qué buscaba? ¿Cuánto de una persona permanece necesariamente fuera del alcance de otra, incluso cuando existe amor?

“Es algo que sucede… a veces no conocemos realmente a las personas, ¿no?, incluso a las que más amamos”, dice el protagonista en la novela.


Un hotel en Constitución


La elección del barrio no es accidental. Constitución aparece lejos de cualquier postal idealizada: la estación, las calles, los hoteles, las iglesias, los motores, las terrazas. Es un territorio concreto, atravesado por ruidos y movimientos, en el que la búsqueda de Dios adquiere una dimensión casi paradójica.

“¿Y por qué no buscar a Dios en Constitución?”, se pregunta Maliandi. Si creyera en Dios, explica, le gustaría imaginar que preferiría aquello que nadie mira. Ese cruce entre lo celestial y lo terrestre atraviesa el libro. El propio título reúne los dos extremos: un hotel reconocible, una habitación provisoria y un barrio de Buenos Aires frente a la idea del cosmos, ese orden total que los personajes apenas pueden intuir.

La novela trabaja también con algo tan concreto como el sonido. Hay motores, órganos, equipos de filmación y sonido, aparatos de aire. El origen de la escritura estuvo, justamente, en un ruido.

“Más que una imagen disparadora fue una frecuencia la que dirigió la escritura”, contó Maliandi. Frente a su casa, un motor insistía día y noche. Ese zumbido, que al principio era apenas una molestia, fue adquiriendo para la autora la forma de una ausencia y de un duelo. “Escribir Hotel Cosmos en ese sentido fue más un ejercicio de atención antes que de invención”, explica.

El motor y el órgano de una iglesia se convierten entonces en dos caras de una misma cuestión. Ambos convierten el aire en sonido, pero uno aparece como una molestia cotidiana y el otro como una forma de consuelo. En la novela, cuando la fe de la organista comienza a tambalear, el instrumento deja de sonar como aquello que debería ser y revela sus tubos, su aire, su materialidad. Lo que antes podía escucharse como música religiosa aparece entonces como ruido.

La pregunta por la fe no queda separada de la pregunta por la materia. Pensar y creer, propone Maliandi, son maneras de intentar entender aquello que quizás no pide ser entendido.


Una voz que no aprende


El narrador de “Hotel Cosmos” tampoco ofrece una mirada completamente confiable. Cuenta todo lo que el lector conoce, pero no necesariamente comprende aquello que cuenta. Sus repeticiones, desplazamientos y contradicciones permiten percibir algo que él mismo no alcanza a reconocer.

Maliandi decidió no darle una transformación convencional.

“No me interesó darle una curva de aprendizaje al narrador”, explica. Le interesaba explorar la idea de que nunca se aprende de una vez y para siempre, de que se vuelve a tropezar con la misma piedra.

Por eso la estructura de la novela avanza mediante repeticiones y desvíos. El protagonista vuelve una y otra vez sobre Franca, cuenta casi lo mismo y, en ese “casi”, aparece una diferencia. La búsqueda no conduce a una revelación definitiva sino a una forma de perplejidad. “Cada vez que me siento a escribir vuelvo a no saber”, dice Maliandi.

Esa incertidumbre también conecta “Hotel Cosmos” con sus novelas anteriores. La autora reconoce entre los tres libros un elemento común: la perplejidad. En esta nueva novela, esa perplejidad se convierte en una historia de duelo y de investigación imposible, pero también en una pregunta sobre los límites del conocimiento y de la intimidad.


Un hombre pierde a su esposa de una manera absurda: Franca muere alcanzada por un rayo mientras está en la terraza de la casa que compartían. Después encuentra, casi por azar, una agenda de la mujer con una serie de anotaciones ambiguas. Entonces aparece una sospecha: tal vez ella atravesaba una crisis existencial y de fe de la que él nunca supo nada.

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