Rumbo a BioArgentina 2026: investigaba erizos de mar y terminó creando una empresa que exporta al mundo

Tamara Rubilar, investigadora del Conicet, desarrolló suplementos dietéticos a partir de moléculas presentes en erizos de mar de la Patagonia. La búsqueda comenzó por una enfermedad de su hijo. Hoy produce en Puerto Madryn, exporta a España y Estados Unidos y compartirá su experiencia el 11 de noviembre en Bariloche.

Por Natalia López

Tamara Rubilar, investigadora del Conicet, transformó sus estudios sobre los erizos de mar de la Patagonia en una empresa biotecnológica que exporta sus productos al mundo.

Tamara Rubilar, investigadora del Conicet, transformó sus estudios sobre los erizos de mar de la Patagonia en una empresa biotecnológica que exporta sus productos al mundo.

Durante años, Tamara Rubilar estudió los erizos de mar de la Patagonia para extraer moléculas de interés científico. En el laboratorio había unos pigmentos que molestaban durante el proceso y terminaban en la basura. Nunca imaginó que esos mismos compuestos serían el punto de partida de una investigación que cambiaría su vida y que, tiempo después, daría origen a una empresa biotecnológica. «Yo soy investigadora del Conicet y a mí lo que me pasó es que la vida se me atravesó en mi vida científica», contó la doctora en Biología durante una entrevista con RN Radio.

Su segundo hijo había nacido con una enfermedad autoinmune poco frecuente. Los médicos le indicaron un tratamiento, pero también le advirtieron sobre las posibles consecuencias que tendría a lo largo de su vida. Rubilar comenzó entonces a buscar alternativas desde el conocimiento que había acumulado como científica.

Hoy, 15 años después, aquel trabajo se convirtió en una empresa de base tecnológica que elabora cuatro suplementos dietéticos, exporta a España y Estados Unidos y acaba de ampliar su planta de producción en Puerto Madryn. Rubilar será una de las protagonistas de BioArgentina 2026, el encuentro que se realizará el 11 de noviembre en Bariloche y que por primera vez llegará a la Patagonia.

El descubrimiento que comenzó con un correo electrónico


Rubilar había dedicado buena parte de su carrera al estudio de moléculas marinas, especialmente los ácidos grasos omega 3. Durante ese trabajo aparecían unos pigmentos de los erizos de mar que no resultaban útiles para lo que investigaban. «Había unos polifenoles, unos pigmentos que nos molestaban y los tirábamos a la basura», recordó.

La posibilidad de aprovecharlos surgió cuando un colega brasileño le envió un trabajo científico realizado por investigadores rusos. El mensaje tenía un asunto que le llamó la atención: «Tamara, esto es para vos». Los científicos estudiaban una molécula presente en los erizos de mar, sobre la que existían antecedentes de investigación relacionados con la inflamación y el sistema inmunológico.

Rubilar comenzó a relacionar esa información con los conocimientos que había adquirido en su laboratorio. Se comunicó con los investigadores rusos y les envió muestras de los erizos patagónicos para comprobar si contenían la misma molécula. «Imaginate, unimos Patagonia con Siberia», contó.

Los análisis confirmaron que trabajaban con el mismo compuesto. A partir de allí comenzó a explorar sus posibles aplicaciones. En su casa preparó lo que llamaban un «juguito de erizo de mar» para su hijo. Según relató, durante los meses siguientes observó mejoras progresivas en algunos de sus síntomas. Esa experiencia familiar la impulsó a continuar investigando, aunque por sí sola no constituye evidencia clínica de eficacia.

Su marido fue quien la alentó a pensar más allá de su familia. «Esto no puede solo servirle a él, Tamara. Fijate cómo podés hacer para que esto sirva a los otros», le dijo. Pero llevar la idea al laboratorio tampoco fue sencillo.

«Tuve que superar un montón de autoprejuicios. Tenía miedo de presentarlo en mi equipo científico y que me dijeran: ‘Tamara, estás loca'», reconoció. Algunos colegas dudaron de la propuesta. Otros decidieron acompañarla y terminaron formando parte del equipo que desarrolló la biotecnología.

De los erizos de mar a cuatro productos


El proyecto fue creciendo hasta convertirse en una empresa de base tecnológica que utiliza moléculas obtenidas de erizos de mar para elaborar suplementos dietéticos. Rubilar explicó que actualmente comercializan cuatro formulaciones diferentes, desarrolladas con distintos objetivos. Entre ellas hay productos elaborados a partir de espinocromas, compuestos presentes en los pigmentos de estos animales marinos, y una formulación de omega 3.

Los erizos de mar patagónicos contienen moléculas conocidas como espinocromas, que despertaron el interés científico por sus propiedades antioxidantes.

Durante la entrevista insistió en una distinción importante: son suplementos dietéticos de venta libre, no medicamentos ni tratamientos para curar enfermedades. Describió distintas aplicaciones que estudian para sus formulaciones, especialmente vinculadas con procesos celulares e inflamatorios. Sin embargo, los beneficios clínicos específicos requieren evidencia que no puede establecerse únicamente a partir de su testimonio.

