Jurado los halló culpables del crimen en San Martín

Matías Castillo y José Rodríguez fueron considerados coautores del cruel asesinato de Sergio Carrasco, que conmocionó la ciudad hace un año.

Redacción

Por Redacción

POLICIALES

Un jurado de doce integrantes declaró anoche a Matías Castillo y José Rodríguez “coautores de homicidio doblemente agravado por el concurso premeditado de dos o más personas y con alevosía” por el salvaje homicidio a puñaladas del vecino sanmartinense Sergio Carrasco, ocurrido el 30 de julio de 2013 en el barrio Cordones del Chapelco.

Los acusados y una pareja de menores, que permanecen en régimen de libertad asistida y podrían enfrentar proceso, fueron protagonistas de una salvaje pelea a golpes, piedras y cuchilladas, que comenzó con la persecución por las calles del plan 120 Viviendas del hijo de la víctima, Víctor Carrasco, y continuó con el malogrado padre cuando el grupo le dio alcance y la emprendió a pedradas contra su casa.

Carrasco salió a defender a su familia y propiedad, y recibió primero una andanada de golpes. Logró rehacerse y volver a la casa para armarse de un hierro con el que repeler el ataque. Fue entonces cuando se produjo un segundo enfrentamiento del que resultó mortalmente herido, con dos cuchilladas intercostales.

Frente al pleno del jurado civil y ante el juez Mauricio Zabala, el fiscal Fernando Rubio dio por probado el delito imputado a Castillo y a Rodríguez, ambos como coautores de homicidio doblemente agravado por alevosía y en concurso premeditado. En su alegato explicó que tres testigos vieron empuñar el arma blanca a Castillo contra la humanidad de Carrasco, mientras Rodríguez y uno de los menores involucrados le sostenían las manos y el hierro para desarmarlo y ponerlo en estado de indefensión.

Del mismo modo, enfatizó sobre la base del informe forense la alevosía con la que se cometió el hecho, la desigualdad del ataque y la intención deliberada de matar. Subrayó que una de las menores que participaron de la agresión dijo al hijo del infortunado vecino, Víctor Carrasco: “viste, matamos a tu viejo y a vos te va a pasar lo mismo”.

También dio por probado con los testimonios durante tres días de audiencias, que Castillo arrojó una sevillana o puñal y que Rodríguez le conminó a recuperar el arma homicida para evitar ser incriminado.

Pero las defensas ofrecieron una versión distinta de los hechos, de la valoración de la prueba y de la mismísima credibilidad de los testigos.

Bernardo Areco, defensor oficial de José Rodríguez, expuso que su cliente participó de la pelea, pero no del acto de matar, por lo que no debía ser considerado como coautor de homicidio. También objetó la supuesta desigualdad de la disputa, al recordar que Carrasco era un hombre bien alimentado, fornido y estaba armado con un hierro en la apuntada segunda parte de la pelea.

Para contrastarlo usó una figura polémica: “en un barrio bravo, difícil, mi defendido hizo lo que sabe hacer, pelear, pero no mató; mi defendido no es un homicida, es un ‘salame’ que estuvo en el lugar equivocado”.

Finalmente Ríos Iñíguez, patrocinante de Castillo, relativizó las testimoniales e hizo pie en la evidencia del testigo “principal”: el cuerpo de la víctima y las conclusiones del forense. En ese sentido, advirtió que las heridas fatales en el cadáver de Carrasco eran de una profundidad y de un ancho incompatible con la supuesta sevillana o navaja que los testigos vieron en manos de Castillo. Introdujo así la teoría de un segundo cuchillo, y la imposibilidad de determinar quién fue el autor real y, por tanto, material de la muerte.

Así, al igual que Areco, solicitó la absolución de su defendido pero introdujo una figura subsidiaria, pues en el caso de que se lo hallase culpable pidió que se le adjudicase “homicidio en riña”, que implica el concurso de varias personas entre las que no se puede identificar al autor del hecho.

Naturalmente, la pena es menor.

Tras más de dos horas de deliberaciones, los jurados finalmente arribaron al veredicto de culpabilidad, considerando agravantes el concurso de dos o más personas y la alevosía demostrada en el ataque.

Ahora, ambos jóvenes podrían enfrentar una pena de prisión perpetua, según lo determine el juez.

Agencia Junin de los Andes.-


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