Colombia: ¿tiene Santos asegurada su reelección?
Juan Manuel Santos, el presidente de Colombia, procura ahora –como suele normalmente suceder con casi todos los políticos– obtener su reelección. Hasta el momento había tan sólo un candidato adicional que lucía capaz de poder pujar seriamente contra él. Esto es, con posibilidades reales de éxito. Particularmente, cuando en el dilatado y complejo proceso de paz que Colombia negocia con las FARC se acaba de alcanzar el primer acuerdo concreto, aquel que tiene que ver con el tema de la tierra rural, lo que supone un paso adelante, pese a que el final del proceso de paz no está ciertamente asegurado, ni luce necesariamente cercano. Me refiero a Germán Vargas Llera, que hasta ahora se desempeñara como ministro de Vivienda de Santos. Como Vargas Llera acaba de aceptar presidir la “Fundación buen gobierno”, que estará explícitamente dedicada a promover la reelección de Santos, parece evidente que al menos ese buen candidato alternativo no le hará frente, esta vez. No sería, sin embargo, nada raro que Vargas Llera fuera candidato presidencial luego de que Santos haya agotado sus propias posibilidades de retener la presidencia de su país. Y que, en ese cuadro, Juan Manuel Santos termine entonces apoyándolo. Sería un clásico negocio político. El del tradicional “quid pro quo”. Esto pese a que nada está definitivamente asegurado para Santos, que debe competir el año próximo y ganar. Lo que dependerá naturalmente de la marcha de la economía, que ahora se está desacelerando un poco, con el desempleo en torno a un persistente 10%, y ciertamente también del final del proceso de paz antes referido que, si resulta exitoso, seguramente significaría la posible reelección de Santos. Aunque lo cierto sea que suscribirlo no alcanza, desde que, en su caso, habrá que demostrar que funciona y que, además, se mantiene estable en el tiempo. Lo que no dependerá solamente de Santos. Ni de su gobierno. Serán importantes la actitud de la contraparte; la de las víctimas de la guerrilla y la aceptación que el acuerdo finalmente reciba de la mayoría de los ciudadanos cuando, por ejemplo –pese a las promesas del presidente en el sentido de que esto no ocurrirá– se enfrenten con una eventual concesión de impunidad para los responsables de los crímenes aberrantes cometidos por las FARC contra decenas de miles de civiles colombianos, absolutamente inocentes. Nada fácil. Pero hay que intentarlo, ciertamente. En ese escenario, con esas serias incertidumbres, el presidente Juan Manuel Santos parecería –no obstante– comenzar a tener una posibilidad concreta de obtener un segundo mandato popular para seguir encabezando el gobierno de Colombia. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.
Emilio J. Cárdenas (*)
Juan Manuel Santos, el presidente de Colombia, procura ahora –como suele normalmente suceder con casi todos los políticos– obtener su reelección. Hasta el momento había tan sólo un candidato adicional que lucía capaz de poder pujar seriamente contra él. Esto es, con posibilidades reales de éxito. Particularmente, cuando en el dilatado y complejo proceso de paz que Colombia negocia con las FARC se acaba de alcanzar el primer acuerdo concreto, aquel que tiene que ver con el tema de la tierra rural, lo que supone un paso adelante, pese a que el final del proceso de paz no está ciertamente asegurado, ni luce necesariamente cercano. Me refiero a Germán Vargas Llera, que hasta ahora se desempeñara como ministro de Vivienda de Santos. Como Vargas Llera acaba de aceptar presidir la “Fundación buen gobierno”, que estará explícitamente dedicada a promover la reelección de Santos, parece evidente que al menos ese buen candidato alternativo no le hará frente, esta vez. No sería, sin embargo, nada raro que Vargas Llera fuera candidato presidencial luego de que Santos haya agotado sus propias posibilidades de retener la presidencia de su país. Y que, en ese cuadro, Juan Manuel Santos termine entonces apoyándolo. Sería un clásico negocio político. El del tradicional “quid pro quo”. Esto pese a que nada está definitivamente asegurado para Santos, que debe competir el año próximo y ganar. Lo que dependerá naturalmente de la marcha de la economía, que ahora se está desacelerando un poco, con el desempleo en torno a un persistente 10%, y ciertamente también del final del proceso de paz antes referido que, si resulta exitoso, seguramente significaría la posible reelección de Santos. Aunque lo cierto sea que suscribirlo no alcanza, desde que, en su caso, habrá que demostrar que funciona y que, además, se mantiene estable en el tiempo. Lo que no dependerá solamente de Santos. Ni de su gobierno. Serán importantes la actitud de la contraparte; la de las víctimas de la guerrilla y la aceptación que el acuerdo finalmente reciba de la mayoría de los ciudadanos cuando, por ejemplo –pese a las promesas del presidente en el sentido de que esto no ocurrirá– se enfrenten con una eventual concesión de impunidad para los responsables de los crímenes aberrantes cometidos por las FARC contra decenas de miles de civiles colombianos, absolutamente inocentes. Nada fácil. Pero hay que intentarlo, ciertamente. En ese escenario, con esas serias incertidumbres, el presidente Juan Manuel Santos parecería –no obstante– comenzar a tener una posibilidad concreta de obtener un segundo mandato popular para seguir encabezando el gobierno de Colombia. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.
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