Otra perspectiva
Todo cambia desde lo alto. Y si no, que lo cuenten quienes se animan a disfrutar de los paisajes de la costa rionegrina gracias a los vuelos de bautismo que parten del aeródromo ubicado poco antes del acceso a Las Grutas.
El mar descendió, descubriendo una vasta zona de arena y restinga. Desde el aire, sin embargo, esto no se percibe por la distancia que va ganando el agua, que confunde su color con la línea del horizonte. Con esta perspectiva, las que se aprecian son las múltiples texturas del lecho marino. Unas delicadas ondulaciones marcan la zona en la que todo es arena, mientras que la parte que gana la plataforma rocosa muestra miles de recodos.
Cuando el mar suba, una sucesión de tonalidades verdosas se ocuparán de ir cubriendo ese paisaje, que ahora produce asombro.
Por suerte, no hay que ser un diestro piloto ni contar con un amigo aviador para gozar de un paseo entre las nubes. El aeroclub de San Antonio Oeste ofrece vuelos de bautismo, pensados para que todos puedan vivir esta experiencia.
La entidad funciona en el aeródromo Antoine de Saint Exupéry, ubicado en el kilómetro 8 de la ruta Nº 2, poco antes del acceso al balneario. Con la compañía de un experto, la oferta es sobrevolar los tres sectores de la localidad (Las Grutas, San Antonio Oeste y el Puerto San Antonio Este) en un vuelo que se extiende por media hora. De lo contrario, se puede elegir un recorrido más corto, que dura 15 minutos y se concentra en un paseo por SAO o la villa turística.
Las postales que se aprecian desde arriba son inagotables, y cambian según los horarios y la tabla de mareas.
Al volar durante la bajante, sorprenden, por ejemplo, el puñado de embarcaciones que quedan fondeadas cerca del muelle. Los barquitos, diminutos desde la altura, parecen resignados a esperar la pleamar. Los envuelve la misma expectativa que reflejan los turistas cuando aguardan la crecida para darse un ‘chapuzón’.
Más allá, se hace perceptible una sucesión de puntos movedizos. Parecen los cristales de un caleidoscopio, que de a poco adquieren identidad. Se trata de lobos marinos, que reunidos en manada inclinan sus cuellos hacia arriba, siguiendo el derrotero del avión. Cuando el mar está en su plenitud, en cambio, pueden verse las sombrillas apiñadas contra el acantilado, y a la gente emergiendo del agua, que parece bullir de color.
(Agencia San Antonio)
Golfo San Matías
El mar descendió, descubriendo una vasta zona de arena y restinga. Desde el aire, sin embargo, esto no se percibe por la distancia que va ganando el agua, que confunde su color con la línea del horizonte. Con esta perspectiva, las que se aprecian son las múltiples texturas del lecho marino. Unas delicadas ondulaciones marcan la zona en la que todo es arena, mientras que la parte que gana la plataforma rocosa muestra miles de recodos.
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