“Llevamos 30 años bajo el corporativismo”

Federico Sturzenegger sostiene que sólo hay dos fuerzas políticas en Argentina ajenas a ideas corporativas: el PRO y el socialismo santafesino. Estima así que el resto del espectro político aspira a “reproducir poder” mediante lazos y relaciones que condicionan el desarrollo del país.

Redacción

Por Redacción

entrevista: A Federico Sturzenegger, economista, diputado nacional por el PRO

CARLOS TORRENGO

carlostorrengo@hotmail.com

— ¿Por qué votar a Macri para presidente?

— Por el éxito de su gestión en la Ciudad de Buenos Aires.

— ¿Y por qué no votarlo a Massa, a Scioli, a Sanz… en fin?

— Porque están ligados a estructuras políticas que generaron muchos de los problemas que sobrelleva el país a lo largo del retorno a la democracia. Hay sólo dos fuerzas políticas ajenas a causar esos problemas: el PRO y el socialismo santafesino.

— ¿A qué problemas se refiere? ¿Al desdén que existe en la política argentina por el manejo de la moneda?

— Con independencia de ese desdén, está el corporativismo con que han gestionado el poder a lo largo de estos 30 años. Llevamos 30 años bajo corporativismo. Esto atañe al peronismo en sus variadas expresiones y al radicalismo. Conforman una clase política que pone al Estado al servicio de intereses corporativos, entendiendo por tales la corrupción, los intereses gremiales del propio Estado, el clientelismo político… Así forjaron desde el ´83 en adelante un Estado que no está al servicio de la gente, sino la gente al servicio del Estado. Este es el patrón común con que han gobernado peronistas y radicales: comer del Estado… con mayor ímpetu unos que otros, pero la misma cultura. No se imagina cómo presiona toda esta cultura cuando uno gestiona…

— ¿Cuál es su experiencia en esta materia?

— Mientras fui presidente del Banco Ciudad tuve 24 paros, todos alentados por las estructuras clientelares. Ni bien asumí, entre los objetivos me fijé el cambiar la política de ingresos, que hasta ese momento se nutría de los hijos de los empleados y alentaba el “ñoquismo”. O sea, un espacio del Estado del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires al servicio de franjas de intereses muy definidas. Nosotros, convencidos de que uno de los preceptos básicos que hacen al Estado es sostener la igualdad de oportunidades, hicimos de esto un axioma para elegir gente.

— ¿Visto desde la economía, desde la racionalidad que reclama para el manejo de los recursos públicos, qué es el recurso humano?

— Un espacio muy complejo de manejar por los intereses que lo definen en un país dónde todo el manejo de lo público es muy complejo…

— Murió Adolfo Suárez en España y hubo ríos de tinta muy interesantes reflexionando su rol en la transición. Alguien escribió que su gran mérito había sido, en el marco de un trayecto cargado de acechanzas, “poner a España en camino a sacarse la pesadez de cuestiones no resueltas para dignificar la política”. ¿Qué pesadez no se han resuelto aquí en estos 30 años de democracia?

— O no ha habido interés en resolver por parte de quienes manejaron el país desde el dictado corporativo…Tendríamos para varios volúmenes. Estoy convencido de que una “pesadez”, rémora en todo, que arrastra estos 30 años es avanzar hacia una república definidamente federal. Le doy un ejemplo de las distorsiones de nuestras prácticas federales: hace a Neuquén y a Río Negro. La Constitución nacional reformada en el ´94 consagra que los recursos hidrocarburíferos son de las provincias. Sin embargo, estoy convencido de que toda la movida para la nacionalización de YPF, sumada al Decreto 1227, en alguna medida le da a la Nación una especie de veto sobre quién ejerce una concesión de hidrocarburos. Aunque todavía no ha sido ejercido con ese criterio, está la herramienta para hacerlo. En este encuadre, la nacionalización de YPF es una manera de transferir rentas de las provincias a ella. ¿Por qué? Porque por práctica de ejercicio de poder, Nación pondrá palos en la rueda cuando algunas provincias quieran autónomamente licitar operadores para la explotación, pero Nación tiene el instrumento para forzar que lo haga YPF, y la renta se irá sin que la provincia tenga margen de negociación para regalías, pagos… todo al bolsillo de YPF. La plata saldrá entonces de la provincia en cuestión e irá al conjunto del país. Por supuesto, que esto conviene a otras provincias. Pero esta posibilidad que tiene Nación, vía el Decreto 1227, va directamente contra el espíritu de la Constitución del ´94 en cuanto a la concepción federal que marcó para el manejo de esos recursos.

