Nos espían con cinco ojos y en inglés
La red de espionaje que revelara en su momento la sorpresiva defección de Edward Snowden es mucho mayor de lo que se creía. Consiste en la unión y amalgama total de los servicios secretos de Estados Unidos, Gran Bretaña, Australia, Canadá y Nueva Zelanda. Del mundo de habla inglesa, entonces. Es la mayor red de la historia, ciertamente. Se trata de una unión de los servicios de seguridad de los países nombrados que se remonta a 1946, cuando fuera originalmente conformada. Desde entonces ha operado eficientemente por espacio de largas décadas, con la única exclusión (temporaria) de Nueva Zelanda, producida cuando este pequeño país (en la década de los 80) se negara a recibir en sus puertos a buques de propulsión nuclear. Pero tan sólo dos años después, superada que fuera esa posición, los servicios de inteligencia de Wellington fueron nuevamente reincorporados al Club de los Cinco Ojos, como se llama hoy al poderoso y bien cohesionado grupo de espionaje. El grupo de espionaje tiene dos reglas que son básicas: la inteligencia se comparte entre todos, sin exclusiones, y ninguno de sus miembros espía a otro de sus miembros. Obvio, dirían algunos. Hay intercambio regular de información y trabajos conjuntos en situaciones excepcionales. También intercambio frecuente de personal y entrenamientos compartidos. Sus recursos son enormes. Tan sólo en Estados Unidos dedican a esta tarea nada menos que unos 53.000 millones de dólares. A lo que hay que sumar las contribuciones individuales de cada uno de los demás. Hablamos de varios miles de espías profesionales y especialistas en todas las variantes de la información, aceitados por más de medio siglo de un muy discreto andar conjunto que sólo ahora acaba de salir, de pronto, a la luz del día. Para malestar de muchos aliados y disgusto de algunos rivales. Porque la inusual alianza informativa y de seguridad cubre absolutamente todos los horarios del mundo, todos los continentes y opera con los más diversos recursos. China y Rusia no podrían replicar esto, de ninguna manera. Por sus rivalidades y profundas desconfianzas históricas. El presidente Obama está ahora reexaminando los servicios de inteligencia de su país, ante las quejas airadas de otros de sus aliados. Pero es altamente improbable que los Cinco Ojos, que nos siguen por todas partes, dejen de observarnos todo el tiempo. Así se escribe, en líneas generales, esta curiosa historia que acaba de ser revelada. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
Emilio J. Cárdenas (*)
La red de espionaje que revelara en su momento la sorpresiva defección de Edward Snowden es mucho mayor de lo que se creía. Consiste en la unión y amalgama total de los servicios secretos de Estados Unidos, Gran Bretaña, Australia, Canadá y Nueva Zelanda. Del mundo de habla inglesa, entonces. Es la mayor red de la historia, ciertamente. Se trata de una unión de los servicios de seguridad de los países nombrados que se remonta a 1946, cuando fuera originalmente conformada. Desde entonces ha operado eficientemente por espacio de largas décadas, con la única exclusión (temporaria) de Nueva Zelanda, producida cuando este pequeño país (en la década de los 80) se negara a recibir en sus puertos a buques de propulsión nuclear. Pero tan sólo dos años después, superada que fuera esa posición, los servicios de inteligencia de Wellington fueron nuevamente reincorporados al Club de los Cinco Ojos, como se llama hoy al poderoso y bien cohesionado grupo de espionaje. El grupo de espionaje tiene dos reglas que son básicas: la inteligencia se comparte entre todos, sin exclusiones, y ninguno de sus miembros espía a otro de sus miembros. Obvio, dirían algunos. Hay intercambio regular de información y trabajos conjuntos en situaciones excepcionales. También intercambio frecuente de personal y entrenamientos compartidos. Sus recursos son enormes. Tan sólo en Estados Unidos dedican a esta tarea nada menos que unos 53.000 millones de dólares. A lo que hay que sumar las contribuciones individuales de cada uno de los demás. Hablamos de varios miles de espías profesionales y especialistas en todas las variantes de la información, aceitados por más de medio siglo de un muy discreto andar conjunto que sólo ahora acaba de salir, de pronto, a la luz del día. Para malestar de muchos aliados y disgusto de algunos rivales. Porque la inusual alianza informativa y de seguridad cubre absolutamente todos los horarios del mundo, todos los continentes y opera con los más diversos recursos. China y Rusia no podrían replicar esto, de ninguna manera. Por sus rivalidades y profundas desconfianzas históricas. El presidente Obama está ahora reexaminando los servicios de inteligencia de su país, ante las quejas airadas de otros de sus aliados. Pero es altamente improbable que los Cinco Ojos, que nos siguen por todas partes, dejen de observarnos todo el tiempo. Así se escribe, en líneas generales, esta curiosa historia que acaba de ser revelada. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
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