Gianni Vattimo: “Seguí, seguí, hay que decirle a Francisco”
Lleva más de 30 años visitando la Argentina. Acaba de participar del Foro Internacional por la Emancipación y la Igualdad. Y fue una de las figuras más escuchadas de la reunión, de la que participaron, entre otros, Noam Chomsky y el teólogo Leonardo Boff.
Entrevista al filósofo católico italiano
– Por lo que deslizo en su conferencia, sigue siendo cristiano…
– Bueno, cristiano a mi modo. Cristiano entendiendo que se está ahí para un mundo mejor, para ayudar a pensar que es posible un mundo para todos, más justo… Un mundo que se puede lograr…
– Tuvo prevenciones sobre el rol que podría cumplir el papa Francisco.
– Prevenciones, no. Lo que sí dije en su momento, más concretamente en los primeros tiempos de su papado, fue que era necesario esperar para reflexionar sobre sus decisiones…
– Usted ha dicho que Francisco rescató a la Iglesia del camino al suicidio por el que transitaba ésta.
– Enfrenta muchos intereses, enemigos, más de adentro mismo de la Iglesia -El Vaticano- que desde afuera.
– ¿Cómo definir lo que bien podría llamarse la consigna de su buen combate?
– Volver a la comunidad. Él ha puesto a la Iglesia en retorno activo, rápido, dinámico, hacia la comunidad. No es un camino fácil, insisto… e incluso seguramente para recorrerlo, y seguir haciéndolo, seguramente enfrentó y enfrenta problemas que no trascienden… que no nos imaginamos…
– ¿Pero qué es volver a la comunidad? ¿Cuál su sustancia?
– Buscar a la gente no para levantar la vara con una lectura ortodoxa, terminante en términos de exigencias, de por ejemplo los dogmas o las sagradas escrituras….
– ¿La Iglesia castigadora blandiendo miedos?
– Puede ser visto así… sí, sí. La Iglesia se suicidaba siguiendo ese camino ante una comunidad que muda, cambia. Y Francisco fue por ese lado: mirar a la gente sin la severidad, bajando a su terreno, a buscarla diciéndole estamos juntos, vengo a ayudar, a entender, a comprender… No vengo a retarlos, a penalizarlos. Soy uno más en la lucha por la vida, por la justicia.
– En usted mismo, creyente, ¿cómo opera el estilo y los contenidos del papado de Francisco?
– Me entusiasman, claro. Siempre digo que creo que ahora tengo más entusiasmo para creer.
– ¿Se estaba alejando?
– No, creyente iba a seguir siendo. Mis convencimientos en esta materia trascienden las ortodoxias y dogmatismos con que ejercía poder El Vaticano hasta la llegada de Francisco. Pero no es menos cierto que siempre estaba acosado por un interrogante: ¿qué tengo en común yo con este Vaticano? ¿Con Juan Pablo II o Ratzinger, por ejemplo?
– Leí en una oportunidad que Ratzinger le generó desilusión…
– No, no es así. Pero conociendo a la Iglesia, sabía desde qué espacio llegaba Ratzinger a papa. Era, es, aunque hoy esté en retiro, un teólogo de mucha proyección, mucho contenido. Y porque conocía muy bien los problemas que enfrentaba la Iglesia al no oxigenarse, al no abrir las ventanas… bueno, en un momento pensé que sí, que quizá él se encargaría de poner en marcha una apertura de miradas, como lo está haciendo Francisco, pero…
– ¿Diagnóstico errado?
– Y… se afirmó en la ortodoxia. Clavó a la Iglesia más de lo clavada que estaba, en materia de ortodoxias, dogmatismos. Le siguió acreditando un rol más docente desde ese entramado, que de militante a favor de la vida, incluso con quienes no piensan como la Iglesia… La siguió encerrando.
– ¿Está de acuerdo con que las mujeres sean curas?
– Absolutamente. ¿Por qué no?
– ¿Y por qué sí?
– ¿En nombre de qué razón, de qué argumento sólido, se les puede prohibir ese derecho? ¡En nombre de ninguno!
– En un momento de su vida como catedrático, públicamente dijo que era gay. ¿Cómo recuerda la polvareda que siguió?
