“El descrédito de la política”
“La política (del latín “politicus”, y relativo al ordenamiento de la ciudad o los asuntos del ciudadano) es una rama de la moral que se ocupa de la actividad en virtud de la cual una sociedad libre, compuesta por hombres libres, resuelve los problemas que le plantea su convivencia colectiva. Es un quehacer ordenado al bien común”. (Wikipedia) La definición precedente nada tiene que ver con el ejercicio de la política en los tiempos presentes de Argentina, donde la política no es más que un buen negocio para astutos sin escrúpulos que engañando al pueblo con promesas que jamás se cumplen acceden al poder para enriquecerse impúdicamente, procurando el beneficio personal y el de sus amigos, parientes y referentes, en detrimento del bienestar general que manda la Constitución Nacional desde su preámbulo. Lamentable, sin duda, pero el descrédito de la política nace del abuso de poder de aquellos que habiendo sido elegidos confiada y esperanzadamente por el pueblo para que lo representen en el marco de la democracia indirecta y republicana que mandan los artículos 1, 17, 33 y concordantes de la Carta Magna, uno tras otro se han encargado de violar el mandato conferido por el soberano, imponiendo regímenes clientelares donde el poder es ejercido por una sola mano con el consentimiento cómplice y violatorio del artículo 29 de la ley de leyes que convierte a los legisladores en infames traidores a la patria y a jueces en un rebaño de ovejas que sentencian aquello que la voluntad del amo ordena y prestos a castigar al magistrado que se anime a apartarse del rebaño. Realmente triste que no se haya aprendido nada. Recuerdo que en tiempos de estudiante universitario, cuando pasaba frente al Congreso ignominiosamente cerrado por el régimen militar de turno, en mi íntima rebeldía me decía: ¡Ya vendrán hombres valientes y honestos que harán abrir sus puertas, que debatirán con libertad y grandeza los grandes temas nacionales! ¡Políticos que realizarán la democracia republicana! Fantasías de un joven imberbe. Los hechos me demostraron que, salvo la valentía y decencia del doctor Arturo Humberto Illía, no existió en mis 67 años de vida nada respetable en política, sólo embaucadores y mediocres que usaron la noble actividad tan emparentada con la ética y la moral para incrementar sus patrimonios con notable celeridad. Héctor Luis Manchini DNI 7.779.947 San Martín de los Andes
Héctor Luis Manchini DNI 7.779.947 San Martín de los Andes
“La política (del latín “politicus”, y relativo al ordenamiento de la ciudad o los asuntos del ciudadano) es una rama de la moral que se ocupa de la actividad en virtud de la cual una sociedad libre, compuesta por hombres libres, resuelve los problemas que le plantea su convivencia colectiva. Es un quehacer ordenado al bien común”. (Wikipedia) La definición precedente nada tiene que ver con el ejercicio de la política en los tiempos presentes de Argentina, donde la política no es más que un buen negocio para astutos sin escrúpulos que engañando al pueblo con promesas que jamás se cumplen acceden al poder para enriquecerse impúdicamente, procurando el beneficio personal y el de sus amigos, parientes y referentes, en detrimento del bienestar general que manda la Constitución Nacional desde su preámbulo. Lamentable, sin duda, pero el descrédito de la política nace del abuso de poder de aquellos que habiendo sido elegidos confiada y esperanzadamente por el pueblo para que lo representen en el marco de la democracia indirecta y republicana que mandan los artículos 1, 17, 33 y concordantes de la Carta Magna, uno tras otro se han encargado de violar el mandato conferido por el soberano, imponiendo regímenes clientelares donde el poder es ejercido por una sola mano con el consentimiento cómplice y violatorio del artículo 29 de la ley de leyes que convierte a los legisladores en infames traidores a la patria y a jueces en un rebaño de ovejas que sentencian aquello que la voluntad del amo ordena y prestos a castigar al magistrado que se anime a apartarse del rebaño. Realmente triste que no se haya aprendido nada. Recuerdo que en tiempos de estudiante universitario, cuando pasaba frente al Congreso ignominiosamente cerrado por el régimen militar de turno, en mi íntima rebeldía me decía: ¡Ya vendrán hombres valientes y honestos que harán abrir sus puertas, que debatirán con libertad y grandeza los grandes temas nacionales! ¡Políticos que realizarán la democracia republicana! Fantasías de un joven imberbe. Los hechos me demostraron que, salvo la valentía y decencia del doctor Arturo Humberto Illía, no existió en mis 67 años de vida nada respetable en política, sólo embaucadores y mediocres que usaron la noble actividad tan emparentada con la ética y la moral para incrementar sus patrimonios con notable celeridad. Héctor Luis Manchini DNI 7.779.947 San Martín de los Andes
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