Lo que comenzó como una investigación de laboratorio también fue tomando forma comercial. Los productos se venden a través de canales digitales y farmacias, y la empresa trabaja para ampliar su presencia en distintos puntos del país. Según Rubilar, el crecimiento de la demanda se aceleró durante los últimos meses, especialmente después de que su historia alcanzara mayor difusión nacional.

Una empresa que crece sin irse de Puerto Madryn


Uno de los aspectos que Rubilar destaca de su experiencia es haber podido desarrollar la empresa en la misma ciudad donde comenzó la investigación. «Desde una ciudad patagónica podemos hacer un producto de principio a fin», señaló.

3. Lo que comenzó como una búsqueda personal para mejorar la calidad de vida de su hijo se convirtió en un desarrollo biotecnológico que hoy se produce íntegramente en Puerto Madryn.

En Puerto Madryn se realiza el proceso de elaboración y envasado de los suplementos. Desde allí salen los productos destinados al mercado argentino y a las exportaciones. El crecimiento llevó a la empresa a ampliar recientemente su planta en 150 metros cuadrados. Además, durante los últimos seis meses duplicó la cantidad de trabajadores, según contó la investigadora.

Para Rubilar, generar empleo local es uno de los resultados más importantes de la iniciativa. No se trata solamente de desarrollar una tecnología, sino también de demostrar que una empresa científica puede producir y crecer desde la Patagonia. La experiencia tiene otra particularidad: surgió de una investigación realizada en el sistema científico público.

Cómo se vinculan el Conicet y la empresa


Rubilar sigue siendo investigadora del Conicet. Mantiene proyectos científicos, dirige becarios y participa en la formación de nuevos profesionales. La tecnología desarrollada se utiliza mediante un sistema de licenciamiento, por el cual la empresa paga por su uso. «Esto genera también ese círculo virtuoso, donde vuelve dinero a la ciencia pública», explicó.

La empresa fundada por Rubilar cuenta con cuatro suplementos dietéticos, exporta a España y Estados Unidos y recientemente amplió su planta de producción. Su experiencia será presentada en BioArgentina 2026, en Bariloche.

El mecanismo permite que conocimientos producidos en instituciones científicas puedan convertirse en desarrollos comerciales y, al mismo tiempo, generar recursos para el sistema de investigación. Rubilar considera importante que los jóvenes conozcan estas posibilidades. Durante mucho tiempo, señaló, no resultaba tan sencillo imaginar que una investigación pudiera transformarse en una empresa. «Creo que es importante que las nuevas generaciones vean también este otro aspecto de la ciencia», sostuvo.

La biotecnología también tiene futuro en la Patagonia


El 11 de noviembre, Rubilar compartirá su experiencia en BioArgentina 2026, el encuentro organizado por la Cámara Argentina de Biotecnología (CAB), que se realizará en el Sheraton Hotel de Bariloche. La jornada reunirá a investigadores, empresas, emprendedores y representantes del sector productivo para intercambiar experiencias y generar nuevos vínculos.

Rubilar destacó que será la primera vez que BioArgentina se realice en la Patagonia, una región que, según consideró, atraviesa importantes transformaciones económicas. En ese escenario, cree que la biotecnología puede abrir nuevas oportunidades, incluso en actividades que tradicionalmente no se relacionan con las ciencias biológicas. «La biotecnología puede jugar un rol en esos desarrollos también», afirmó. Por eso invitó a estudiantes, profesionales, investigadores y empresarios a participar de la jornada.

Su propia experiencia es uno de los ejemplos que llegarán a Bariloche: una investigación que comenzó con los erizos de mar, atravesó laboratorios de la Patagonia y Siberia y terminó convertida en una empresa que produce, exporta y genera trabajo desde Puerto Madryn.

BioArgentina 2026 en Bariloche: cómo participar


BioArgentina es el encuentro anual organizado por la Cámara Argentina de Biotecnología. En su 13ª edición se realizará el 11 de noviembre en el Sheraton Hotel Bariloche, bajo el lema Conocimiento que crea valor.

La programación incluirá paneles, experiencias de empresas de base científica y BioRondas, reuniones destinadas a conectar investigadores, emprendedores y representantes del sector productivo. La participación es gratuita, con inscripción previa y cupos limitados en www.bioargentina.com.ar.


Durante años, Tamara Rubilar estudió los erizos de mar de la Patagonia para extraer moléculas de interés científico. En el laboratorio había unos pigmentos que molestaban durante el proceso y terminaban en la basura. Nunca imaginó que esos mismos compuestos serían el punto de partida de una investigación que cambiaría su vida y que, tiempo después, daría origen a una empresa biotecnológica. "Yo soy investigadora del Conicet y a mí lo que me pasó es que la vida se me atravesó en mi vida científica", contó la doctora en Biología durante una entrevista con RN Radio.

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