– No sé si hubo tanta. Hubo de todo. Ya es historia. Pero siempre tuve en claro que mi decisión tenía que estar relacionada con algo a lo cual no renunciaré jamás: luchar a favor de la dignidad humana, de una sincera y auténtica vida. Defender la libertad, defender el derecho a la diferencia, arremeter contra los estigmas… Por eso es muy importante incluso -y volviendo sobre Francisco- la mirada que tiene, por ejemplo, sobre la homosexualidad, el reconocimiento en que colocó ese plano de la vida… Eso es avanzar hacia una de las cuestiones más bárbaras del Vaticano: su homofobia.
– Años atrás, en la Feria del Libro, ante una sala llena como pocas veces había sucedido en ese evento, dijo que un sello muy fuerte de este comienzo de siglo, era el “debilitamiento de los conceptos absolutos”. ¿Esta tendencia se acentúa?
– Sí, y mucho. Es uno de los datos más esenciales a computar a la hora de reflexionar sobre por dónde marcha y va el mundo. Ya no hay verdades absolutas, terminantes para definir el destino de los seres humanos…
– ¿Qué le diría a Francisco, vino de por medio?
– Yo tendría que hacer un esfuerzo, tomo poco. Le diría algo sencillo: “Seguí, seguí”, eso hay que decirle a Francisco.
– ¿Sigue rezando todas las noches?
– No sé si todas, pero rezo… sí, sí, rezo.
– ¿Jamás encontró contradicción entre el ser filósofo y ser creyente?
– No. Ayudo a pensar desde ambos espacios.
Convicciones
Turinés, nacido en 1936. Profesor de Estética y Filosofía, enseñó por años en la Universidad de Turín. Es una referencia de intensa proyección en el pensamiento europeo. Consolidó su formación en la universidad alemana de Heilderberg, y tradujo al italiano parte importante de la obra de Heidegger, a cuyo pensamiento y al de Nietzsche ha dedicado gran parte de su tarea investigativa. Publicó, entre otros trabajos, “Introducción a Heidegger”, “El sujeto y la máscara. Nietzsche y el problema de la liberación”, “Dialéctica, diferencia y pensamiento débil”, “El fin de la modernidad. Nihilismo y hermenéutica en la cultura posmoderna”.
Vattimo, católico, exmiembro del Parlamento Europeo por Izquierda Republicana de Italia, viene a Argentina desde hace más de 30 años.
Las que siguen son definiciones del catedrático formuladas a lo largo de la última década. Reflejan, sintéticamente, mucho de su pensamiento sobre las ideologías y la política en general. Veamos:
* “Que la derecha sea racista, generalmente, es natural porque se trata de disfrutar de la diferencia. La derecha no tiene problemas de valores, y la izquierda tiene el problema de decidir entre todos el valor de la cultura. Es decir, de oponerse a la exaltación de las diferencias naturales”.
* “¿Por qué no estoy de acuerdo con la derecha? Porque básicamente me interesa la relación con el otro; la izquierda siempre es igualitaria en ese sentido, por ejemplo radicalizando incluso el principio liberal de la competencia, decir: “bueno, competimos, pero por favor, deportivamente”.
* “La exaltación de las leyes de mercado es una cultura naturalista, es decir, hay leyes del mercado porque el mercado funciona así, no nos ponemos a preguntar cómo empezó esta situación”.
* “Cuando hablo de naturalismo de la derecha, es un pretendido naturalismo, una ideología que naturaliza las condiciones históricas sin preguntarse por qué se nace, por ejemplo”.
* “Las crisis, como la última financiera, no dan lugar a transformación sino a la restauración, se refinancian los bancos para que empiecen a hacer más de la política que conduce a la crisis”.
* “No hay una única manera de describir objetivamente los hechos. La verdad sobre lo que sucede, sobre las cosas, depende del lugar que se ocupe para interpretar lo que ocurre, depende del entramado social que se ocupa. Decimos que algo es verdadero porque partimos de unos datos previos que nos conducen a defender que eso es así. No hay una única manera de describir objetivamente los hechos y para acercarse a lo que ocurre pueden servir muchos puntos de vista”.
* “Churchill decía que la democracia es el menos malo de los sistema políticos. Así que no hay más remedio que luchar democráticamente para mejorar la democracia”
CARLOS TORRENGO
carlostorrengo@hotmail.com
CARLOS TORRENGO
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