De “cucarachas” a un posible futuro de comandantes
En los dos libros dedicados a investigar la formación de los oficiales del Ejército Argentino a partir de su paso por el Colegio Militar de la Nación, Máximo Badaró reflexiona desde diferentes perspectivas lo que significó para la fuerza la incorporación progresiva de mujeres desde finales de la dictadura hasta hoy. Destaca –por caso– que uno de los rasgos distintivos del proceso de incorporación se funda en el hecho de que, cuando comenzó a producirse, el tema venía de estar “prácticamente ausente de la agenda política y social del país desde el restablecimiento de la democracia”. Explica, además, que muy avanzadas las políticas de defensa a lo largo de la transición recién en el 2006 manifestaron preocupación explícita por los temas de género. Pero para ese año, el Ejército ya llevaba una década (ver más abajo) actuando en forma autónoma, o sea incorporando mujeres. La decisión del Ejército estaba alentada por un “proceso histórico en el que las cuestiones relativas a la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres habían alcanzado un importante protagonismo en el plano legislativo y jurídico en los ámbitos nacional e internacional”, sostiene Badaró. Los que siguen son algunos de los datos que Badaró ofrece en su libro en relación con la historia de todo este proceso de integración: • “La incorporación de mujeres al Ejército se había iniciado lentamente con su ingreso a los cuerpos profesionales de suboficiales en el 81 y de oficiales en el 82. La primera promoción del cuerpo profesional de mujeres contó con 300 postulantes, de las cuales ingresaron 70 y egresaron 64, en su mayoría médicas, odontólogas, bioquímicas, una farmacéutica y seis analistas de sistemas. • En 1993, el Ejército permitió el ingreso de mujeres al cuerpo jurídico militar, a la banda de música, al cuerpo de veterinarios y al sector de técnicos en aviación. En 1994 había 265 mujeres oficiales en el escalafón de sanidad, ocho en el de informática y 318 enfermeras con los grados de sargento primero a cabo y numerosas profesionales trabajando en la fuerza. • “La mujeres interesadas en la actividad estrictamente militar tuvieron que esperar hasta 1996 para poder ingresar en las tropas del recientemente creado servicio militar voluntario y al cuerpo comando de las escuelas de suboficiales. Al año siguiente se abrieron las puertas del Colegio Militar de la Nación para el ingreso a las armas y especialidades del cuerpo de oficiales, a excepción de las armas tradicionales de combate: caballería blindada e infantería. A fines del 2012, una resolución del Ministerio de Defensa eliminó esa prohibición y permitió que las cadetes del CMN pudieran optar por algunas de estas armas”. –Es posible que dentro de 30 años el Ejército esté comandado por una mujer… –¿Por qué no? –señala Badaró a “Río Negro”. Y acota: –Nada les ha sido fácil en todos los eslabones de la estructura orgánica del Ejército: academias, cuarteles. Sus pares, los hombres, las resistían de mil maneras… las marginaban, eran blanco de prejuicios e incluso de trato verbal desagradable… –¿Qué eran? –Eran “las cucarachas”… Para los hombres eran un factor de perturbación para la cohesión, integridad de lo militar… –¿Un dictado cultural conservador? –De todo… Un todo que las miraba desde lo que yo en uno de mis libros defino como un modelo cultural estereotipado que asocia la feminidad con el cuidado, la procreación y la delicadeza. A eso reducían los hombres su mirada sobre sus pares femeninos… Pero hoy, en el Ejército Argentino las mujeres les ganaron la batalla. Están totalmente integradas… –¿En el mismo “pozo de zorro” de los hombres? –En el mismo. Pero fue un proceso muy rico… surgían cosas inesperadas… –Recuerdo que mencionó la ausencia de bidés en los institutos. –Por ejemplo, mientras vivía en el CMN fui partícipe, testigo, de cada anécdota… En la Patagonia, por ejemplo y lo cuento en uno de los libros, estaba junto al CMN participando de maniobras. Una tarde, caminando con un capitán instructor, cruzábamos la hilera de carpas de los cadetes. De golpe sentimos una voz de mujer ejerciendo mando, severa… “¿Qué hace cadete? ¡Apúrese!… ¡Se cree que tenemos todo el día para esperarlo!”… El capitán y yo nos detuvimos, miramos hacia el lugar de donde provenía la voz y vimos a una cadete de un curso superior dirigiéndose a otro cadete que estaba demorado. Y bueno, el capitán me miró sonriendo y dijo: “Mirá Rodríguez!… ¡Muy bien Rodríguez!”…
