En tierra del obispo rojo
Francisco no lo conoció personalmente. Sí su amigo, su inmenso amigo, monseñor Podestá, aquel obispo de Avellaneda que en los albores de los 60 se atrevió a desafiar a las vacas sagradas del esquema de poder en la Argentina… el poder militar y su conjunción con la derecha católica, recalcitrante y asesina que, animada en la década del 30 por el fascista José Félix Uriburu, hizo por años de la espada y la cruz la razón de existencia de los argentinos. Podestá, el obispo de los curas obreros. Que irritó al dictador Juan Carlos Onganía. Que sufrió la persecución de sus pares en el marco de la Iglesia Católica latinoamericana, por años la de mayor abolengo de defender la amoralidad del poder: la Argentina. Sí, Francisco no conoció a ese hombre chiquito y flaquito, enclenque, de voz suave, serena, culto e inmensamente valiente que fue el obispo brasileño Helder Cámara. Quizá Podestá le habló mucho de don Helder al hoy papa. Y quizá el tema estuvo presente el día final de Podestá. Cuando partió apretando las manos de un Jorge Bergoglio que hoy es Francisco. Y quizá le contó en cuánto lo respaldó el flaquito Helder el día en que él –Podestá– decidió armar pareja y criar hijos. En horas más Francisco estará en tierras de don Helder, una de las figuras más dignas del continente en defensa de la vida, de la justicia. Como don Jaime, como Angelelli, como Esteban Hesayne, como Zaspe. Es decir, “obispos rojos”.
Carlos Torrengo
Éste es un ejemplar de la revista “Confirmado” de 1970, uno de los medios de análisis político más importantes del país de esos años, donde se comenzó a hablar del fenómeno de la Teología de la Liberación y de Helder Cámara, uno de los fundadores de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil y defensor de los derechos humanos durante la dictadura.
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