“La mejor solución: más escuelas técnicas”

Redacción

Por Redacción

La Argentina es un país muy rico pero mal disfrutado por sus habitantes, porque la riqueza sin el cultivo del intelecto nos da el resultado de tener un estándar de vida similar al de un país pobre. Esto también trae atraso en la tecnología, así todo empeora y los que estudian nos dominan a su antojo; la prueba está en la baja calidad de vida promedio que tenemos en comparación con la de otros países. Un ejemplo muy doloroso es la injustificable cantidad de villas miserias que poseemos, en gran parte por culpa de una enseñanza con muchas falencias, principalmente en la escuela pública. Todo tipo de estudio es necesario, pero la técnica mueve el mundo. Supongamos que una persona nace con una elevada inteligencia y crece en un ambiente en el que los lugares de estudio son escasos y reducidos… tal vez triunfe, pero las posibilidades se reducen en forma notable. Ahora bien, ¿qué pasaría si a esa misma persona se le aumentan las chances de potenciar su capacidad, por ejemplo, con un fácil acceso a la enseñanza y un programa del Estado que controle a los padres y a sus hijos y si éstos lo pasan mal o no estudian los progenitores pierden su patria potestad? A su vez, que se concientice al niño para el aprendizaje y se observe a todo el entorno familiar, entonces todos los niños tendrán la posibilidad de ser grandes profesionales o empresarios que den muchísimas fuentes de trabajo o tal vez surjan grandes políticos. Pero si no hay estudio, como muchas veces ocurre, la magia de la inteligencia se pierde. Los grandes culpables de este mal de la educación son los señores de la política, que son conscientes del alto grado de analfabetismo que tenemos en nuestro país pero parece que hacen poco para revertirlo. Acá no hay justificativo posible y está a la vista que lo único que les interesa a muchos es cobrar y pasarlo bien. Yo le digo a esta gente que manda que el eje que mueve el mundo son las escuelas –primaria, secundaria (técnica es mi favorita) y universitaria–. Ahora supongamos que aumentamos el presupuesto, principalmente en establecimientos públicos, pagando sueldos más elevados para tentar a los mejores maestros. Así podremos rescatar a muchos profesores de vocación y en gran porcentaje elevaremos la excelencia de enseñanza. Voy a citar un ejemplo que me asombró y a la vez me indignó. Un amigo me comentó que cuando había visitado a su hermano en Suiza le había llevado a su sobrino un presente, una vistosa cartuchera, y se asombró cuando le dijo: “Gracias, tío, pero no la necesito, porque la escuela pública me da todo, hasta los lápices”. También me comentó que las mejores escuelas son las del Estado y las privadas son de inferior categoría. Esto me alegró y me dolió, porque en la Argentina parece que las escuelas del Estado cada día están peor. Cito otro acontecimiento del porqué de la enseñanza. Cuando se inventó la máquina de coser, las costureras querían matar al inventor porque pensaron que se quedarían sin trabajo, así como el herrero cuando tuvo que cambiar el yunque por el torno. Gran error: capacitándose ambos tendrían más trabajo. Así en todos los órdenes, podemos ver esto en el mundo. Entonces, inteligencia sumada al cultivo del intelecto nos da excelentes resultados. A su vez, esto trae más comunicación, mejor calidad de vida y una menor tasa de delitos y se amplía notablemente la capacidad creativa, que es la magia de la civilización. Así que, señores de la política, basta de charlas maratónicas y más impulso a las escuelas públicas. Demuestren que no están solamente calentando sillas en la Argentina. Ustedes también serán beneficiados, debido a la paz que seguramente han perdido como consecuencia, por ejemplo, de la inseguridad. Horacio Marcote DNI 11.233.956 Neuquén

Horacio Marcote DNI 11.233.956 Neuquén


La Argentina es un país muy rico pero mal disfrutado por sus habitantes, porque la riqueza sin el cultivo del intelecto nos da el resultado de tener un estándar de vida similar al de un país pobre. Esto también trae atraso en la tecnología, así todo empeora y los que estudian nos dominan a su antojo; la prueba está en la baja calidad de vida promedio que tenemos en comparación con la de otros países. Un ejemplo muy doloroso es la injustificable cantidad de villas miserias que poseemos, en gran parte por culpa de una enseñanza con muchas falencias, principalmente en la escuela pública. Todo tipo de estudio es necesario, pero la técnica mueve el mundo. Supongamos que una persona nace con una elevada inteligencia y crece en un ambiente en el que los lugares de estudio son escasos y reducidos... tal vez triunfe, pero las posibilidades se reducen en forma notable. Ahora bien, ¿qué pasaría si a esa misma persona se le aumentan las chances de potenciar su capacidad, por ejemplo, con un fácil acceso a la enseñanza y un programa del Estado que controle a los padres y a sus hijos y si éstos lo pasan mal o no estudian los progenitores pierden su patria potestad? A su vez, que se concientice al niño para el aprendizaje y se observe a todo el entorno familiar, entonces todos los niños tendrán la posibilidad de ser grandes profesionales o empresarios que den muchísimas fuentes de trabajo o tal vez surjan grandes políticos. Pero si no hay estudio, como muchas veces ocurre, la magia de la inteligencia se pierde. Los grandes culpables de este mal de la educación son los señores de la política, que son conscientes del alto grado de analfabetismo que tenemos en nuestro país pero parece que hacen poco para revertirlo. Acá no hay justificativo posible y está a la vista que lo único que les interesa a muchos es cobrar y pasarlo bien. Yo le digo a esta gente que manda que el eje que mueve el mundo son las escuelas –primaria, secundaria (técnica es mi favorita) y universitaria–. Ahora supongamos que aumentamos el presupuesto, principalmente en establecimientos públicos, pagando sueldos más elevados para tentar a los mejores maestros. Así podremos rescatar a muchos profesores de vocación y en gran porcentaje elevaremos la excelencia de enseñanza. Voy a citar un ejemplo que me asombró y a la vez me indignó. Un amigo me comentó que cuando había visitado a su hermano en Suiza le había llevado a su sobrino un presente, una vistosa cartuchera, y se asombró cuando le dijo: “Gracias, tío, pero no la necesito, porque la escuela pública me da todo, hasta los lápices”. También me comentó que las mejores escuelas son las del Estado y las privadas son de inferior categoría. Esto me alegró y me dolió, porque en la Argentina parece que las escuelas del Estado cada día están peor. Cito otro acontecimiento del porqué de la enseñanza. Cuando se inventó la máquina de coser, las costureras querían matar al inventor porque pensaron que se quedarían sin trabajo, así como el herrero cuando tuvo que cambiar el yunque por el torno. Gran error: capacitándose ambos tendrían más trabajo. Así en todos los órdenes, podemos ver esto en el mundo. Entonces, inteligencia sumada al cultivo del intelecto nos da excelentes resultados. A su vez, esto trae más comunicación, mejor calidad de vida y una menor tasa de delitos y se amplía notablemente la capacidad creativa, que es la magia de la civilización. Así que, señores de la política, basta de charlas maratónicas y más impulso a las escuelas públicas. Demuestren que no están solamente calentando sillas en la Argentina. Ustedes también serán beneficiados, debido a la paz que seguramente han perdido como consecuencia, por ejemplo, de la inseguridad. Horacio Marcote DNI 11.233.956 Neuquén

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