“Alicia Castoldi, militante generosa y consecuente”
Falleció Alicia Castoldi y, a pesar de que hacía mucho tiempo que no la veía, no puedo olvidar que fue mi compañera de fórmula en las elecciones legislativas de 1993. Entonces demostró ser una militante generosa y consecuente. Gracias a ella y a su esposo Mario Pérez logramos recorrer toda la provincia con un Twin Otter que la empresa de Pérez cedió gratuitamente. Era una de las primeras veces que los cargos electivos del partido se decidían en elecciones internas. En esa ocasión éramos la lista oficialista y enfrentamos a otras tres que alineaban a otras tantas corrientes opositoras dentro del MPN. Recuerdo que, terminada la interna, debimos empezar la lucha electoral compitiendo con los otros partidos. En suma, ambas etapas, interna y general, consumieron más de seis meses de trabajo político con el estrés que es de suponer en tan largo proceso. En esos recorridos kilométricos hasta llegar a los lugares más apartados Alicia nunca decayó en su ánimo y nos daba fuerzas a todos, en especial al zapalino Vázquez, que era el tercer componente de la fórmula, y a mí. Ese esfuerzo mereció que los votos alcanzaran para que ella también entrara a la Cámara de Diputados de la Nación. No faltó mucho pero no lo logramos. Lo recuerdo ahora como una jugada mezquina de la democracia por la que ella luchó con fe y desbordante entusiasmo. Como representante del cupo femenino de entonces demostró en terreno el acierto de esa medida que obligaba a incorporar en un tercio representantes mujeres en todas las listas electivas. Alicia era dueña de un discurso elocuente y fervoroso y, a la vez, como era ella en la vida: cálida y fraternal. No puedo menos que aspirar a que estas palabras sumen para rendir un póstumo homenaje a una luchadora cabal, honesta y, por eso mismo, inolvidable. Osvaldo Pellín Neuquén
Osvaldo Pellín Neuquén
Falleció Alicia Castoldi y, a pesar de que hacía mucho tiempo que no la veía, no puedo olvidar que fue mi compañera de fórmula en las elecciones legislativas de 1993. Entonces demostró ser una militante generosa y consecuente. Gracias a ella y a su esposo Mario Pérez logramos recorrer toda la provincia con un Twin Otter que la empresa de Pérez cedió gratuitamente. Era una de las primeras veces que los cargos electivos del partido se decidían en elecciones internas. En esa ocasión éramos la lista oficialista y enfrentamos a otras tres que alineaban a otras tantas corrientes opositoras dentro del MPN. Recuerdo que, terminada la interna, debimos empezar la lucha electoral compitiendo con los otros partidos. En suma, ambas etapas, interna y general, consumieron más de seis meses de trabajo político con el estrés que es de suponer en tan largo proceso. En esos recorridos kilométricos hasta llegar a los lugares más apartados Alicia nunca decayó en su ánimo y nos daba fuerzas a todos, en especial al zapalino Vázquez, que era el tercer componente de la fórmula, y a mí. Ese esfuerzo mereció que los votos alcanzaran para que ella también entrara a la Cámara de Diputados de la Nación. No faltó mucho pero no lo logramos. Lo recuerdo ahora como una jugada mezquina de la democracia por la que ella luchó con fe y desbordante entusiasmo. Como representante del cupo femenino de entonces demostró en terreno el acierto de esa medida que obligaba a incorporar en un tercio representantes mujeres en todas las listas electivas. Alicia era dueña de un discurso elocuente y fervoroso y, a la vez, como era ella en la vida: cálida y fraternal. No puedo menos que aspirar a que estas palabras sumen para rendir un póstumo homenaje a una luchadora cabal, honesta y, por eso mismo, inolvidable. Osvaldo Pellín Neuquén
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