Cosas de padres
Columna semanal
La Peña
Eso de que los padres tienen explicación racional para todo es muy relativo. Tanto que ante situaciones simples que merecen una explicación, muchos de ellos optan por aplicar la autoridad y lo resuelven con la famosa frase “porque soy tu padre/madre”.
Mi padre tenía una manía que nunca supo explicar con argumentos válidos. Decía siempre y hasta el cansancio que “los chicos no toman soda” y cuando uno le preguntaba por qué siempre decía “la soda es para los grandes”. Alguna vez pensé que se trataba de una cuestión de economía, que como los chicos muchas veces no tienen límites con la bebida, tal vez se trataba de preservar el bolsillo y les dejaba a los menores sólo la opción del agua.
Un día, atento a la constante directiva de que los chicos no toman soda, me adelanté y pagué al sodero el importe total de los sifones que dejaba en casa, de manera que los chicos pudieran tomar soda sin mayores reproches. Y la sugerencia fue la misma, los chicos no toman soda.
Ante la pregunta del por qué, nunca conseguí una respuesta acorde.
Un amigo me contó que su padre le tenía dicho que no quería verlo en primera fila en las fotos de los cumpleaños a los que asistía. “Nada de verte al lado de la torta como si estuvieras desesperado por comer y menos tapando al cumpleañero”.
En realidad lo que mi amigo quería era estar cerca del que cumplía en la fiesta y le encantaba salir en las fotos. Pero claro, como los padres se conocían, a los pocos días las fotos se mostraban, porque para eso se sacaban, y él quedaba expuesto, sumamente expuesto.
A la próxima fiesta no sólo venía la recomendación sino también el reproche por las fotos anteriores en las que aparecía muy sonriente al lado del dueño de la fiesta. Y para colmo de males, en una aparecía tomando de un enorme vaso una buena cantidad de gaseosa.
A veces el castigo era nada menos que perderse la próxima fiesta, de modo que rápido de reflejos tomó nota del disgusto que le provocaba a su padre y cada vez que veía un fotógrafo, en ese tiempo fácilmente identificable, se corría y evitaba problemas.
Imaginé los problemas que tendría hoy con la cantidad de medios digitales que permiten tomar fotografías y difundirlas rápidamente. Un simple celular serviría para ponerlo en evidencia.
Otro era el hijo del peluquero. En una casa de papá peluquero, el estar bien presentados era inevitable, de manera que se había establecido cierta rutina cada día. Entre la casa y la peluquería había apenas unas cuadras y lo establecido era que cada día al levantarse los tres hermanos debían pasar por la peluquería
para que su padre los viera que estaban bien peinados.
No era posible que sus hijos, siendo él peluquero, anduvieran por la vida mal peinados. Por eso la exigencia, aunque el entorno nunca lo entendiera y aunque resultara tedioso cada día ir a la peluquería para pasar el control.
Una cosa que nos tenían prohibido era hacer globos con los chicles. Estaban de moda los jirafa, unos largos que permitían hacer globos del tamaño de un globo terráqueo, de esos que había en las escuelas. Y a escondidas los comprábamos. Pero fue hasta que un día uno se reventó y quedó tan pegado en el pelo que tuvieron que mandarnos de inmediato a la peluquería. Ese día se terminó la recomendación y pasó a ser una orden.
La palabra prohibido era palabra santa, aunque admito que de tanto en tanto nos “olvidábamos de las órdenes”
Cada padre tenía, tiene y tendrá sus mañas, muchas de ellas sin explicación, pero basadas en la autoridad, ahora un poco más desdibujada, pero que en otros tiempos era tan firme que había que cumplir.
Jorge Vergara
jvergara@rionegro.com.ar
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