Sin Mandela, prevén tiempos difíciles

Redacción

Por Redacción

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CIUDAD DEL CABO.- “Cuando Madiba muera, morirá la libertad”, decía en 2012 el sensacionalista título de una columna publicada en el diario sudafricano “Times”. El texto profundamente pesimista reflejaba el miedo de muchos, sobre todo de los sudafricanos blancos, a lo que podría pasar en ese momento. Blogs de radicales de derecha extendieron incluso el miedo a un llamado plan “uhuru” que descargaría el odio sobre los blancos tras la muerte de Mandela. Tras 20 años de democracia y convivencia relativamente pacífica en Sudáfrica es algo que cuesta imaginar, incluso aunque sigan abiertas profundas heridas derivadas del sistema de segregación racial del apartheid. Sin embargo, muchos temen que tras la muerte del “padre de la nación” el país se encuentre ante tiempos difíciles. Incluso el presidente, Jacob Zuma, llamó a la población el pasado junio, cuando empeoró el estado de salud de Mandela, a que no cundiera el pánico. El arzobispo emérito Desmond Tutu está entre quienes cree en la estabilidad de la joven democracia sudafricana y contradijo a quienes opinan que ahora el país se encuentra ante “un desastre” y que “arderá en llamas”. La muerte de Mandela “no desestabilizará las relaciones entre las razas”, destacó también el prestigioso Instituto de las Relaciones Raciales (IRR) en Johannesburgo. “No habrá batallas callejeras. Para nosotros los jóvenes de todos los colores el apartheid es historia”, afirma el arquitecto James, de 28 años, en ciudad del Cabo. Pero muchos sudafricanos lo ven de forma diferente y no sólo porque políticos como el líder del nuevo partido populista de izquierda EFF (luchadores por la libertad económica), Julius Malema, quiera movilizar a la población negra con tesis radicales como la expropiación a los blancos. “Ahora quizá haya cosas que vayan peor, creo que Sudáfrica volverá a dividirse más”, cree también la taxista Sarah Xholi, de 51 años, de Ciudad del Cabo. Pese a que Zuma invoca los ideales de Mandela como una herencia política a la que los sudafricanos deben ahora hacer justicia, el presidente y su partido gobernante, el Congreso Nacional Africano (CNA), llevan años protagonizando escándalos de corrupción y nepotismo. “El CNA sigue siendo (…) un típico partido africano, corrupto y saqueado por la mala gestión”, opina el politólogo Stephan Bierling. Unos piensan que sin el “padre supremo” al CNA todo le resultará más difícil, mientras otros opinan que desaparecerán “inhibiciones al ataque a los blancos” en el seno del partido, como dice una empresaria de la capital que no quiere dar su nombre. Y es que muchos blancos también creen que el ambiente entre blancos y negros se ha enrarecido. (DPA)


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