— Desde esa perspectiva, la nacionalización de YPF ¿fue un dulce para las provincias?

— Está organizada para eso… Hay que leer con detenimiento el 1227 para percibir cómo Nación está, por así decirlo, al acecho.

— Admitamos lo del acecho… ¿El kirchnerismo es, contemplado en comparación a otros gobiernos de estos 30 años, un extremo en voracidad en el manejo de los recursos públicos?

— No necesariamente. En todo caso sucede que, por razones ampliamente conocidas, manejó recursos inmensos que otros gobiernos de ese lapso no tuvieron. Y los manejó irresponsablemente, cosa que está muy en claro. Yo no reflexiono el ejercicio de su poder en términos de mayor o menor voracidad. Creo que es una expresión más de la cultura corporativa que está adherida a radicales y a peronistas desde el inicio de la transición. Y esa cultura, que hace a reproducir poder y más poder, siempre requiere de recursos y más recursos… hay que quedar bien con los socios de viaje corporativo. Le interesa gastar. La calidad de gestión queda al costado. La aplicación sensata de los recursos se transforma, de hecho, en una no obligación…

— ¿El dato más expresivo de la necesidad de recursos del gobierno nacional son los 100.000 millones de pesos que emitió, en términos de extras, el año anterior?

— Sí, maquinita y más maquinita. Pero en esa emisión expresa el fracaso de otra decisión, en su consecuencia: llevar la carga impositiva, en términos de relación con el PBI, a más del 10 %… Ahí sí, en ese manejo de cubrir un fracaso alentando la inflación, podemos hablar de voracidad.

— Se dice que la ciencia económica es “lúgubre”, gris, pura racionalidad, lógica impiadosa. A modo de ejercicio intelectual: ¿qué pensara de la política de estos últimos 30 años?

— Que cuando las papas queman, se repite en el fracaso como alternativas: precios máximos, programas de auxilio inconducentes para infinidad de problemas, subsidios, sacar gente a la calle para controlar, sacarse culpas… En Argentina la culpa siempre se coloca en otro lado. Ausencia de autocrítica.

— La gente se mueve, se queja, cuestiona decisiones de la política. No busca atajos en ese camino. La institución municipal es el primer blanco de mucho de ese reclamo. ¿Se está potenciando el municipio como primer escalón de referencia institucional de la sociedad con el poder político en gestión?

— Hay que reflexionar mucho qué alcance tiene esa movida, por así llamarla, porque en el espacio municipal hay temas que define Nación, y también hay temas que definen las provincias… educación, seguridad, salud, etcétera. Pero claro, la gente va sobre el municipio. Es lo que tiene a su alcance en cuanto a estructura de poder institucional. Pero en relación a su pregunta, me parece muy interesante que esa “movida” vaya generando propuestas. No se alcanza hoy el nivel de propuestas sobre, por ejemplo, la seguridad…

— ¿Está de acuerdo en que los municipios asuman crecientemente la gestión en ese tema?

— En principio sí, y hay que debatirlo. Hay argumentos en favor y en contra. Pero es posible que un control directo de todo lo que hace a la seguridad por parte de un municipio implique un ejercicio muy directo de observación, de control de la gestión por parte de la sociedad. Por ejemplo, sobre uno de los flagelos que deterioran hoy la seguridad: la Policía bonaerense, con toda la estela de corrupción, de connivencias con el delito que la signan. Seguramente esto no tendría la magnitud que tiene si el vecino de un municipio tuviese un servicio de seguridad gestionado por la intendencia… estaría encima de ese sistema. Todo este asunto está ya armando agenda y su debate será inevitable. Y sí, sí… me inclino en favor de abrir la gestión a los municipios.

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