“Para manejar YPF

Salvia asegura que la presidenta hace de los recursos públicos una “utilización patrimonialista”: los asume como propios sin acreditarles una pertenencia general.

Redacción

Por Redacción

entrevista: gabriel Salvia, analista político

–En uno de sus trabajos sobre el tema energético, concretamente el que realizó con Verónica Repond, se señala que el “criterio político militante” con que se mueve el sistema de decisión del gobierno nacional puede jugar en contra de un buen manejo de YPF, dado que todo poder a la hora de decidir milita en función de convicciones, ideologías, cultura. ¿Qué alcance tiene aquí lo de “militante”?

–Con esa formulación definimos las características que tienen muchas de las decisiones de la presidenta Cristina. En línea con toda una cultura que germina en el gobierno de Néstor Kirchner y hace de los recursos públicos lo que nosotros definimos como “utilización patrimonialista”: los asume como propios, no les acredita una pertenencia general de los argentinos. Es en ese marco que apelamos a la formulación de “criterio político militante” para definir cómo se priorizan las designaciones para cargos técnicos en empresas, organismos estatales. Un criterio que hace también a otras características de este sistema de decisión: cuentas oscuras, jamás explicadas. Transparencia, concretamente … definida decisión por evitar controles legitimados institucionalmente. Es por estas razones y otras concurrentes que el discurso desde el cual el gobierno defendió y defiende lo decidido sobre YPF está plagado de contradicciones y, de frente a la historia, la expropiación a Repsol-YPF mereció instalarse en un debate más amplio, más intenso, como lo fue en el marco del Parlamento lo sucedido con la privatización dos décadas atrás. Pero ahora fue como fue. Ahora, roguemos para que no manejen YPF con “criterio político militante”.

–Pero ahora el gobierno no tenía todo el tiempo. Andrés Velasco, exministro de Economía de Michelle Bachelet, sostiene que desde hace más de diez años la Argentina viene haciendo “una verdadera chapuza con su sector energético”…

–Sí, está bien, no tenía tiempo. Pero por culpa del gobierno. No leyó realidades, se “protegió” en un autismo que también tiene que ver con lo de “criterio político militante”… reflexionar la “realidad” desde la no realidad. Si el gobierno hubiese leído correctamente lo que se instalaba y crecía en términos de problema energético, seguramente su decisión hubiese tenido un trámite más sustancioso.

–¿El trámite de privatización de YPF fue más limpio que el trámite de la expropiación de Repsol-YPF?

–Vayamos por parte. Los procesos de privatización alentados e implementados por Carlos Menem presidente estuvieron muy salpicados de sospechas de corrupción, una cuestión que sin embargo por algún tiempo pareció, al menos eso dice una lectura de la historia, no restar respaldo de la sociedad y del establishment económico y otros factores de poder. No olvidemos que fue reelegido en el 95. Pero también es cierto que, a la larga, todo el desapego que él mostraba por las obligaciones ajustadas a derecho es posible que se le convirtiera en un bumerán. Pero esto es un tema abierto, a investigar. No se puede olvidar, además, la responsabilidad que tuvieron todos los sectores políticos que respaldaron la reforma de la Constitución nacional en el 94. Ése fue un apoyo fundamental para seguir respaldando lo que se denominó “la continuidad y profundización de las reformas pro mercado”, a las cuales era consustancial el proceso de privatización. Pero, volviendo a su pregunta, sí: ese proceso está bajo sospecha de corrupción. ¿Cómo olvidar, por caso, el “diputrucho” con que el menemismo logró quórum en la Cámara de Diputados y así liberar la aprobación del proyecto? Un hecho vergonzoso que, como decimos con Verónica Repond en nuestro trabajo, fue un “fiel reflejo de hasta dónde estaba dispuesto a llegar el menemismo para aprobar las leyes”. También es cierto que el debate por las privatizaciones se dio en un marco nacional, político en términos de ideas, diferente del actual.

–¿Ese cambio hace a cómo nos referenciamos los argentinos con el funcionamiento del sistema económico?

–En todo caso, a ideas predominantes, o imaginarios. Hoy hay mayor adhesión a que el Estado asuma, despliegue mayor intervención en la economía. Nosotros señalamos en nuestro trabajo que las presidenciales del 2011 es posible que, historia mediante, deban ser reflexionadas desde la óptica de la economía, como ausente de candidatos con ideas, convicciones sólidamente expresadas, fundamentadas, a favor de la economía de mercado o, si quiere, de pro mercado. En términos de porcentaje de votos, esta ausencia está muy expresada: Cristina, Hermes Binner y Ricardo Alfonsín, distantes de respaldar al mercado, lograron el 85% de los sufragios. Es más, analizado el tema desde la perspectiva electoral, la última vez que el respaldo al mercado como regulador del sistema económico se manifestó en términos importantes fue en las presidenciales del 2003, cuando entre Menem y Ricardo López Murphy lograron el 40% de los votos. El aplastamiento de las ideas pro mercado favorece, claro, los proyectos del gobierno.

–¿Qué lleva al gobierno a comparar lo que va a hacer con YPF con lo que hace Noruega con Statoil, su empresa de hidrocarburos?

–Bueno, en esto debemos apelar nuevamente al “criterio político militante”, el creer que basta con la voluntad. Mire, yo he estudiado bien, muy bien, el perfil de Statoil. Mi conclusión es producto de la reflexión y está escrita. El kirchnerismo no es un sistema de poder capaz de darle a YPF el funcionamiento, la gestión que define a Statoil. La diferencia estalla cuando uno lee –por caso– el Código de Conducta de la empresa, donde las exigencias éticas, de valores, la formación de sus empleados en materia de anticorrupción, en el manejo abierto de la información, la obligación permanente de realizar informes contables, las garantías que se dan a los “securities”, a la presencia de las acciones de la empresa en las bolsas de valores, son de un carácter firme, obligatorio. Es apasionante desmenuzar lo que es Statoil como estructura técnica, humana. Hoy está en 37 países y tiene 21.330 empleados. Es una manifestación de cultura, de interés del conjunto social, de respeto por la moneda, por el tributo, por el impuesto que pertenece a una cultura muy ajena a la nuestra. Eso es Statoil.

(*) Gabriel Salvia es

director general del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (Cadal)

Carlos Torrengo

carlostorrengo@hotmail.com


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