“El gobierno muestra una baja
Convencido de que el sistema de decisiónkirchnerista funciona bajo dictados de mucha rusticidad, Todesca estima que la economía argentina marcha hacia una inevitable devaluación, cuyo porcentaje no puede precisar.
entrevista: Jorge Todesca, economista
carlos torrengo
carlostorrengo@hotmail.com
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–¿Qué es en esencia el kirchnerismo en materia económica?
–Le cambio el tiempo del verbo, hablemos de lo que fue: un proceso sustentado en dos vigas que alentaron el crecimiento, superávit fiscal y externo. No más. Eso le posibilitó al gobierno hablar de modelo. Pero desde hace tiempo esas vigas están muy fisuradas.
–Broda suele insistir en sus columnas, en sus declaraciones, en que lo extraña a Néstor Kirchner. ¿Usted también lo extraña?
–Cuando referencio el presente económico con aquel tiempo, debo reconocer que él tenía muy en claro la implicancia que tiene el fenómeno fiscal, el cuidado, la dedicación que merece el tema fiscal. No fue poco, por supuesto, máxime ante el drenaje de recursos que tenemos hoy. No fue poco tener 52.000 millones de dólares de reserva, hoy podados a 41.0000. Pero esto no le corre a Néstor Kirchner de sus responsabilidades en el estilo con que el kirchnerismo ejerce el poder: confrontación in eterno, autoritarismo, personalismo…
–¿Qué reemplazó al personalismo con que él monitoreó la economía?
–Nada. Desde la conducción del sistema de decisión del Estado sobre la economía no hay ninguna identidad concreta. El ministro de Economía brilla por su ausencia en el sistema de decisión, donde generalmente todo pasa por el secretario de Comercio Moreno… Kicillof, que habla de esto o aquello… Marcó del Pont, que emite y emite. Pero en términos bien tangibles, no hay un plano orgánico, identificado, que hable de manejo de ideas, argumentación, debate interno, consulta, valoración, decisión. ¡De esto, nada! Sólo un sistema cerrado, de pocos y que define siempre desde el convencimiento de actuar en consonancia con la realidad.
–La década kirchnerista, en tanto fenómeno muy intenso, activo y etc., etc., está dando mucho que hablar a las ciencias sociales. Seduce estudiarlo. Aun admitiendo que quizá no se pueda homologar toda la década igual, ¿hay algo del kirchnerismo que le llama particularmente la atención?
–Hay una, digamos, una particularidad muy acentuada en los últimos años: la rusticidad con que reflexionan la política, la economía, la realidad…
–Pero rusticidad hace a la naturaleza de una cultura, de visiones. ¿Habla de equívocos?
–No, no… el equívoco en todo caso es puntual e incluso lo que interpretamos como tal está abierto a miradas, esquemas de pensamiento. Digo rusticidad en el sentido de los condicionamientos intelectuales, formativos con que gestionan muchos planos del gobierno nacional. Planos de muy baja calidad de trámite intelectual para definir políticas, gente muy limitada para ampliar los marcos de reflexión, manejar ideas, dudas, certidumbres… es decir la organización en el plano de las ideas de lo que hacen.
–En zaga a esta opinión, ¿hay que incorporar el concepto de patología?
–No sé…
–Bueno, la psiquiatría amaga con convertirse en una ciencia auxiliar indispensable para leer la política, que como señaló hace horas el expresidente chileno Lagos ha dejado de ser lo que entendíamos por política.
–Y es posible que debamos apelar por lo menos a la psicología social. Pero mire: cuando un gobierno se refugia en el convencimiento y la explicación de que las realidades adversas que enfrenta son hijas dilectas de las más siniestras conspiraciones… bueno, ahí hay déficit de pensamiento, de realismo.
–Pero esto no parece explicar cuestiones muy tangibles. Tomando una década como referencia, Chávez sólo habló once veces de la inflación venezolana, que es alta. La misma conducta sigue aquí la presidenta en el mismo tema. Pero ese esquive es respaldado desde lo técnico por algunos sectores. ¿Cómo se puede pensar que la inflación no es un problema?
–Toca un tema muy interesante que hay que seguirlo. Están surgiendo líneas de pensamiento a escala internacional, convencidas de que los equilibrios macroeconómicos que definen una economía fuerte, sana, no tienen importancia a la hora de implementar políticas activas destinadas a mejorar la distribución. Es como que se quisiera refundar el funcionamiento del sistema económico vía nuevas formas de capitalismo…
–Pero sin neutros, el valor de la moneda, la emisión monetaria, etc., etc., ¿qué se alimenta?
–Lo que se está alimentando aquí: la desconfianza creciente por parte de la sociedad. Se está perdiendo empleo y la inflación está y está. Y retorna el miedo sobre cómo seguirán los días por venir… Estamos ante inflación alta, crece la parálisis productiva y vamos hacia una devaluación que no sé de cuánto será.
–¿Será?
–Será.
–Referenciándonos en la historia, referencia, no comparación con otros procesos económicos, ¿hay algo en común con esta situación?
–Sí, el estado defensivo. La política económica entró en esa etapa que es una constante del manejo de la economía argentina, cuando un proceso ingresa en agotamiento. Acá están agotadas las vías por las cuales creció la economía durante varios años: el superávit fiscal y externo. ¿Qué respuesta instrumenta el gobierno? Apela a los mismos instrumentos a que otros gobiernos apelaron en situación análoga: precios máximos que, cuando fracasan en la práctica objetiva, cotidiana, se transforman en congelamiento; emisión monetaria para “asumir” el déficit fiscal, control de cambios y más y más de lo conocido… Mientras se expanden los desequilibrios macroeconómicos a los cuales, desde la rusticidad de la que hablamos, el gobierno no reflexiona como problemas. Busca acortar brechas, no lo logra.
–¿Qué hacer?
–Generar confianza a partir del reconocimiento de lo crítico de la situación. Y esto pasa, entre otras variables, con un Estado que gaste menos, revisar toda la política de subsidios, que están en el orden de los 99.000 millones de pesos, meter mano en la crisis energética… dejarse de retar al país que no piensa como el gobierno, hablarles a todos los argentinos sin convertir a unos enemigos de los otros.
–¿Lo puede hacer la presidenta?
–Le corresponde. No usar la cadena nacional –como he escrito recientemente – para admoniciones… No importa el uso de la cadena, lo que importa son las presentaciones que ella pone en cadena, donde siempre aparece enojada, hablando desde la verdad cuando lo que tiene que hacer es hablar serenamente, asesorada desde la sinceridad no desde la obediencia a rajatabla, sin marcar con el dedo a nadie
–Insisto, ¿lo hará?
–Es un año electoral, saque sus conclusiones…
entrevista: Jorge Todesca, economista
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