“Mil chicos neuquinos nunca pisaron la escuela”
La noticia, con ese título, publicada por este medio hace unos pocos días atrás, produce estupor, aunque, a decir verdad, para un observador de la realidad cotidiana es un hecho previsible. El nivel de desarrollo social miserable de muchos vecinos de la provincia, de la región y del país hace suponer, sin ser experto, que la distribución de la enorme riqueza de nuestro territorio nacional está siendo, viene siendo, despilfarrada por nefastos dirigentes que aprecian la actividad política como medio para detentar el poder desde el cual el uso y abuso de las apetencias personales no tienen límites. Adhieren a estos “líderes” inescrupulosos empresarios que engrosan sus fortunas con la facilidad del entorno oficial, olvidando, también ellos, que la riqueza natural es de todos y que es necesario repartirla adecuadamente para hacer crecer el cuerpo social, la nación, para incorporarnos al mundo civilizado. La marginalidad humana es contra natura y sólo se explica con la mediocridad de la clase dirigente que detenta el poder durante años. Es obvio que la mayoría de los entronizados en el poder político, económico, etc. carecen de conceptos básicos de equidad que sólo se aprenden en las escuelas, en las aulas, en el hogar. Hay muchos hogares que, como los de los mil chicos, no están en condiciones de asimilar ningún concepto de convivencia y su destino será de obscura marginalidad. Y cada vez son más. Las escuelas, muchas, no cumplen su cometido porque están estructuradas para recibir gran cantidad de punteros políticos, sustento de votos, y los especialistas pedagogos se pierden en una maraña burocrática con fuerte influencia de los cómodos y opulentos escritorios. ¡Sólo teorizan! Son tantos los que participan del presupuesto educativo que el docente, el que debe hacer de guía e instructor de niños y jóvenes, recibe deficiente paga desalentando la actividad. Ello conduce a improvisar docentes que no pueden enseñar conceptos que no tienen, por incompleta formación o inmadurez. Se conchaban por el sueldo y la obra social, desdeñando cualquier responsabilidad. Ello se repite una y otra vez, haciéndose más raquítica la enseñanza global. Los dirigentes, bien gracias, ni enterados ni interesados. La educación no es prioridad, evidenciado la mediocridad de quienes deben ocuparse para reducir la pobreza creciente de ricas regiones como la nuestra. Paulatinamente, vamos perdiendo la escuela pública, otrora formadora de eminentes ciudadanos que construyeron las bases de lo que fue un país de avanzada. Omar A. González, DNI 5.749.340, Neuquén
Omar A. González, DNI 5.749.340, Neuquén
La noticia, con ese título, publicada por este medio hace unos pocos días atrás, produce estupor, aunque, a decir verdad, para un observador de la realidad cotidiana es un hecho previsible. El nivel de desarrollo social miserable de muchos vecinos de la provincia, de la región y del país hace suponer, sin ser experto, que la distribución de la enorme riqueza de nuestro territorio nacional está siendo, viene siendo, despilfarrada por nefastos dirigentes que aprecian la actividad política como medio para detentar el poder desde el cual el uso y abuso de las apetencias personales no tienen límites. Adhieren a estos “líderes” inescrupulosos empresarios que engrosan sus fortunas con la facilidad del entorno oficial, olvidando, también ellos, que la riqueza natural es de todos y que es necesario repartirla adecuadamente para hacer crecer el cuerpo social, la nación, para incorporarnos al mundo civilizado. La marginalidad humana es contra natura y sólo se explica con la mediocridad de la clase dirigente que detenta el poder durante años. Es obvio que la mayoría de los entronizados en el poder político, económico, etc. carecen de conceptos básicos de equidad que sólo se aprenden en las escuelas, en las aulas, en el hogar. Hay muchos hogares que, como los de los mil chicos, no están en condiciones de asimilar ningún concepto de convivencia y su destino será de obscura marginalidad. Y cada vez son más. Las escuelas, muchas, no cumplen su cometido porque están estructuradas para recibir gran cantidad de punteros políticos, sustento de votos, y los especialistas pedagogos se pierden en una maraña burocrática con fuerte influencia de los cómodos y opulentos escritorios. ¡Sólo teorizan! Son tantos los que participan del presupuesto educativo que el docente, el que debe hacer de guía e instructor de niños y jóvenes, recibe deficiente paga desalentando la actividad. Ello conduce a improvisar docentes que no pueden enseñar conceptos que no tienen, por incompleta formación o inmadurez. Se conchaban por el sueldo y la obra social, desdeñando cualquier responsabilidad. Ello se repite una y otra vez, haciéndose más raquítica la enseñanza global. Los dirigentes, bien gracias, ni enterados ni interesados. La educación no es prioridad, evidenciado la mediocridad de quienes deben ocuparse para reducir la pobreza creciente de ricas regiones como la nuestra. Paulatinamente, vamos perdiendo la escuela pública, otrora formadora de eminentes ciudadanos que construyeron las bases de lo que fue un país de avanzada. Omar A. González, DNI 5.749.340, Neuquén
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