“Cuando el pueblo clamó por justicia”
La democracia republicana implica la división de los poderes del Estado y, sustancialmente, la presencia de un departamento de Justicia donde fiscales y jueces se desempeñen de manera absolutamente independiente, sin estar sujetos a ningún tipo de presiones ni sometimientos, de manera tal que lo dictaminado o resuelto sea ni más ni menos que aquello que la ley prescribe como lo que debe ser en el caso concreto llevado a conocimiento y decisión del ministerio público y magistrados. Cuando ocurre lo expuesto en el párrafo precedente, la Justicia brilla en todo su esplendor, los hombres se regocijan en la certeza de que sus bienes y derechos están debidamente resguardados y serán resarcidos con equidad cuando ellos sean lesionados o vulnerados por terceros que los afecten contrariando la Constitución y las leyes. Por ello la Justicia independiente es el bien más preciado en la vida de los ciudadanos y una virtud imprescindible para que las sociedades evolucionen, se desarrollen en plenitud y pacíficamente, para que la igualdad consagrada en la Carta Magna no sea sólo una expresión de deseo sino la más concreta realidad por la acción de hombres y mujeres que, integrando el Poder Judicial, den a cada uno lo suyo. Es manifiesto que en la Argentina, tanto a nivel nacional como provincial, la independencia judicial no existe y, salvo raras excepciones –que cuando se detectan son inmediatamente expulsados del cargo que ocupan por el poder político–, jueces y fiscales se someten impúdicamente a la voluntad del titular del Poder Ejecutivo –presidente o gobernador– ejerciendo sus roles parcialmente, lo que es tolerado por un pueblo resignado a la injusticia. Por eso este 18 de junio fue un día mágico, pues en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires miles de personas se reunieron frente al edificio del Ministerio Público de la Nación y marcharon por la Avenida de Mayo clamando la restitución en el cargo del fiscal José María Campagnoli, hombre probo si los hay, suspendido por investigar al poder, por desempeñarse bien y lealmente, por actuar en la verdad y la ley por encima de cualquier presión, por hacer valer su condición de orejano, de no tener dueño en el ejercicio de su magno rol, por defender hasta las últimas instancias la independencia judicial. Conmovedor y destacable, una expresión multitudinaria histórica, el pueblo harto de la arbitrariedad y la corrupción dijo de manera clara y fuerte que la Justicia será independiente o no será, que no permitirán que la manda constitucional que garantiza un Poder Judicial desempeñado por hombres probos y libres sea vulnerada, que fiscales y jueces sometidos y cobardes nunca más. Héctor Luis Manchini, DNI 7.779.947 San Martín de los Andes
Héctor Luis Manchini, DNI 7.779.947 San Martín de los Andes
La democracia republicana implica la división de los poderes del Estado y, sustancialmente, la presencia de un departamento de Justicia donde fiscales y jueces se desempeñen de manera absolutamente independiente, sin estar sujetos a ningún tipo de presiones ni sometimientos, de manera tal que lo dictaminado o resuelto sea ni más ni menos que aquello que la ley prescribe como lo que debe ser en el caso concreto llevado a conocimiento y decisión del ministerio público y magistrados. Cuando ocurre lo expuesto en el párrafo precedente, la Justicia brilla en todo su esplendor, los hombres se regocijan en la certeza de que sus bienes y derechos están debidamente resguardados y serán resarcidos con equidad cuando ellos sean lesionados o vulnerados por terceros que los afecten contrariando la Constitución y las leyes. Por ello la Justicia independiente es el bien más preciado en la vida de los ciudadanos y una virtud imprescindible para que las sociedades evolucionen, se desarrollen en plenitud y pacíficamente, para que la igualdad consagrada en la Carta Magna no sea sólo una expresión de deseo sino la más concreta realidad por la acción de hombres y mujeres que, integrando el Poder Judicial, den a cada uno lo suyo. Es manifiesto que en la Argentina, tanto a nivel nacional como provincial, la independencia judicial no existe y, salvo raras excepciones –que cuando se detectan son inmediatamente expulsados del cargo que ocupan por el poder político–, jueces y fiscales se someten impúdicamente a la voluntad del titular del Poder Ejecutivo –presidente o gobernador– ejerciendo sus roles parcialmente, lo que es tolerado por un pueblo resignado a la injusticia. Por eso este 18 de junio fue un día mágico, pues en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires miles de personas se reunieron frente al edificio del Ministerio Público de la Nación y marcharon por la Avenida de Mayo clamando la restitución en el cargo del fiscal José María Campagnoli, hombre probo si los hay, suspendido por investigar al poder, por desempeñarse bien y lealmente, por actuar en la verdad y la ley por encima de cualquier presión, por hacer valer su condición de orejano, de no tener dueño en el ejercicio de su magno rol, por defender hasta las últimas instancias la independencia judicial. Conmovedor y destacable, una expresión multitudinaria histórica, el pueblo harto de la arbitrariedad y la corrupción dijo de manera clara y fuerte que la Justicia será independiente o no será, que no permitirán que la manda constitucional que garantiza un Poder Judicial desempeñado por hombres probos y libres sea vulnerada, que fiscales y jueces sometidos y cobardes nunca más. Héctor Luis Manchini, DNI 7.779.947 San Martín de los Andes
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