“El kirchnerismo está en crisis, pero ‘no fue’”
El legislador cree que es posible derrotar el gobierno en las parlamentarias vía una oposición que, lejos de formar alianzas, se organice alrededor de consensos sobre políticas públicas a plasmar si obtiene el triunfo.
entrevista: Gerardo Milman, diputado nacional por el GEN
Carlos Torrengo carlostorrengo@hotmail.com
–¿Qué son las parlamentarias de este año en relación al futuro institucional del país en términos de poder? –Es la posibilidad de que millones de argentinos frenen el proyecto de re-reelección que acuña el kirchnerismo. –¿Muy convencido de que buscarán la re-reelección? ¿Le basta con lo que dice en esa línea el propio kirchnerismo? –En relación a lo primero, absolutamente. En cuanto a lo segundo, no se trata de lo que dicen los kirchneristas desde el verticalismo que profesa a la presidenta. Se trata de que el proyecto de re-reelección hace a la lógica, a la naturaleza populista en que vertebra el kirchnerismo su poder. Es decir: es consustancial con lo que están haciendo con el país y aspiran a seguir haciendo desde la simbiosis populismo-autoritarismo. Este ideario requiere, en su práctica, de un vértice de poder que ordene, mande y verticalice. –Siguiendo este razonamiento, ¿es entonces un equívoco sostener que el proyecto de re-reelección se explica por el lado de que el kirchnerismo no tiene reemplazo para Cristina? –Es una mirada. Pero sucede que ella cierra su esencia desde la lógica ideológica misma del proyecto. Hay que meterse en él, reflexionarlo, estudiarlo. El kirchnerismo no es un proceso rápido, fácil, del que uno diga “ya fue”. Está en crisis, pero “no fue”. –¿Será esa la razón por la cual atrapa tanto a las ciencias sociales? Más de 150 libros, ensayos, 600 tesis universitarias, 280 trabajos en el plano académico extranjero… –Estoy probado en oposición a este modelo tanto desde la militancia como desde mi gestión parlamentaria, por razones que hacen, sin duda, al motivo para estudiar la naturaleza y objetivos del kirchnerismo. Una de esas razones es el cambio radical de la sociedad al que apuestan. Pueden ser y son torpes en los procedimientos, por supuesto, cuestión que en todo caso no les inquieta. Desdeñan todo lo que obliga al poder desde lo institucional. Pero se mueven desde una filosofía que apunta a mudanzas muy profundas en el esquema del poder social, político y económico: un cambio radical que requiere de permanencia en el poder ejercido con creciente autoritarismo. Cambio que abreva en mucho de un ideólogo: Ernesto Laclau. –Eso implica buscar los extremos. En consecuencia, computar la posibilidad de fracturas y de alimentar contradicciones… –Si usted cree que le temen a esos procesos, se equivoca. No ejercen el poder y buscan reproducirlo a partir de cuidarse de los costos, nada de eso. Que esto es temerario, es otra cuestión. Acá no estamos reflexionando sobre lo que debería ser, sino sobre lo que es. En línea a esto hay que reflexionar el tratamiento que le dan a la clase media, en la que el kirchnerismo parece decidido a no referenciarse en absoluto. La prueba está en que al tocar el dólar le tocan sus ahorros. Porque, sin abrir valoraciones, este sector, cuando ahorra, lo hace en dólares. Es una realidad. Y al kirchnerismo no le interesan los reclamos por la inflación, la seguridad o el bajo nivel de la educación. Si estas negaciones no son parte de una práctica o política orientada a incentivar la fractura social, bueno, no sé qué son. De todas maneras, en tanto poder, el kirchnerismo comienza a estar filtrado por debilidades, fundamentalmente por lo que ha sido una de sus vigas para ejercer y reproducir poder: el consumo. –¿No es muy reduccionista hacer jugar a una sola variable la suerte de un proceso político aún con mucho poder? –No estoy haciendo eso. Este proceso siempre fundó su poder en las posibilidades que generó a lo que suele llamarse “la casa por dentro”: el mejoramiento de la calidad de vida de la familia vía el consumo –plasma, como suele sintetizarse–. También en ese espacio operó desde la disminución del desempleo. Pero ahora, en “esa casa adentro” la plata no alcanza y está acechada por el desempleo y el empleo precario. Esto por un lado. Por el otro, cuando se sale del adentro de esa casa y se va al afuera, hay otra realidad cruda: la inseguridad, la precariedad del sistema educativo y la inflación. Le doy un dato: a poco andar el kirchnerismo en el gobierno, el Salario Vital y Móvil se cubría con un billete de 100 pesos con la cara de Roca y otro de 50 pesos. Hoy, requiere más de dos docenas de billetes de 100 pesos. Estas filtraciones de debilidades –o en todo caso de realidades– son las que están minando al kirchnerismo. –¿Tienen peso como para llevarlo a la derrota en las parlamentarias? –Hacen a esa cuestión, abonan. No es todo claro. Resta un compromiso amplio y generoso en ideas que cohesione a la oposición. –Pero usted no participa de la creación de un frente opositor. –Es cierto. No desde cohesionarnos en una alianza o frente electoral. No es el camino. No se puede juntar el agua y el aceite en política, los argentinos tenemos memoria de cómo terminan esas convergencias. Hay diferencias ideológicas, de cultura, de reflexionar la política, de historias que hacen a cada partido, que merecen ser respetadas. No todo es igual. Pero esto no implica cerrarse a acuerdos. Yo trabajo en esa dirección: consensuar desde la oposición un conjunto de políticas públicas a alentar si se logra la mayoría en el Parlamento, un compromiso a respetar sobre los temas que más inquietan al conjunto de la sociedad: inflación, trabajo, educación, inseguridad. Y si se gana, hacer de ese compromiso un tema para el 2015. La democracia no exige juntarse sí o sí para enfrentar un bloque de poder. Lo que reclama es consensos de cara a problemas. Tampoco reclama el bipartidismo para ser eficiente. Lo que sí reclama son, en todo caso, fuerzas bien definidas de cara a la complejidad del mundo de hoy. Requiere, por ejemplo, que desde la oposición se deje en claro que no hay ni habrá desviaciones populistas, que el populismo se lo quede el kirchnerismo y sus aliados. –¿Cómo trabajar el conurbano para mellar el poder del kirchnerismo? –Desde ideas, explicando cuál es el futuro que nos espera como sociedad si el populismo sigue dominando la escena. Nada de voluntarismo: ideas claras, precisas. No irse por las ramas, no dejar que el personalismo y lo estéril caractericen el discurso de la oposición. Porque ahí, en el conurbano, con 10 millones de habitantes en menos del 1 % del territorio nacional, están los cientos de miles de seres de esa “casa adentro” que ya sienten la crisis, que son blanco del narcotráfico o la inseguridad. ¿Por qué no creer que hay miles de seres cansados de que el clientelismo los siga humillando y sólo tengan como futuro vivir de ese clientelismo? ¿Por qué?
entrevista: Gerardo Milman, diputado nacional por el GEN
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