“Descubrí mi propósito”: tras perder hectáreas de nogales, Virginia plantó un cultivo inusual y transformó su chacra en la Patagonia
Lo que comenzó como una búsqueda de alternativas para una pequeña familia productora del Alto Valle terminó dando lugar a una propuesta que integra almendros, procesamiento propio, venta directa, servicios para terceros y aprovechamiento de los residuos. Hoy el emprendimiento llega con sus productos a distintos puntos del país.
La chacra también se abre al turismo rural, como una experiencia para conocer de cerca la producción de almendras y el trabajo cotidiano del establecimiento. Foto: Flor Salto.
“Los tiempos de la naturaleza son mucho más extensos”, explicó Virginia de Jong, productora de frutos secos en el Alto Valle. Su historia con las almendras comenzó después de que los nogales que había plantado su familia murieran por las condiciones del suelo. Cambió de cultivo, volvió a plantar y esperó. Hoy, esa chacra no solo produce almendras: también las procesa, las fracciona y las comercializa desde la Patagonia a todo el país.
La intención era encontrar una producción que les permitiera tener mayor control sobre la comercialización, en un contexto en el que, según Virginia, los productores muchas veces quedaban condicionados por la forma en que podían vender su cosecha. Después de asesorarse, eligieron los frutos secos y plantaron casi cinco hectáreas de nogales en Cipolletti, cerca de la Isla Jordán. Pero cuatro años después, casi toda la plantación había muerto. “Nosotros tenemos napas muy superficiales y la raíz del nogal es muy profunda”, explicó Virginia.

Algunos ejemplares sobrevivientes fueron sometidos a pruebas de injerto, pero la familia terminó reconvirtiendo la superficie. En 2007 comenzaron a plantar los primeros cuadros de almendros. Hoy tienen casi cinco hectáreas con unos 5.000 almendros y unos 200 nogales, mientras que en otra chacra ubicada en Vista Alegre, Neuquén, sumaron otras seis hectáreas. Trabajan principalmente con las variedades Guara y Marinada, en sistemas de plantación en espaldera y en copa.
En números
- 11 hectáreas
- tiene actualmente en producción Nogallia, cinco en Cipolletti y seis en Neuquén.
Los almendros también requirieron una estrategia de adaptación. Virginia explicó que son árboles injertados sobre durazneros, con portainjertos Nemaguard o Nemared. El portainjerto permite una mejor adaptación al suelo, mientras que el injerto aporta las características productivas de la variedad. La poda, además, busca dirigir la energía del árbol hacia la producción de fruta.
De los nogales muertos a las almendras: la historia de una chacra que volvió a empezar en el Alto Valle

La reconversión volvió a exigir paciencia. “A partir del cuarto año recién empezamos a vender el mínimo de fruta”, contó Virginia. Alrededor del sexto año, explicó, el cuadro puede convertirse en una unidad productiva que ayude al sustento familiar. Además, “la comercialización es un factor sensible en el productor”, porque “hay que dedicarle tiempo” y desarrollar una estrategia.
La familia comenzó vendiendo por boca en boca y Facebook y luego amplió sus canales. Actualmente comercializa a través de Mercado Libre y venta directa, con clientes de distintos puntos del país. “Tenemos la aspiración de llegar a todos los rincones de la Argentina y que el consumidor final acceda a un producto de calidad y fresco”, señaló.
“Los tiempos de la naturaleza son mucho más extensos. Es mucha paciencia, mucho cuidado, mucho mimo a los árboles. No es para gente impaciente»,
Virginia de Jong, productora de frutos secos del Alto Valle.
La producción está condicionada por las características del Alto Valle, entre ellas la presencia de cotorras y las heladas. Como referencia, Virginia señaló que 2.000 kilos de almendras por hectárea al año son un rendimiento aspiracional para la zona. En España, en cambio, una hectárea puede alcanzar entre 3.000 y 3.500 kilos.
El trabajo también se extiende al suelo. Entre las hileras de los almendros experimentan desde hace tres o cuatro años con vicia, una pastura con alta concentración de nitrógeno, y también con trigo sarraceno. La búsqueda es sumar materia orgánica, mejorar la nutrición de los árboles y generar mayor diversidad en el suelo.
De casi cinco hectáreas de almendros a una planta que procesa 5.000 kilos de frutos secos por semana
El proyecto creció hasta convertirse también en un servicio para otros productores. Nogallia procesa nueces, almendras y algunas avellanas de establecimientos de la zona, además de su propia producción. “Nosotros acá hacemos fraccionamiento, limpieza de los frutos de ellos y para nosotros”, explicó Virginia.

La planta procesa alrededor de 5.000 kilos de frutos secos por semana. En la almendra, aproximadamente el 70% corresponde a cáscara, mientras que el equipo puede seleccionar unos 200 kilos diarios de pepita. En la nuez, el rendimiento de pepita ronda el 40%.
Parte de esa producción se transforma en harinas con y sin piel, mixes y garrapiñadas. En el proceso también buscan conservar los aceites naturales de la almendra. “Lo que buscamos es generar producto de calidad para el consumidor final”, explicó.
El equipo combina familiares y trabajadores especializados en producción, procesamiento y comercialización. Ana Lía participa de la elaboración de harina y el exfoliado de las almendras, Luzmila trabaja con los clientes y Tayli, formada en administración, colabora en los análisis y la toma de decisiones.
Tecnología, energía solar y nuevos usos para los residuos de la producción de almendras
Junto al INTI, Tadeo modificó una máquina fabricada en Córdoba. Tras las mejoras, el rendimiento pasó, según Virginia, de alrededor del 50% al 70% y luego al 85-90%. La capacidad llega a unos 1.000 kilos diarios de almendras, 1.000 de avellanas y 600 de nueces. También mejoraron las mesas de selección, la extracción de polvo y la reducción del ruido. Markdown pegado
Este año sumaron además de 34 paneles solares para abastecer parte de las máquinas. Entre ellas está la garrapiñera, que puede elaborar hasta 40 kilos por tanda y requiere una importante disponibilidad de energía.

La búsqueda de aprovechamiento alcanza incluso a la piel de la almendra. Actualmente realizan ensayos para evaluar si puede utilizarse para nutrir el suelo, mientras que las cáscaras se entregan a vecinos o se utilizan en caminos.
El último desafío está en convertir esos residuos en nuevos productos. Desarrollan una máquina para transformar las cáscaras en pellets para calefacción, con la idea de avanzar incluso hacia estufas de bajo costo. “Es un desperdicio que debería volver a generar algo”, sostuvo Virginia.
Después de aquella primera apuesta que terminó con los nogales muertos, la reconversión terminó convirtiéndose en algo más que una alternativa productiva. “Yo disfruto todo el proceso. Yo descubrí mi propósito acá”, afirmó Virginia.
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“Los tiempos de la naturaleza son mucho más extensos”, explicó Virginia de Jong, productora de frutos secos en el Alto Valle. Su historia con las almendras comenzó después de que los nogales que había plantado su familia murieran por las condiciones del suelo. Cambió de cultivo, volvió a plantar y esperó. Hoy, esa chacra no solo produce almendras: también las procesa, las fracciona y las comercializa desde la Patagonia a todo el país.
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