El papa pide a los políticos que sean eficaces

Reclama, una vez más y con insistencia, decisiones y acciones desde el poder para que las personas puedan desarrollarse plenamente. Habla de la nueva ideología, que fomenta “el descarte” y “el desprecio” por los más débiles y menos tienen.

Redacción

Por Redacción

EL MUNDO

Trascendieron a la prensa las demandas que el papa Francisco planteará en su primer mensaje como Sumo Pontífice con motivo de la Jornada Mundial de la Paz, que se celebrará mañana, 1 de enero.

En este jornada, cuyo lema es “La fraternidad, fundamento y camino para la paz”, el papa insiste en “que no podemos dejar de reconocer un grave aumento” de las desigualdades, a pesar de que se haya reducido la pobreza absoluta. “En este sentido, se necesitan también políticas eficaces que promuevan el principio de la fraternidad, asegurando a las personas –iguales en su dignidad y en sus derechos fundamentales– el acceso a los ‘capitales’, a los servicios, a los recursos educativos, sanitarios, tecnológicos, de modo que todos tengan la oportunidad de expresar y realizar su proyecto de vida, y puedan desarrollarse plenamente como personas”.

Francisco asegura que vivimos en un mundo caracterizado por la “globalización de la indiferencia”, que poco a poco nos “habitúa” al sufrimiento del otro y donde “continuamente se lesionan gravemente los derechos humanos fundamentales, sobre todo el derecho a la vida y a la libertad religiosa”.

El Papa subraya otros problemas que dificultan la paz, como “el trágico fenómeno” de la trata de seres humanos, y las guerras producidas por enfrentamientos armados y “otras guerras menos visibles, pero no menos crueles, que se combaten en el campo económico y financiero con medios igualmente destructivos de vidas, de familias, de empresas”.

Ante los enfrentamientos armados, “una grave y profunda herida infligida a la fraternidad”, Francisco denuncia “la indiferencia general” aunque tanto el Papa como “toda la Iglesia” aseguran su cercanía a todas las personas que sufren sus consecuencias.

“Además, la Iglesia alza su voz para hacer llegar a los responsables el grito de dolor de esta humanidad sufriente y para hacer cesar, junto a las hostilidades, cualquier atropello o violación de los derechos fundamentales del hombre”, concreta el Papa. Lanza una “encarecida exhortación” a cuantos siembran violencia y muerte con las armas y, al mismo tiempo, les tiende la mano: “Redescubran, en quien hoy consideran sólo un enemigo al que exterminar, a su hermano y no alcen su mano contra él. Renuncien a la vía de las armas y vayan al encuentro del otro con el diálogo, el perdón y la reconciliación para reconstruir a su alrededor la justicia, la confianza y la esperanza”.

Aunque es realista porque aún hay “una cantidad tan grande de armamentos” con la que “siempre se podrán encontrar nuevos pretextos para iniciar las hostilidades”, hace suyo el llamamiento de sus predecesores “a la no proliferación de las armas y al desarme de parte de todos, comenzando por el desarme nuclear y químico”, dice el mensaje de la Jornada Mundial de la Paz.

“Las nuevas ideologías, caracterizadas por un difuso individualismo, egocentrismo y consumismo materialista, debilitan los lazos sociales, fomentando esa mentalidad del ‘descarte’, que lleva al desprecio y al abandono de los más débiles, de cuantos son considerados ‘inútiles’”, dice el Papa, que se aferra en la figura de la familia para combatir la “profunda pobreza relacional” que experimenta la sociedad contemporánea.

“Asistimos con preocupación al crecimiento de distintos tipos de descontento, de marginación, de soledad y a variadas formas de dependencia patológica. Una pobreza como ésta sólo puede ser superada redescubriendo y valorando las relaciones fraternas en el seno de las familias y de las comunidades, compartiendo las alegrías y los sufrimientos, las dificultades y los logros que forman parte de la vida de las personas”, afirma el discurso.

Por eso, plantea la fraternidad como un horizonte que “prevé el desarrollo integral de todo hombre y mujer”, por lo que “no se pueden frustrar y ultrajar” las ambiciones de una persona, “sobre todo si es joven”.

En un tono que oscila entre la tristeza y la denuncia, enumera también otra serie de cuestiones que le preocupan y que sufren muchas personas, como la droga, la devastación de los espacios naturales, la explotación laboral, el blanqueo de dinero y la especulación, la prostitución, la trata de seres humanos, los delitos y abusos contra los menores, la esclavitud y la inmigración. Sobre la esclavitud y la trata de personas enfatizó en los últimos discursos que pronunció el papa en diciembre, desde el Vaticano.

Agencias


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