China busca dar un nuevo impulso a su economía
Alarmada por los poco halagüeños pronósticos para su economía, China está poniendo en marcha gigantescos proyectos de inversión con sumas multimillonarias para dar un nuevo impulso al crecimiento. La producción industrial ha caído en niveles que no se veían en los últimos tres años y la mala evolución del comercio exterior, que continuó en agosto, confirma una vez más que la locomotora asiática está perdiendo vapor. Además, la mala coyuntura llega en un incómodo momento político, pues en el congreso de octubre el Partido Comunista chino tiene previsto completar su cambio generacional. Y a la nueva cúpula de Pekín, con el actual vicepresidente Xi Jinping a la cabeza, le espera una difícil herencia. Pero para que el futuro pinte un poco más rosa, la poderosa Comisión de Desarrollo y Reformas lleva días aprobando un proyecto tras otro. Así, en las últimas semanas se han aprobado 25 proyectos de ferrocarril para 18 ciudades, con un desembolso de 800.000 millones de yuanes. Después se dio luz verde a la construcción de 2.000 kilómetros de autopistas y carreteras, para los que según el diario “Diyi Caijing Ribao” se han puesto sobre la mesa más de un billón de yuanes. En total, el periódico calcula una inversión en torno a los 250.000 millones de euros (323.000 dólares). Pero hay más: también hay previstos nuevos puertos, depuradoras y centros de gestión de residuos, sin que se haya anunciado el monto de la inversión. Con 14.000 millones de yuanes (1.700 millones de euros), el gobierno pretende además promover el desarrollo informático, de compresores, bombas de agua y transformadores que ahorren energía, como anunció el Ministerio de Finanzas. Todas estas inyecciones de capital se suman a la relajación de la política monetaria, para la que ahora hay más espacio tras el retroceso de la elevada inflación. El banco central ha reducido los tipos de interés en dos ocasiones este año y los requisitos de reservas mínimas de capital en los bancos bajaron tres veces. Sin embargo, el crecimiento podría volver a caer en el tercer trimestre. Las estimaciones hablan sólo de entre un 7,1 y un 7,3% y, aunque son porcentajes con los que soñarían los países más industrializados, para uno emergente no es tanto. El descenso de la demanda de productos “made in China” por la crisis de la deuda en Europa y la coyuntura estadounidense podría situar el crecimiento anual en China en un 7,5% o menos. Y cifras así no se veían en el gigante asiático desde hace más de diez años. Resulta interesante que estas ayudas coyunturales se estén dando a conocer por partes. Y es que hay críticos que temen malversación, corrupción y nuevos peligros crediticios para los gobiernos locales, como los que se produjeron con el desembolso del primer programa coyuntural tras la crisis financiera global del 2008. “Las provincias occidentales, comparablemente más pobres, podrían recibir apoyo de los presupuestos centrales, pero la mayoría de gobiernos locales tendrá que pagar sus facturas para estos proyectos”, dice Zhang Hanya, investigador del instituto de inversión NDRC, citado por la agencia estatal de noticias Xinhua. En este sentido, los gobiernos locales carecen ahora de una importante fuente de ingresos: la venta de terrenos. Y es que, por temor a un sobrecalentamiento, el gobierno central ha puesto cerco al mercado inmobiliario y el negocio está paralizado.
Andreas Landwehr DPA
Alarmada por los poco halagüeños pronósticos para su economía, China está poniendo en marcha gigantescos proyectos de inversión con sumas multimillonarias para dar un nuevo impulso al crecimiento. La producción industrial ha caído en niveles que no se veían en los últimos tres años y la mala evolución del comercio exterior, que continuó en agosto, confirma una vez más que la locomotora asiática está perdiendo vapor. Además, la mala coyuntura llega en un incómodo momento político, pues en el congreso de octubre el Partido Comunista chino tiene previsto completar su cambio generacional. Y a la nueva cúpula de Pekín, con el actual vicepresidente Xi Jinping a la cabeza, le espera una difícil herencia. Pero para que el futuro pinte un poco más rosa, la poderosa Comisión de Desarrollo y Reformas lleva días aprobando un proyecto tras otro. Así, en las últimas semanas se han aprobado 25 proyectos de ferrocarril para 18 ciudades, con un desembolso de 800.000 millones de yuanes. Después se dio luz verde a la construcción de 2.000 kilómetros de autopistas y carreteras, para los que según el diario “Diyi Caijing Ribao” se han puesto sobre la mesa más de un billón de yuanes. En total, el periódico calcula una inversión en torno a los 250.000 millones de euros (323.000 dólares). Pero hay más: también hay previstos nuevos puertos, depuradoras y centros de gestión de residuos, sin que se haya anunciado el monto de la inversión. Con 14.000 millones de yuanes (1.700 millones de euros), el gobierno pretende además promover el desarrollo informático, de compresores, bombas de agua y transformadores que ahorren energía, como anunció el Ministerio de Finanzas. Todas estas inyecciones de capital se suman a la relajación de la política monetaria, para la que ahora hay más espacio tras el retroceso de la elevada inflación. El banco central ha reducido los tipos de interés en dos ocasiones este año y los requisitos de reservas mínimas de capital en los bancos bajaron tres veces. Sin embargo, el crecimiento podría volver a caer en el tercer trimestre. Las estimaciones hablan sólo de entre un 7,1 y un 7,3% y, aunque son porcentajes con los que soñarían los países más industrializados, para uno emergente no es tanto. El descenso de la demanda de productos “made in China” por la crisis de la deuda en Europa y la coyuntura estadounidense podría situar el crecimiento anual en China en un 7,5% o menos. Y cifras así no se veían en el gigante asiático desde hace más de diez años. Resulta interesante que estas ayudas coyunturales se estén dando a conocer por partes. Y es que hay críticos que temen malversación, corrupción y nuevos peligros crediticios para los gobiernos locales, como los que se produjeron con el desembolso del primer programa coyuntural tras la crisis financiera global del 2008. “Las provincias occidentales, comparablemente más pobres, podrían recibir apoyo de los presupuestos centrales, pero la mayoría de gobiernos locales tendrá que pagar sus facturas para estos proyectos”, dice Zhang Hanya, investigador del instituto de inversión NDRC, citado por la agencia estatal de noticias Xinhua. En este sentido, los gobiernos locales carecen ahora de una importante fuente de ingresos: la venta de terrenos. Y es que, por temor a un sobrecalentamiento, el gobierno central ha puesto cerco al mercado inmobiliario y el negocio está paralizado.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora