“Los pibes cuidan el planeta más que los grandes”

Figura importante en temas ambientales, Brailovsky sostiene que la sociedad argentina avanza en la defensa del ecosistema, mientras que para la política la cuestión no es prioritaria.

Redacción

Por Redacción

entrevista: Elio Brailovsky, economista y ambientalista

CARLOS TORRENGO

carlostorrengo@hotmail.com

–¿Progresa la Argentina en el cuidado del medioambiente?

–…que es cuidar la vida. Sí, progresa. No sin dificultades., intereses económicos que se oponen… la política, que no tiene el tema como prioridad. Pero sí, se avanza. Hay un cambio muy importante en la conciencia pública sobre lo que está en juego cuando se habla de medioambiente.

–¿Cómo medir esa mudanza?

–En relación con nuestra historia más reciente, hace 30 años uno decía que estaba dedicado a cuidar el medioambiente y la gente preguntaba si uno era decorador de interiores, no sé, qué alfombra poner, qué cortina colgar…

–¿Fue blanco de esa confusión?

–¡Oh, durante años!

–¿Y cómo explicaba la diferencia de cara a molleras que no sabían lo que era el medioambiente?

–Bueno, fue una tarea larga, no flaquear. Por eso quienes ya nos dedicábamos a este cuidado nos presentábamos sin definirnos desde el medioambiente; hablábamos de ecología, una forma de hablar del medioambiente sin tener que explicar que cuidar el medioambiente no era encerar el piso del living.

–Pero ecología, al menos para el tiempo que hablamos, ¿era una palabra, un contenido incorporado?

–Se había instalado a partir de los movimientos europeos a favor del medioambiente, de lo “verde”, por así decir. Por supuesto que había una idea no necesariamente ajustada del término. En todo caso, ecología “eran las ballenas” o cuando uno hablaba de la contaminación del Riachuelo, y mucha gente decía que la ecología era tema de los suecos, que porque tenían mucho tiempo libre se dedicaban a eso. Pero avanzamos, hay un cambio muy profundo en la conciencia de los argentinos sobre estos temas.

–Desde lo generacional, ¿dónde está –siempre en relación con la Argentina– el espacio más sensible a defender el medioambiente?

–En la gente joven, ¡los pibes incluso! Los pibes cuidan más el planeta que los mayores.

–¿Los pibes pibes o los pibes por jóvenes?

–Ambas franjas. Pero no se trata sólo de un espacio sensible a ese tema, se trata de que la misma lucha a favor del medioambiente la lidera la gente joven, que llega con todo lo que se fue enterando de piba sobre el medioambiente.

–El principio de curiosidad…

–Sí, pero en ellos fue creciendo el convencimiento de que el cuidado del medioambiente no puede ser relativizado por el dinero. En esto hay también un tema muy interesante. La gente joven, los pibes, se han formado en un sistema educativo que, más allá de sus precariedades, de sus déficits, también ha hecho un buen esfuerzo a favor de la defensa del medioambiente. El pibe al que en la escuela se le enseña a no tirar un papel al suelo, que hay un lugar donde tirarlo, en el camino de esa reflexión el pibe también sabe que no hay que tirar basura al agua y sabe que lo del papel, bueno, en todo caso es reversible, pero que lo de los residuos que tira la industria a los ríos es irreversible. Entonces, ¿qué tenemos aquí? Por un lado el pibe –sigamos pivoteando en el pibe–, que sabe lo que no hay que hacer pero que desde ese saber está abierta la posibilidad de que reclame por las conductas ajenas que dañan el medioambiente. Por supuesto que éste no es un proceso automático, pero es un aporte muy grande del sistema educativo, en algunos sitios más que otros. Es cierto: pero avanzamos. En alguna medida, es un aporte a la construcción de un ciudadano. El resto de lo que lo construye, bueno, es otra historia con sus más y sus menos. Además, hay que tener en cuenta que es propio de los pibes, de los jóvenes, ser críticos.

–¿Qué me quiere decir?

–Que aunque el sistema educativo tenga sus fallas y no esté pensado para hacer de la crítica una herramienta, los pibes, los jóvenes, son por naturaleza críticos… miran, escuchan, toma posición, aciertan, se equivocan; están en un mundo que los revuelve, dudas, contradicciones, lo que sea. ¡Y dicen lo que piensan, que tiene un inmenso valor! Y si están entrenados para defender la vida, les van a decir a los adultos las cosas tal cual las piensan, directo, sin mediación. Incluso hoy se nota que, si bien hay de todo, en las organizaciones que trabajan a favor del medioambiente –ONG, etcétera– hay mucha juventud, como también gente que viene de experiencias ideológicas, políticas, que signaron nuestra historia en años complejos pero que sienten que trabajar a favor del medioambiente es una muy digna forma de participar.

–En general ese tipo de organizaciones son laicas, pero pareciera que en los últimos años la religión católica, para el caso, asume esa lucha. ¿Es así?

–Sí, y es un proceso nuevo. Un ejemplo es que las pastorales sociales están entrando en los temas ambientales. Pasó, por caso, con la Pastoral de San Isidro. Incluso mientras Jorge Bergoglio estuvo aquí, la revista del Arzobispado de Buenos Aires incorporó el tema ambiental desde una concepción muy interesante que, desde ya, no era lo mismo que pensaba Ratzinger. La postura de Bergoglio fue, siempre desde el Arzobispado, muy crítica y comprometida en cuestiones sociales, que es donde está lo ambiental, no está fuera de la sociedad.

–En todo este marco referido al medioambiente, ¿dónde está la política?

–Entre los sectores más retrógrados, resistentes a asumir el desafío que tiene el medioambiente y a defenderlo. No hay una cultura en esa dirección firmemente instalada en la dirigencia política.

–Pero, a la luz de al menos lo que transfiere el protagonismo de la dirigencia, ¿su juicio no es muy absoluto?

–No estoy hablando de un sector político en particular, hablo de una cultura promedio muy acentuada en el conjunto de la dirigencia, cultura donde el medioambiente y su defensa no es una cuestión definidamente incorporada como fundamental en el presente y frente al futuro. No me independizo de lo puntual, de decisiones de la política que hacen al problema: hablo de –insisto– una cultura muy pareja en la dirigencia que no está a la altura del reclamo que requiere el tema… tienen la cabeza en otro lugar.

–Pero ¿ese otro lugar lo determinan intereses objetivos, concretos, de la política con el poder que viola el medioambiente o es otro lugar signado por cuestiones que hacen a la formación del político?

–Se cruza todo, pero ambas convergen en un mismo resultado: el medioambiente tiene prioridad baja para la política.

–Usted tiene una vida vinculada con la universidad. Se ha ocupado mucho de ella. En el plano de las prioridades bajas que tiene la política con temas nacionales, ¿está también la universidad?

–Me parece que la política adolece de bajas prioridades sobre lo que creo que se puede definir como temas de largo plazo, es decir, donde hay que trabajar hoy para resultados que hacen al futuro, más cercano, menos cercano, pero que se vinculan con la proyección del país, con su instalación en un mundo –donde para el caso de la universidad–, se define cada vez más por el valor del conocimiento. En el caso de la universidad argentina, es sorprendente la ausencia de criterio que tiene la política de lo que debe ser la universidad en relación con el desarrollo científico, ausencia que hace también a la universidad. Me refiero, por caso, a los cuadros con formación científica que hay en la universidad y cómo suelen terminar su carrera.

–No entiendo…

–Mire, un caso: en la universidad se jubila a las cátedras en muchos casos cuando esas cátedras, en un mundo donde hay cada vez más cosas para aprender en la especialidad científica que sea y donde el conocimiento siempre está en movimiento, bueno, mucha gente se tiene que ir porque tiene 65 años, después de décadas de formar gente y de formarla en la dinámica que tiene el conocimiento.


entrevista: Elio Brailovsky, economista y ambientalista

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