En los dos libros dedicados a investigar la formación de los oficiales del Ejército Argentino a partir de su paso por el Colegio Militar de la Nación, Máximo Badaró reflexiona desde diferentes perspectivas lo que significó para la fuerza la incorporación progresiva de mujeres desde finales de la dictadura hasta hoy. Destaca –por caso– que uno de los rasgos distintivos del proceso de incorporación se funda en el hecho de que, cuando comenzó a producirse, el tema venía de estar “prácticamente ausente de la agenda política y social del país desde el restablecimiento de la democracia”. Explica, además, que muy avanzadas las políticas de defensa a lo largo de la transición recién en el 2006 manifestaron preocupación explícita por los temas de género. Pero para ese año, el Ejército ya llevaba una década (ver más abajo) actuando en forma autónoma, o sea incorporando mujeres. La decisión del Ejército estaba alentada por un “proceso histórico en el que las cuestiones relativas a la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres habían alcanzado un importante protagonismo en el plano legislativo y jurídico en los ámbitos nacional e internacional”, sostiene Badaró. Los que siguen son algunos de los datos que Badaró ofrece en su libro en relación con la historia de todo este proceso de integración: • “La incorporación de mujeres al Ejército se había iniciado lentamente con su ingreso a los cuerpos profesionales de suboficiales en el 81 y de oficiales en el 82. La primera promoción del cuerpo profesional de mujeres contó con 300 postulantes, de las cuales ingresaron 70 y egresaron 64, en su mayoría médicas, odontólogas, bioquímicas, una farmacéutica y seis analistas de sistemas. • En 1993, el Ejército permitió el ingreso de mujeres al cuerpo jurídico militar, a la banda de música, al cuerpo de veterinarios y al sector de técnicos en aviación. En 1994 había 265 mujeres oficiales en el escalafón de sanidad, ocho en el de informática y 318 enfermeras con los grados de sargento primero a cabo y numerosas profesionales trabajando en la fuerza. • “La mujeres interesadas en la actividad estrictamente militar tuvieron que esperar hasta 1996 para poder ingresar en las tropas del recientemente creado servicio militar voluntario y al cuerpo comando de las escuelas de suboficiales. Al año siguiente se abrieron las puertas del Colegio Militar de la Nación para el ingreso a las armas y especialidades del cuerpo de oficiales, a excepción de las armas tradicionales de combate: caballería blindada e infantería. A fines del 2012, una resolución del Ministerio de Defensa eliminó esa prohibición y permitió que las cadetes del CMN pudieran optar por algunas de estas armas”. –Es posible que dentro de 30 años el Ejército esté comandado por una mujer... –¿Por qué no? –señala Badaró a “Río Negro”. Y acota: –Nada les ha sido fácil en todos los eslabones de la estructura orgánica del Ejército: academias, cuarteles. Sus pares, los hombres, las resistían de mil maneras... las marginaban, eran blanco de prejuicios e incluso de trato verbal desagradable... –¿Qué eran? –Eran “las cucarachas”... Para los hombres eran un factor de perturbación para la cohesión, integridad de lo militar... –¿Un dictado cultural conservador? –De todo... Un todo que las miraba desde lo que yo en uno de mis libros defino como un modelo cultural estereotipado que asocia la feminidad con el cuidado, la procreación y la delicadeza. A eso reducían los hombres su mirada sobre sus pares femeninos... Pero hoy, en el Ejército Argentino las mujeres les ganaron la batalla. Están totalmente integradas... –¿En el mismo “pozo de zorro” de los hombres? –En el mismo. Pero fue un proceso muy rico... surgían cosas inesperadas... –Recuerdo que mencionó la ausencia de bidés en los institutos. –Por ejemplo, mientras vivía en el CMN fui partícipe, testigo, de cada anécdota... En la Patagonia, por ejemplo y lo cuento en uno de los libros, estaba junto al CMN participando de maniobras. Una tarde, caminando con un capitán instructor, cruzábamos la hilera de carpas de los cadetes. De golpe sentimos una voz de mujer ejerciendo mando, severa... “¿Qué hace cadete? ¡Apúrese!... ¡Se cree que tenemos todo el día para esperarlo!”... El capitán y yo nos detuvimos, miramos hacia el lugar de donde provenía la voz y vimos a una cadete de un curso superior dirigiéndose a otro cadete que estaba demorado. Y bueno, el capitán me miró sonriendo y dijo: “Mirá Rodríguez!... ¡Muy bien Rodríguez!”...
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