“Mi viejo amigo Ignacio y sus riquezas”
Después de mucho tiempo me encontré con un viejo amigo (obviamente como yo) y nos sentamos a recordar algunas anécdotas de nuestra juventud, pero me sorprendió cuando cambiando de tema comenzó a relatar “sus vivencias”… Se llama Ignacio y él me dijo: “Hoy al levantarme supe por primera vez que era ‘millonario’. Tenía algo de comida que sobró de anoche en la heladera, un poco de ropa en el placar y, como rara vez miro hacia arriba, me di cuenta de que tenía un techo y, obvio, un lugar para dormir. Ahí sí comprendí que era más rico que el 75% de la población mundial. Recordé que los domingos salgo a la mañana por el pueblo sin miedo a ser humillado, preso, torturado o muerto, siendo más afortunado que los millones de habitantes a los que les sucede eso en muchos países. Como nunca estuve en una guerra, en la cárcel o torturado y tampoco sufrí las consecuencias del auténtico ‘hambre’, entonces estoy mejor que 500 millones de personas”. Pero al pensar en el motivo del relato, hago una pausa y saco cuentas, observando que el 12% de la población mundial es dueño de toda la riqueza de la tierra, así que formo parte del resto que está más cerca de la lona que de las cuerdas como en el boxeo. ¡Pucha digo…! No sé para qué sacar tantas cuentas si aquí en mi país de cada 100 habitantes, 20 no saben leer y escribir y otro tanto sufre de desnutrición. Vivimos en guerra con la delincuencia que nos mata como a moscas y estamos todos presos enrejados dentro de las casas. Nos trituran el cerebro todos los días por la televisión con programas decadentes para idiotizar más aún a los que quedan con capacidad débil de inteligencia. Todos, o la gran mayoría, tenemos artefactos eléctricos, pero muy poca energía eléctrica. Tenemos autos, motos, camionetas y muchas veces no hay nafta y cuando se consigue cuesta tan cara que no tenemos plata para comprarla. Para completarla y darme cuenta de que estoy fuera del sistema mundial problemático, el médico me dice que no tome nada con cafeína, no fume, no tome alcohol o tranquilizantes, así que minga de vino o cerveza. Que no me ponga nervioso y evite la tensión o el peligro que me rodea, como si viviera en la selva. Resulta que debo comprender que todos están muy ocupados para atenderme cuando necesito algo. Ah… además debo aceptar las críticas y calmar mis nervios sin medicamentos, justito lo que me hace falta para pasar las noches desvelado con los ojos abiertos como dos huevos fritos y mirando las mismas series de tevé repetidas que cuando comienzan ya sé cómo finalizan, pero no importa, soy privilegiado y vivo en el mejor país que Dios creó sobre la tierra, con mar, montañas, ríos, llanuras, esteros, praderas, microclimas, benditos animalitos, árboles, nieve, calor… mucho calor y sin aire o ventilador y, como si fuera poco, 40 millones de argentinos. Y así caminando bajito me fui despidiendo de mi viejo amigo Ignacio y madurando en mi mente cada una de las palabras relatadas pensé en que somos muchos los “Ignacio” y no se lo contamos a nadie… Ricardo Bustos, DNI 7.788.556 Capioví – Misiones
Ricardo Bustos, DNI 7.788.556 Capioví – Misiones
Después de mucho tiempo me encontré con un viejo amigo (obviamente como yo) y nos sentamos a recordar algunas anécdotas de nuestra juventud, pero me sorprendió cuando cambiando de tema comenzó a relatar “sus vivencias”... Se llama Ignacio y él me dijo: “Hoy al levantarme supe por primera vez que era ‘millonario’. Tenía algo de comida que sobró de anoche en la heladera, un poco de ropa en el placar y, como rara vez miro hacia arriba, me di cuenta de que tenía un techo y, obvio, un lugar para dormir. Ahí sí comprendí que era más rico que el 75% de la población mundial. Recordé que los domingos salgo a la mañana por el pueblo sin miedo a ser humillado, preso, torturado o muerto, siendo más afortunado que los millones de habitantes a los que les sucede eso en muchos países. Como nunca estuve en una guerra, en la cárcel o torturado y tampoco sufrí las consecuencias del auténtico ‘hambre’, entonces estoy mejor que 500 millones de personas”. Pero al pensar en el motivo del relato, hago una pausa y saco cuentas, observando que el 12% de la población mundial es dueño de toda la riqueza de la tierra, así que formo parte del resto que está más cerca de la lona que de las cuerdas como en el boxeo. ¡Pucha digo…! No sé para qué sacar tantas cuentas si aquí en mi país de cada 100 habitantes, 20 no saben leer y escribir y otro tanto sufre de desnutrición. Vivimos en guerra con la delincuencia que nos mata como a moscas y estamos todos presos enrejados dentro de las casas. Nos trituran el cerebro todos los días por la televisión con programas decadentes para idiotizar más aún a los que quedan con capacidad débil de inteligencia. Todos, o la gran mayoría, tenemos artefactos eléctricos, pero muy poca energía eléctrica. Tenemos autos, motos, camionetas y muchas veces no hay nafta y cuando se consigue cuesta tan cara que no tenemos plata para comprarla. Para completarla y darme cuenta de que estoy fuera del sistema mundial problemático, el médico me dice que no tome nada con cafeína, no fume, no tome alcohol o tranquilizantes, así que minga de vino o cerveza. Que no me ponga nervioso y evite la tensión o el peligro que me rodea, como si viviera en la selva. Resulta que debo comprender que todos están muy ocupados para atenderme cuando necesito algo. Ah... además debo aceptar las críticas y calmar mis nervios sin medicamentos, justito lo que me hace falta para pasar las noches desvelado con los ojos abiertos como dos huevos fritos y mirando las mismas series de tevé repetidas que cuando comienzan ya sé cómo finalizan, pero no importa, soy privilegiado y vivo en el mejor país que Dios creó sobre la tierra, con mar, montañas, ríos, llanuras, esteros, praderas, microclimas, benditos animalitos, árboles, nieve, calor... mucho calor y sin aire o ventilador y, como si fuera poco, 40 millones de argentinos. Y así caminando bajito me fui despidiendo de mi viejo amigo Ignacio y madurando en mi mente cada una de las palabras relatadas pensé en que somos muchos los “Ignacio” y no se lo contamos a nadie... Ricardo Bustos, DNI 7.788.556 Capioví - Misiones
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