Las cosas en su sitio
Análisis
Aleardo F. Laría
“La decisión que tomó la cámara hoy fue uno más de los tantos disparates jurídicos y si Susana Freydoz se muere ellos son los responsables. Los tres jueces que la condenaron hicieron ejercicio abusivo del derecho”. Estas palabras fueron pronunciadas por el abogado de Susana Freydoz y son fruto, probablemente, de la conmoción del momento. Sin embargo, como los jueces que tomaron la decisión de trasladarla a una prisión no pueden, sin perder su imparcialidad, responder a esas críticas, corresponde a otros observadores poner las cosas en su sitio. No existe, en el terreno legal, una disposición que obligue a los jueces a situar en establecimientos hospitalarios a penados que muestran predisposición al suicidio. Es más, dada las circunstancias que han rodeado el caso, todo apunta a pensar que si Susana Freydoz hubiera estado alojada en un establecimiento penal no hubiera podido hacerse con la cantidad de ansiolíticos que acumuló secretamente en la habitación del hospital en que se encontraba. De acuerdo a esos resultados, para una persona de sus características y en resguardo de su integridad, era más indicada una prisión que un hospital en el que no se aplican las medidas de seguridad habituales en los establecimientos carcelarios. En el trasfondo de esta larga batalla por evitar que Freydoz sea trasladada a una cárcel subyace el deplorable estado de nuestros establecimientos penales. Si las cárceles ofrecieran las condiciones de habitabilidad –hablando siempre en términos comparativos– que ofrece actualmente un hospital público, es probable que esta polémica no se hubiera presentado. El estado en que se encuentran las prisiones es vergonzoso, y el principal responsable es un gobierno que se ufana en la defensa retórica de los derechos humanos y en la práctica no hace lo suficiente para resolver este grave problema. Pero de esta situación no hagamos responsables a los jueces, que se han limitado a aplicar la ley, y que tampoco pueden hacerse cargo de los comportamientos reactivos de las personas que se consideran que por su posición social no merecen entrar en una cárcel.
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