Desafiantes de Cristina Kirchner

Los políticos que quedaron desacomodados con el 8N tomaron nota del malestar.

Redacción

Por Redacción

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Siempre es mejor tener expectativas moderadas. Cuando las esperanzas, aun las legítimas, caen en la desmesura, la frustración puede tornarse profunda e irreparable si no se consiguen resultados en forma más o menos inmediata. Un cúmulo de reclamos e interrogantes quedó en la superficie tras la difícil de empardar manifestación ciudadana del 8N, convocada por las redes de internet al margen de organizaciones políticas, sociales y sindicales. Nadie dejó de tomar nota. La presidenta Cristina Fernández, firme en la defensa del proyecto kirchnerista, fue suavizando su discurso hasta exaltar, con datos del Banco Mundial, el crecimiento de la clase media desde el 2003 y tomar medidas para tratar de descomprimir otros escenarios revueltos. Por caso, en vísperas del paro con piquetes al que llamaron para el martes Hugo Moyano, de la CGT Azopardo; Hugo Micheli, de la CTA, y Luis Barrionuevo, de los gastronómicos, anunció que no pagarán Ganancias este fin de año los trabajadores que perciban un medio aguinaldo con sueldos inferiores a 25.000 pesos. Además, empezó a establecer con los sindicalistas “responsables” que encabeza el oficialista Antonio Caló un mecanismo de negociación para dar forma a un nuevo esquema de descuentos el año próximo para los empleados de la cuarta categoría en relación de dependencia. También recompuso la relación con el gobernador de Santa Fe, Antonio Bonfatti, luego de la acusación de “narcosocialista” lanzada por el camporista diputado Andrés “Cuervo” Larroque y se presentó como una movediza promotora de obras públicas. Por el lado de la oposición, dando un gran vuelco, el jefe de Gobierno porteño informó que se hará cargo de los subterráneos. “No había más margen. Si quiere ser presidente tendrá que mostrarse cada vez más activo, no eludir los desafíos y salir a recoger voluntades en todo el país”, sintetizó ante “Río Negro” un colaborador que lo anima a la confrontación, en contra de lo que opina el gurú ecuatoriano Jaime Durán Barba. Pero es en la ciudadela del peronismo, al darse por hecho que el 8N cerró cualquier posibilidad re-reeleccionista, donde bullen las ambiciones de mando. Este diario, en su columna de la semana pasada, se refirió a las estrategias, entre otros, de Daniel Scioli, Sergio Mazza y Roberto Lavagna, al que algunos tientan con volver a hacerse cargo de las finanzas en un hipotético gobierno justicialista a partir del 2015. A ellos deben sumarse todos los gobernadores del PJ, aunque del numeroso lote sobresale el cordobés José Manuel de la Sota, quien el jueves, durante un acto en la planta fabril de Renault, levantó su voz para pedir ser recibido por Cristina. Provocó el enojo y la partida anticipada de la ministra Débora Giorgi, cuando propuso la eliminación del Impuesto a las Ganancias. El secretario general de Smata, Ricardo Pignanelli, se le acercó y le reprochó en el oído su atrevimiento. Luego, en una solicitada, lo llamó “mezquino, cobarde, manipulador” y le enrostró haber convertido ese escenario en su lanzamiento electoral. Antes, el kirchnerismo en bloque salió a pegarle y el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, consideró que le había tendido “una emboscada” a Giorgi. Adalid del cordobesismo, De la Sota, quien durante el conflicto con el campo en el 2008 se volcó hacia la Mesa de Enlace agropecuaria y descalificó por “estalinista” a la conducción K, esta vez volvió a sentenciar que si bien estaba dispuesto a debatir y alcanzar un acuerdo, le parecía “imposible entablar un diálogo con los fanáticos”. No hay retorno en el vínculo Cristina-De la Sota. Y esa circunstancia será aprovechada por otros, ora peronistas disidentes, ora mandatarios que se atreven a resistir la verticalidad a ultranza, como el santacruceño Daniel Peralta. El viernes, en Río Gallegos, boicoteó un acto con la presidenta porque no recibió una disculpa luego de que desde la Secretaría de Seguridad de la Nación se lo acusara de ser “el jefe de una banda de espías”. Algunos estrategas de la Rosada, abocados al 7D y a respaldar a Martín Sabbatella, del Afsca, en su ofensiva por la ley de medios audiovisuales, parecen darle aliento a De la Sota para catapultarse y competir, en una franja de centroderecha, con dirigentes como Scioli y Macri mientras ellos construyen una sucesión K sin Cristina a la cabeza, por ahora invisible. El fin de año llega cargado de enfrentamientos. El director del diario “La Nación”, Bartolomé Mitre, se quejó en un reportaje a la revista brasileña “Veja” de “la dictadura de los votos” y afirmó que este gobierno “es una versión espantosa de populismo”. Por su parte, el CEO de “Clarín”, Héctor Magnetto, en una reunión de directorio, señaló a su grupo de empresas como “la piedra en el zapato a este Estado de excepcionalidad”. Y afirmó (también en sintonía con gran parte de los manifestantes del 8N) que será “un límite para la difusión acrítica de un relato en el que las grietas e inconsistencias son cada vez más visibles”.

ARNALDO PAGANETTi arnaldopaganetti@rionegro.com.ar


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