Malas señales para invertir

Redacción

Por Redacción

El gobierno en pleno salió a desafiar al mundo de los negocios señalando que la economía en la Argentina tiene un solo idioma y es aquel que se habla en la Casa Rosada. Todo el mundo está equivocado, menos la administración Kirchner. Desde el exterior y desde el ámbito local, el gobierno quiere fijar una agenda contraria a lo que el mundo de los negocios necesita para invertir. Tanto la presidenta como los miembros del equipo económico y algunos dirigentes oficialistas intentaron vanamente cruzar a todo aquel que piense diferente, a veces negando la realidad, otras simplemente queriendo imponer el poder. Desde Washington, la jefa del Estado intentó minimizar lo que para todo el país es una crisis inflacionaria. Y a pesar de su esfuerzo, la realidad es otra. “Si la inflación fuera del 25%, el país estallaría por el aire”, lanzó la presidenta desde la capital norteamericana, para luego respaldar al Indec y acusar a los Estados Unidos de falsedad estadística. Cabe preguntarse entonces si el país estalló o no. ¿La sangrienta ola criminal que cruza toda la Nación, la instalación de nuevas y más extensas villas miserias o la pérdida de miles de puestos de trabajo no podrían considerarse señales de un país que estalló? ¿Son éstos síntomas de un estallido con manifestaciones diversas, o es que hay que esperar una reacción en cadena que se torne insostenible? Si la respuesta oficial para enfrentar la inflación es la negación, y en todo caso una mayor intervención en la economía, entonces las condiciones para la inversión se tornarán inaccesibles. El presidente de la Comisión de Presupuesto, Roberto Feletti, anticipó que se va a mantener el cepo al dólar hasta que el peso sea una moneda de reserva. ¿Por qué el peso no es valor de reserva? Simplemente porque el gobierno emite pesos sin respaldo, lo cual genera inflación y por lo tanto los agentes económicos rechazan la moneda mala como reserva y la usan sólo para intercambio de bienes. Para valor de reserva, los agentes económicos prefieren monedas o valores fuertes que no estén sometidos a manoseos políticos. También desde la conducción económica se intentó fijar la posición oficial a rajatabla. El viceministro de Economía, Axel Kicillof, admitió al presentar el presupuesto 2013 que se han tomado medidas duras para no perder las conquistas. El funcionario no especificó cuáles fueron esas conquistas, porque desde que la presidenta inició su segundo mandato, hasta ahora, lo que se contabilizan son pérdidas en la mayoría de los sectores económicos del país. Lo más curioso es que, lejos de intentar una reflexión o un cambio de rumbo frente al descontento popular o los reclamos de los sectores económicos, el gobierno ratifica el rumbo y apuesta a más de lo mismo: déficit fiscal, atraso en los pagos a proveedores y exportadores, financiamiento vía jubilados o BCRA y la continuidad de subsidios y prebendas por doquier sin importar la eficiencia en la aplicación de los recursos. El ministro de Economía, Hernán Lorenzino, aseguró que no se utilizarán las reservas para financiar gasto corriente. Sin embargo, el gobierno obliga al Banco Central a transferir adelantos transitorios que nunca son reintegrados o las ganancias del BCRA por aplicación de las reservas, que luego son utilizados para financiar la maquinaria del gasto público. Esos fondos tomados son recursos que el gobierno prefirió no ahorrar y así aplicarlos a gastar más. Con la modificación de la Carta Orgánica del Banco Central, el gobierno abrió la ventanilla para obtener una refinanciación automática del gasto público, que es completada con emisión monetaria espuria. La deuda que el Tesoro asumió con el BCRA representa varias veces el patrimonio neto de la entidad y se transforma en impagable toda vez que las letras que emite el Tesoro por los fondos tomados del Central no tienen cotización de mercado y son contabilizadas por dicho banco a su valor nominal. En un contexto donde el poder político niega la inflación, revaloriza el fraude estadístico y amenaza con más intervencionismo y con minar el valor de la moneda, las condiciones para invertir en la Argentina se esfuman. (*) Analista internacional

MIGUEL ÁNGEL ROUCO (*)


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