Cuidado con el “coco”, arriba hay de todo

Redacción

Por Redacción

El escenario, en este caso, fue China. Pero pudo haber sido cualquier lugar o país. Un ramillete de gruesos pedazos de metal cayó de pronto del cielo y embistió duro contra dos casas, dañándolas severamente. Así como contra un silo, cuyo techo se pulverizara. Una suerte de moderno granizo de metal cayó repentinamente del espacio. Sin aviso previo, obviamente. Peligroso al máximo, por cierto. Eran todos –esta vez– pedazos de un misil que recientemente lanzara China al espacio, llevando uno de los vehículos destinados a circular por la superficie de la Luna. Partió al aire desde el activo centro de lanzamiento de Xichang, en el sudoeste chino. Y sus pedazos cayeron a unos 1.000 kilómetros de distancia de ese mismo lugar, esparcidos. Los dueños de las propiedades dañadas fueron de inmediato compensados por el gobierno. Lo cierto es que el cielo está llenándose de toda suerte de equipos y de toda suerte de usuarios. De pronto esos equipos se transforman en basura. Pero siguen flotando. Tanto es así que, desde el 20 de diciembre pasado, hasta Bolivia también es uno de esos usuarios. Ese país mediterráneo lanzó (con un misil chino, tipo Larga Marcha 3B-E) su propio satélite de comunicación. Que está girando sobre nosotros. Lo hizo desde China, llevando un satélite que en este caso había sido bautizado como “Túpac Katari”, ante un emocionado Evo Morales que sentenció públicamente, con los ojos clavados en el espacio, que el satélite está destinado a “liberar” a su país. No se sabe bien cómo, pero la hipérbole del jefe aymara no es ciertamente inesperada. Bolivia es el octavo país de América Latina que pone un satélite de este mismo tipo en el espacio: Brasil tiene once en órbita; Argentina, diez; México, siete; Chile, tres; Colombia, dos; Venezuela, Ecuador y Perú, uno cada uno; Cuba, ninguno. Hay mucho en el aire, queda visto. Por eso el vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera, que antes predicaba el aislamiento y se ufanaba de que uno de sus ministros jamás había leído un libro, ahora (aunque rodeado de sacerdotes aymaras) anunció (desde Bolivia) que su país con su reciente acceso al espacio “ha dejado de ser la cola de América Latina”. Cediendo esa poco envidiable posición seguramente a Cuba, Nicaragua o algún otro país. Vaya uno a saber en quiénes estaba pensando el ideólogo marxista de Evo Morales. Pero lo cierto es que cada uno de estos satélites ha sido puesto en órbita con el mismo tipo de misil cuyos pedazos acaban de caer –de pronto– en suelo chino. Todo un tema. Porque esos desechos pueden caer en alguna otra parte. Por esto, cuidado con la cabeza, el cielo se está llenando de satélites y otras cosas. (*) Analista del Grupo Agenda Internacional

Gustavo Chopitea (*)


El escenario, en este caso, fue China. Pero pudo haber sido cualquier lugar o país. Un ramillete de gruesos pedazos de metal cayó de pronto del cielo y embistió duro contra dos casas, dañándolas severamente. Así como contra un silo, cuyo techo se pulverizara. Una suerte de moderno granizo de metal cayó repentinamente del espacio. Sin aviso previo, obviamente. Peligroso al máximo, por cierto. Eran todos –esta vez– pedazos de un misil que recientemente lanzara China al espacio, llevando uno de los vehículos destinados a circular por la superficie de la Luna. Partió al aire desde el activo centro de lanzamiento de Xichang, en el sudoeste chino. Y sus pedazos cayeron a unos 1.000 kilómetros de distancia de ese mismo lugar, esparcidos. Los dueños de las propiedades dañadas fueron de inmediato compensados por el gobierno. Lo cierto es que el cielo está llenándose de toda suerte de equipos y de toda suerte de usuarios. De pronto esos equipos se transforman en basura. Pero siguen flotando. Tanto es así que, desde el 20 de diciembre pasado, hasta Bolivia también es uno de esos usuarios. Ese país mediterráneo lanzó (con un misil chino, tipo Larga Marcha 3B-E) su propio satélite de comunicación. Que está girando sobre nosotros. Lo hizo desde China, llevando un satélite que en este caso había sido bautizado como “Túpac Katari”, ante un emocionado Evo Morales que sentenció públicamente, con los ojos clavados en el espacio, que el satélite está destinado a “liberar” a su país. No se sabe bien cómo, pero la hipérbole del jefe aymara no es ciertamente inesperada. Bolivia es el octavo país de América Latina que pone un satélite de este mismo tipo en el espacio: Brasil tiene once en órbita; Argentina, diez; México, siete; Chile, tres; Colombia, dos; Venezuela, Ecuador y Perú, uno cada uno; Cuba, ninguno. Hay mucho en el aire, queda visto. Por eso el vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera, que antes predicaba el aislamiento y se ufanaba de que uno de sus ministros jamás había leído un libro, ahora (aunque rodeado de sacerdotes aymaras) anunció (desde Bolivia) que su país con su reciente acceso al espacio “ha dejado de ser la cola de América Latina”. Cediendo esa poco envidiable posición seguramente a Cuba, Nicaragua o algún otro país. Vaya uno a saber en quiénes estaba pensando el ideólogo marxista de Evo Morales. Pero lo cierto es que cada uno de estos satélites ha sido puesto en órbita con el mismo tipo de misil cuyos pedazos acaban de caer –de pronto– en suelo chino. Todo un tema. Porque esos desechos pueden caer en alguna otra parte. Por esto, cuidado con la cabeza, el cielo se está llenando de satélites y otras cosas. (*) Analista del Grupo Agenda Internacional

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