“‘Aloz’ con leche”

Redacción

Por Redacción

Conozco personas que se jubilaron en unos ciento cincuenta días. Mis trámites, en cambio, ya llevan dos mil quinientos cincuenta y cinco días en manos del sistema previsional. Son más de siete años. Esta espera se interrumpió por la llegada, meses atrás, de la ansiada jubilación, pero vino por sólo uno de los tres colegios donde ejerzo, y esto determina que todos los días deba ir a dos institutos en turno tarde y noche para dar clases. Superando siempre el máximo de horas cátedra permitidas, mis aportes previsionales acumulan más de 45 años, y el 17 de marzo cumpliré 73 años. Durante esta larga espera, la contadora, mi esposa y yo hicimos todas las apelaciones imaginables al sistema, incluyendo a uno de los colaboradores más cercanos a Scioli. La respuesta previsible fue que, por supuesto, se iban a ocupar; pero los hechos confirman que no tenían el propósito de molestarse en corregir una injusticia que no les afectaba a ellos o a sus amigos. ¿Cómo puede ser que en la era de la informática un trámite con un único número de expediente se divida y tenga este desenlace? ¿Será que alguien que me conoce quiere castigarme porque no me gusta el “aloz” y no soy de “La Cámpola”? Ya no tengo a quien recurrir aquí, en la Argentina, que me merezca credibilidad. Fuera del país tal vez podría darme una mano el operador diplomático de Scioli ante el Vaticano, el señor A.O.C., amigo personal del papa Francisco y mi compañero de estudios docentes. Pero termino preguntándome: ¿Será necesario tanto ridículo para lograr que se cumplan las leyes? ¿Estoy pidiendo un favor indebido o reclamando un derecho innegable? Si los hechos se imponen sobre los derechos, estamos volviendo a la barbarie. Humberto Guglielmin DNI 10.401.180 – Bahía Blanca

Humberto Guglielmin DNI 10.401.180 – Bahía Blanca


Conozco personas que se jubilaron en unos ciento cincuenta días. Mis trámites, en cambio, ya llevan dos mil quinientos cincuenta y cinco días en manos del sistema previsional. Son más de siete años. Esta espera se interrumpió por la llegada, meses atrás, de la ansiada jubilación, pero vino por sólo uno de los tres colegios donde ejerzo, y esto determina que todos los días deba ir a dos institutos en turno tarde y noche para dar clases. Superando siempre el máximo de horas cátedra permitidas, mis aportes previsionales acumulan más de 45 años, y el 17 de marzo cumpliré 73 años. Durante esta larga espera, la contadora, mi esposa y yo hicimos todas las apelaciones imaginables al sistema, incluyendo a uno de los colaboradores más cercanos a Scioli. La respuesta previsible fue que, por supuesto, se iban a ocupar; pero los hechos confirman que no tenían el propósito de molestarse en corregir una injusticia que no les afectaba a ellos o a sus amigos. ¿Cómo puede ser que en la era de la informática un trámite con un único número de expediente se divida y tenga este desenlace? ¿Será que alguien que me conoce quiere castigarme porque no me gusta el “aloz” y no soy de “La Cámpola”? Ya no tengo a quien recurrir aquí, en la Argentina, que me merezca credibilidad. Fuera del país tal vez podría darme una mano el operador diplomático de Scioli ante el Vaticano, el señor A.O.C., amigo personal del papa Francisco y mi compañero de estudios docentes. Pero termino preguntándome: ¿Será necesario tanto ridículo para lograr que se cumplan las leyes? ¿Estoy pidiendo un favor indebido o reclamando un derecho innegable? Si los hechos se imponen sobre los derechos, estamos volviendo a la barbarie. Humberto Guglielmin DNI 10.401.180 - Bahía Blanca

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora