“Crisol de razas”

Redacción

Por Redacción

El ciudadano común en nuestro país es una persona cómoda, un tanto holgazana, porque desde siempre encontró facilidades para vivir relativamente bien sin mayor esfuerzo. Lo expresado no es sencillo de explicar pero se puede intentar comprender recordando hechos históricos ocurridos a consecuencia de los gobiernos de Mitre, Sarmiento y Roca con prolongación hasta aproximadamente la mitad del siglo XX. Los inmigrantes de fines del siglo XIX y principios del XX eran mayormente de origen europeo y por distintos motivos fueron empujados hacia estas lejanas tierras. Una primera causa, gestada por los presidentes mencionados, podría atribuirse al requerimiento de nuestro país de profesionales y especialistas para desarrollar las tecnologías y progresos que alumbraban en el hemisferio norte a finales del siglo XIX. Posteriormente otras corrientes inmigratorias en la primera mitad del siglo XX pueden adjudicarse al ambiente guerrero al que estuvieron sometidos los países europeos, que favoreció la expulsión de miles de ciudadanos hacia las Américas. La mayoría provenía del centro-este de Europa y de países con litoral mediterráneo. El fenómeno continuó hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Los hijos de esos “gringos”, como se los llamaba, crecieron en un ambiente de relativa abundancia en razón de que el tesón y las habilidades de los europeos radicados en el generoso país les permitieron lograr muy buenos resultados. Argentina era un país productor de alimentos y materia prima con saldo exportador muy favorable. Los rápidos progresos económicos encendieron la mecha del facilismo propicio para que la ambiciosa clase política, dotada de “viveza criolla”, pusiera en práctica el clientelismo demagógico sin ninguna dificultad para colocarse en la cúspide política y social Ésos fueron los argentinos “crisol de razas”, como se acostumbró decir, que tomaron conciencia de que sin mucho esfuerzo se podían lograr buenos resultados económicos, y si se utilizaba una pizca de picardía mejor. El extenso y rico territorio permitió que las iniciativas, sin distingos ni diferencias de género, etnias ni religión tuvieran éxito económico sin mucho esfuerzo. Ello condujo a la actitud anodina de una gran mayoría que se conforma con vivir cómoda prescindiendo de las obligaciones ciudadanas exigidas para una sana democracia, sin percibir que ceden los derechos a favor de quienes se autodefinen dirigentes políticos. El resultado es la exigua renta para vastos sectores, creciente en el tiempo, que sacuden su modorra con manifestaciones cada vez más violentas con forma de tomas, cortes de ruta, asaltos masivos a supermercados y alteración del escaso orden social. Omar A. González, DNI 5.749.340 Neuquén

Omar A. González, DNI 5.749.340 Neuquén


El ciudadano común en nuestro país es una persona cómoda, un tanto holgazana, porque desde siempre encontró facilidades para vivir relativamente bien sin mayor esfuerzo. Lo expresado no es sencillo de explicar pero se puede intentar comprender recordando hechos históricos ocurridos a consecuencia de los gobiernos de Mitre, Sarmiento y Roca con prolongación hasta aproximadamente la mitad del siglo XX. Los inmigrantes de fines del siglo XIX y principios del XX eran mayormente de origen europeo y por distintos motivos fueron empujados hacia estas lejanas tierras. Una primera causa, gestada por los presidentes mencionados, podría atribuirse al requerimiento de nuestro país de profesionales y especialistas para desarrollar las tecnologías y progresos que alumbraban en el hemisferio norte a finales del siglo XIX. Posteriormente otras corrientes inmigratorias en la primera mitad del siglo XX pueden adjudicarse al ambiente guerrero al que estuvieron sometidos los países europeos, que favoreció la expulsión de miles de ciudadanos hacia las Américas. La mayoría provenía del centro-este de Europa y de países con litoral mediterráneo. El fenómeno continuó hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Los hijos de esos “gringos”, como se los llamaba, crecieron en un ambiente de relativa abundancia en razón de que el tesón y las habilidades de los europeos radicados en el generoso país les permitieron lograr muy buenos resultados. Argentina era un país productor de alimentos y materia prima con saldo exportador muy favorable. Los rápidos progresos económicos encendieron la mecha del facilismo propicio para que la ambiciosa clase política, dotada de “viveza criolla”, pusiera en práctica el clientelismo demagógico sin ninguna dificultad para colocarse en la cúspide política y social Ésos fueron los argentinos “crisol de razas”, como se acostumbró decir, que tomaron conciencia de que sin mucho esfuerzo se podían lograr buenos resultados económicos, y si se utilizaba una pizca de picardía mejor. El extenso y rico territorio permitió que las iniciativas, sin distingos ni diferencias de género, etnias ni religión tuvieran éxito económico sin mucho esfuerzo. Ello condujo a la actitud anodina de una gran mayoría que se conforma con vivir cómoda prescindiendo de las obligaciones ciudadanas exigidas para una sana democracia, sin percibir que ceden los derechos a favor de quienes se autodefinen dirigentes políticos. El resultado es la exigua renta para vastos sectores, creciente en el tiempo, que sacuden su modorra con manifestaciones cada vez más violentas con forma de tomas, cortes de ruta, asaltos masivos a supermercados y alteración del escaso orden social. Omar A. González, DNI 5.749.340 Neuquén

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