El relato único, en el lugar de la política

En torno a la causa Clarín, deberá ser la política la que destrabe el asunto ante posiciones irreductibles.

Redacción

Por Redacción

Hugo E. Grimaldi DyN

La intolerancia ambiente no ha dejado en la última semana títere con cabeza. El desafío permanente que ha recreado el cristikirchnerismo en estos días desde que Hugo Chávez volvió a darle aire se nutre no sólo de exacerbar la búsqueda de enemigos sino también de evitar de modo consciente toda negociación política. Los consensos no existen, ya que el círculo de conducción se hace cada vez más estrecho. Desde la vereda de enfrente tampoco las cosas son color de rosa, ya que los opositores, los políticos en primera línea y aun los que son imaginados o se difunden como tales desde el gobierno para colgarles el cartel de “destituyentes” en su impotencia ya no confían más en llegar a acuerdos razonables con el oficialismo, hablan de “autoritarismo” y se repliegan casi siempre sin disparar ninguna idea-fuerza, salvo acusaciones de la peor laya. Mientras la presidenta ha dicho que desea vivir “en un país donde las leyes sean iguales para todos”, se supone que democrático y plural, lo sucedido frente al Consejo de la Magistratura el jueves no es nada más ni nada menos que una postal del país real, donde la exaltación se hace presente a cada rato y divide sin miramientos, ya que el mundo K cree que las leyes son sólo las que le convienen e impone, mientras que la oposición cierra filas para refutar todo lo que provenga del oficialismo. Esa tarde, representantes de dos asociaciones de abogados antikirchneristas y los jóvenes de La Cámpora estuvieron a punto de trenzarse en la calle, replicando las miserias que dentro del edificio estaban ejecutando todos los consejeros y hasta el ministro de Justicia, Julio Alak, quienes se tiraban irresponsablemente con la lista de jueces alineándolos, en sus acusaciones de parcialidad, siempre en el bando contrario. Mientras los opositores buscaban revisar una vez más los concursos para elevar las ternas de magistrados al Ejecutivo, sobre todo en el juzgado que deberá fallar sobre la ley de Medios, los oficialistas recusaban a los subrogantes y se quejaban públicamente del “bloqueo” en las designaciones de “jueces de la Constitución”, aunque lo real es que democráticamente no tienen los dos tercios necesarios para imponer su voluntad. Mal que le pese al oficialismo, en este tema la oposición parece haber ganado un round, porque es tal la encerrona de todos que, aunque no guste, deberá ser la política la que destrabe el asunto ante posiciones tan irreductibles, salvo que no se lo quiera hacer para que la causa Clarín llegue sin fallo de fondo al 7 de diciembre para que así no se promuevan apelaciones que dilaten la pretensión del gobierno.

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