La cifra de víctimas por el tifón aún no es exacta
La comunidad de argentinos está a salvo, dijeron.
La cifra oficial de muertos tras el paso del tifón Yolanda por Filipinas aumentó a 1.798, mientras miles de personas luchan por una plaza en un avión para salir de la zona afectada, y aunque de a poco comienza a llegar la ayuda una nueva tormenta entorpece la entrega. En tanto tres argentinos que no se habían reportado tras el paso del tifón Haiyan fueron encontrados ayer, después de que el sacerdote Gustavo Aguilera denunciara su desaparición. “Fue un final feliz dentro del drama”, aseguró Hernando Díaz, encargado consular argentino en Filipinas al diario La Nación en su versión digital, que había remarcado que el centenar de argentinos que vive en Filipinas estaba fuera de peligro porque “ninguno se encuentra en la zona del desastre”, la región central del país. Silveria Metz, hermana de Osvaldo Metz, uno de los argentinos que se encuentra en Filipinas, contó que recibió de su pariente un correo electrónico. “Osvaldo pudo mandar un mail contando que todo estaba destrozado pero él estaba con vida”, relató la mujer en radio Del Plata. La recepción de víveres, ropa, mantas, agua potable y remedios ya en marcha, pero su entrega y las tareas de rescate se vieron ayer dificultadas en la zona devastada por una nueva tormenta, Zoraida, que no se irá hasta mañana. Los primeros indicios de Zoraida alcanzaron a lo largo del día, con fuertes lluvias, la base de la ayuda erigida en la zona de emergencia en la ciudad de Tacloban, capital de Leyte, la más afectada por Yolanda, el tifón más fuerte jamás registrado, con ráfagas de hasta 380 km/h. En Tacloban, con 220.000 habitantes y considerada como la zona cero del tifón, las lluvias cayeron sobre los cadáveres, las heces y la basura, convirtiéndose en aguas sucias malolientes. El número de muertos todavía no está claro. El presidente de Filipinas, Benigno Aquino, estimó en el canal de televisión CNN que son de 2.000 a 2.500 y consideró que las 10.000 víctimas mortales citadas por los medios son “demasiado elevadas”. Las montañas de escombros impiden el desagüe en muchas zonas y todavía muchas víctimas siguen sin poder acceder a la ayuda. El martes, las tropas del Ejército mataron a dos rebeldes comunistas en un enfrentamiento con un grupo de insurgentes que presuntamente quería atacar un convoy de ayuda. Los niños lloran y mendigan en los márgenes de las calles. “Los problemas son inmensos, el territorio es enorme, pero hacemos todo lo que es humanamente posible”, aseguró el ministro del Interior, Mar Roxas.
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