“La violencia cotidiana”

Redacción

Por Redacción

Todos los días oímos hablar de la inseguridad, la inflación, la corrupción… La violencia también se ha convertido en parte de nuestra vida cotidiana; ya no nos asombra encontrarla en la calle, en las escuelas, en nuestras casas. Hemos aceptado como normales los males cotidianos y nos hemos insensibilizado ante las noticias. Es fácil criticar al gobierno o atribuir responsabilidades a jueces o funcionarios, pero más fácil es caer en la desidia de ver la desgracia como ajena. Sin una sociedad que mira para otro lado no se pueden explicar los niveles de impunidad en Argentina. Tampoco podemos culpar de nuestros problemas a la crisis; la economía debe estar al servicio del hombre, no al revés. En la declaración “Felices los que trabajan por la paz”, obispos argentinos revelaron que “Argentina está enferma de violencia”, violencia que sufren no sólo las víctimas, sino también los que la practican; es un flagelo que afecta a todos. El papa Francisco, en la carta a los participantes del XIX Congreso Internacional de Derecho Penal, señala que “se trata de hacer justicia a la víctima, no de ajusticiar al agresor”. “La experiencia nos dice que el aumento y endurecimiento de las penas con frecuencia no resuelve los problemas sociales ni logra disminuir los índices de delincuencia”. Para sanar las profundas heridas de esta sociedad es necesario dejar de pagar con mal al mal. La ley y la Justicia deben ser valores absolutos; es preciso conciliar las diferencias entre lo que dice la ley y lo que hace la Justicia. Contamos con numerosos estatutos, tratados y convenciones sobre derechos humanos e igualdad de género para trabajar en justicia y paz por una sociedad más equitativa y libre de violencias. Marcos Zelada, DNI 26.089.209 Salta

Marcos Zelada, DNI 26.089.209 Salta


Todos los días oímos hablar de la inseguridad, la inflación, la corrupción... La violencia también se ha convertido en parte de nuestra vida cotidiana; ya no nos asombra encontrarla en la calle, en las escuelas, en nuestras casas. Hemos aceptado como normales los males cotidianos y nos hemos insensibilizado ante las noticias. Es fácil criticar al gobierno o atribuir responsabilidades a jueces o funcionarios, pero más fácil es caer en la desidia de ver la desgracia como ajena. Sin una sociedad que mira para otro lado no se pueden explicar los niveles de impunidad en Argentina. Tampoco podemos culpar de nuestros problemas a la crisis; la economía debe estar al servicio del hombre, no al revés. En la declaración “Felices los que trabajan por la paz”, obispos argentinos revelaron que “Argentina está enferma de violencia”, violencia que sufren no sólo las víctimas, sino también los que la practican; es un flagelo que afecta a todos. El papa Francisco, en la carta a los participantes del XIX Congreso Internacional de Derecho Penal, señala que “se trata de hacer justicia a la víctima, no de ajusticiar al agresor”. “La experiencia nos dice que el aumento y endurecimiento de las penas con frecuencia no resuelve los problemas sociales ni logra disminuir los índices de delincuencia”. Para sanar las profundas heridas de esta sociedad es necesario dejar de pagar con mal al mal. La ley y la Justicia deben ser valores absolutos; es preciso conciliar las diferencias entre lo que dice la ley y lo que hace la Justicia. Contamos con numerosos estatutos, tratados y convenciones sobre derechos humanos e igualdad de género para trabajar en justicia y paz por una sociedad más equitativa y libre de violencias. Marcos Zelada, DNI 26.089.209 Salta

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