Hollywood tiembla ante Seth MacFarlane
Aunque el creador de “Padre de familia” resulte impredecible, los organizadores de la ceremonia de los Oscar quieren atraer el público joven y se jugaron por él.
Las estrellas de Hollywood ensayan ya la sonrisa forzada que pondrán en caso de que Seth MacFarlane, el presentador de la gala de los Oscar, los elija como blanco de sus corrosivas bromas. “No se va a contener, nadie está a salvo”, avisó el actor Mark Wahlberg, al que el polifacético MacFarlane, de 39 años, dirigió en la irreverente “Ted”. “No tiene filtro”, agregó Wahlberg. Los actores y actrices vivirán no sólo los nervios de saber si ganan o no una estatuilla, sino también la tensión de estar en el punto de mira de MacFarlane, capaz de lanzar los ataques más cáusticos con una sonrisa. Así lo hace desde hace años en la exitosa serie de animación “Padre de familia”, que en la comparación deja a “Los Simpsons” en un programa infantil. La corrección política es un concepto que no tiene significado para MacFarlane, cuyo humor no respeta religiones, países, culturas ni personajes. “Es dulce, pero no le importa nada, ataca a todos”, añadió Wahlberg. La Academia, obviamente, sabía lo que hacía al contratarlo. Durante la corta presentación de nominados en enero ya dio muestras de lo que se verá hoy. Al dar paso a una coproducción de Alemania y Austria, lanzó: “La última vez que esos países coprodujeron algo fue Hitler”. Un anticipo. “Me dieron el trabajo porque el resto dijo no”, afirmó MacFarlane, que reveló que Alec Baldwin o Whoopi Goldberg rechazaron una misión normalmente desagradecida y criticada por todos. Puede que no fuera la primera opción, pero MacFarlane es el elegido y tiene la misión de hacer la gala más entretenida dejando a un lado el humor amable de Billy Crystal y los experimentos de Hugh Jackman o el errado tándem de James Franco y Anne Hathaway. MacFarlane es humorista, creador, guionista, músico y pone voz a algunas de las animaciones, como el caso del oso Ted en la película. Desde hace un tiempo se ha puesto también delante de la cámara con el mismo éxito que detrás. “Es inteligente, tiene talento, es ingenioso, sabe cantar y bailar”, lo alabó Wahlberg, que admite que verá la gala esperando que en cualquier momento caiga una bomba. Los productores del show, Craig Zadan y Neil Meron, han dado carta blanca al presentador. “No habrá un botón rojo. Seth es Seth y así lo queremos”, dijeron. “Aporta mucha energía, un sentido actual”, aseguró Paul Lee, jefe de programación de la cadena ABC, que retransmite la gala. Lee quiere atraer al público más joven a un show destinado tradicionalmente a los adultos. La ABC quiere entretener más allá de que se hayan visto o no las películas. Y los adolescentes, buenos seguidores de “Padre de familia” o “American Dad”, quizás vean la gala sólo por McFarlane. “Veremos unos Oscar muy entretenidos”, prometió Lee. Grandes logros conllevan grandes riesgos y es posible que mañana se hable tanto de “Argo”, de “Lincoln” y de Daniel Day-Lewis como de MacFarlane. El cáustico MacFarlane está en escena. Absténganse oídos sensibles o amantes de la corrección política. El presentador no va a ser un anfitrión cómodo.
Las estrellas de Hollywood ensayan ya la sonrisa forzada que pondrán en caso de que Seth MacFarlane, el presentador de la gala de los Oscar, los elija como blanco de sus corrosivas bromas. “No se va a contener, nadie está a salvo”, avisó el actor Mark Wahlberg, al que el polifacético MacFarlane, de 39 años, dirigió en la irreverente “Ted”. “No tiene filtro”, agregó Wahlberg. Los actores y actrices vivirán no sólo los nervios de saber si ganan o no una estatuilla, sino también la tensión de estar en el punto de mira de MacFarlane, capaz de lanzar los ataques más cáusticos con una sonrisa. Así lo hace desde hace años en la exitosa serie de animación “Padre de familia”, que en la comparación deja a “Los Simpsons” en un programa infantil. La corrección política es un concepto que no tiene significado para MacFarlane, cuyo humor no respeta religiones, países, culturas ni personajes. “Es dulce, pero no le importa nada, ataca a todos”, añadió Wahlberg. La Academia, obviamente, sabía lo que hacía al contratarlo. Durante la corta presentación de nominados en enero ya dio muestras de lo que se verá hoy. Al dar paso a una coproducción de Alemania y Austria, lanzó: “La última vez que esos países coprodujeron algo fue Hitler”. Un anticipo. “Me dieron el trabajo porque el resto dijo no”, afirmó MacFarlane, que reveló que Alec Baldwin o Whoopi Goldberg rechazaron una misión normalmente desagradecida y criticada por todos. Puede que no fuera la primera opción, pero MacFarlane es el elegido y tiene la misión de hacer la gala más entretenida dejando a un lado el humor amable de Billy Crystal y los experimentos de Hugh Jackman o el errado tándem de James Franco y Anne Hathaway. MacFarlane es humorista, creador, guionista, músico y pone voz a algunas de las animaciones, como el caso del oso Ted en la película. Desde hace un tiempo se ha puesto también delante de la cámara con el mismo éxito que detrás. “Es inteligente, tiene talento, es ingenioso, sabe cantar y bailar”, lo alabó Wahlberg, que admite que verá la gala esperando que en cualquier momento caiga una bomba. Los productores del show, Craig Zadan y Neil Meron, han dado carta blanca al presentador. “No habrá un botón rojo. Seth es Seth y así lo queremos”, dijeron. “Aporta mucha energía, un sentido actual”, aseguró Paul Lee, jefe de programación de la cadena ABC, que retransmite la gala. Lee quiere atraer al público más joven a un show destinado tradicionalmente a los adultos. La ABC quiere entretener más allá de que se hayan visto o no las películas. Y los adolescentes, buenos seguidores de “Padre de familia” o “American Dad”, quizás vean la gala sólo por McFarlane. “Veremos unos Oscar muy entretenidos”, prometió Lee. Grandes logros conllevan grandes riesgos y es posible que mañana se hable tanto de “Argo”, de “Lincoln” y de Daniel Day-Lewis como de MacFarlane. El cáustico MacFarlane está en escena. Absténganse oídos sensibles o amantes de la corrección política. El presentador no va a ser un anfitrión cómodo.
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