Presidentas en el punto de mira
Irene Ayuso Morillo (*)
Según la última evaluación sobre el índice de popularidad de los presidentes latinoamericanos realizada por la consultora mexicana Mitofsky a partir de encuestas publicadas en los respectivos países, las tres jefas de Estado Cristina Fernández, en Argentina; Michelle Bachelet, en Chile, y Dilma Rousseff, en Brasil, están de la mitad para abajo en la lista que encabeza el dominicano Danilo Medina (89%). Rousseff está en el último puesto, el 21º, y Bachelet en el 15º, es decir en la cola. El destape de casos de corrupción y una coyuntura económica desmejorada son factores determinantes. En este sentido, según Jorge Mortean, profesor brasileño de Relaciones Internacionales de FAAP (Fundación Armando Alvares Penteado), más allá del género en las presidencias, “los responsables son aquellos mismos que siempre se encuentran por detrás de las cortinas, independientemente del gobierno de turno, la elite que cada vez está más interesada en concentrar capital y menos comprometida con el desarrollo nacional”. La caída de Rousseff En su segundo mandato consecutivo, iniciado en enero de este año, la mandataria brasileña afronta un descenso imparable de su popularidad: del 19% de adhesión con que contaba en mayo pasó a un 7,7%, el índice más bajo desde 1992 para un mandatario brasileño. “El continente vivió un largo período de crecimiento incluso cuando la crisis del 2008 machacaba Europa y Estados Unidos. Ahora el momento económico es diferente y, específicamente en Brasil, Dilma Rousseff paga por lo que no hicieron ni ella ni su predecesor, Lula da Silva. Creyeron que el buen momento de la economía no iba a acabar nunca o, como otros dicen, estaban tan ocupados desviando dinero del gobierno que se olvidaron de hacer su trabajo”, apunta Rafael Aldín Vázquez, especialista brasileño en Información Internacional y Países del Sur. Y es que la herencia recibida por la mandataria podría haber sido un arma de doble filo: “Dilma Rousseff fue elegida por Lula y no exactamente por el pueblo. Sus publicistas la moldearon para ganar las elecciones, pero encontró un gobierno conectado con muchos aliados de carácter dudoso que trabajaban solamente para mantener el poder y sacar el dinero por algún lado. La duda es si ella participa de toda esa suciedad o simplemente cierra los ojos”, agrega Aldín Vázquez. “El problema de Dilma es que no tiene el carisma ni la habilidad que tenía Lula para hablar con el pueblo”, concluye. Sea como fuere, el futuro de la líder brasileña es hoy incierto. La población se encuentra dividida: muchos piden su renuncia mientras otros mantienen su apoyo, conscientes de que no existe otra alternativa viable a la presidenta en términos de credibilidad. La Dilma chilena Tan sólo seis posiciones por encima de su homóloga brasileña se encuentra, según la encuesta de la consultora mexicana, Michelle Bachelet. La fuerza de los escándalos Penta, SQM y Caval parece haber minado su credibilidad al frente del gobierno. Más allá de los escándalos, el momento económico tampoco acompaña. Un reciente estudio realizado por CorpResearch revela que el actual gobierno de la presidenta Michelle Bachelet será el que registre probablemente el peor desempeño económico desde 1990. Eso y la alta inflación son síntomas de un mal desempeño, de lo que se desprende que, cuanto mayor es el índice, mayor la miseria económica de la población. Las razones de este resultado, según Sebastián Cerda, economista jefe de CorpResearch, “son atribuibles no sólo a las reformas en curso y a la incertidumbre interna, sino también al escenario externo, que confluye en lo que está pasando con China y el bajo precio del cobre, lo que afecta directamente la expansión del país”. “Lo que vivimos ahora es la más clara concepción de que políticas económicas y desarrollo social son dos cosas distintas. Tanto Dilma como Bachelet tuvieron una malograda herencia, la experiencia anterior neoliberal, en la que crecieron la injusticia social, la corrupción estructural, la ocultación fiscal por parte de las elites y, sobre todo, el déficit de las cuentas públicas”, señala como posible motivo del descrédito el profesor Jorge Mortean. Pero, más allá de esa herencia, la fortaleza de Bachelet a la hora de llegar al poder consistió mucho más en su vínculo personal con el electorado que en las fuerzas políticas que la apoyaban. El doctor chileno en Gobierno y Administración Pública Tito Flores Cáceres compara el actual gobierno con una nave con “piloto automático”: “La reserva moral de Chile ha hecho que por el momento la gobernabilidad se mantenga, pero el silencio también comunica y Bachelet ha abusado mucho este último tiempo de aquel recurso. Urge que el gobierno, y en especial la presidenta de la República, vuelva a gobernar”. De lo contrario, añade Flores Cáceres, se generaría un vacío de poder: “Un momento como el que hoy vivimos es peligroso para la democracia porque las salidas fáciles son la autoritaria o la populista y los chilenos no nos merecemos tal castigo”, concluye. La resistencia de Fernández A lo largo de los últimos meses, la situación social es convulsa en Argentina. El gobierno que preside Cristina Fernández ha tenido que lidiar con los llamados “fondos buitre”, el polémico caso de la muerte del fiscal Nisman, los escándalos por corrupción y dos huelgas generales. Con todo ello, y tras casi ocho años de gestión, la presidenta argentina pierde crédito, pero aún preserva una popularidad del 40%. Bajo la opinión de Julio Gambina, economista y profesor universitario, la resistencia de Fernández es válida sólo en “términos relativos”: “En la elección del 2011 Cristina Fernández fue electa con el 54% de los votos. Cuatro años después, en las recientes obligatorias, su candidato obtuvo el 38,5%, resignando 15,5% de electores. Eso es expresión de dos crisis simultáneas, una crisis política en el sistema de partidos y una crisis de alternativa política popular”. Si bien la trayectoria de Fernández y Bachelet tiene varias analogías, la mayor popularidad de Cristina podría estar relacionada con otro componente ideológico de gran arraigo: “Kirchner es más popular, lo que no quiere decir que tenga un largo apoyo. Sin embargo, la política argentina es algo más compleja que en Chile o Brasil, pues allá se suma otro factor ideológico complicado: el peronismo”, apunta el profesor Mortean. El género del populismo Si hay algo que tienen en común las mandatarias del grupo ABC (Argentina, Brasil, Chile), aparte de su género y de su actual crisis de popularidad, es que las tres han desarrollado a lo largo de todos estos años liderazgos de carácter personalista. Sin embargo, ese carácter personalista es catalogado como populista por sus principales adversarios en la oposición. Esta maniobra política podría ser la responsable de la baja popularidad que atraviesan sus mandatos, a diferencia de lo que ocurre con otros gobiernos de la región marcadamente populistas, como es el caso de Venezuela, un país que atraviesa una crisis económica y social sin precedentes y cuyo presidente, Nicolás Maduro, se encuentra en el puesto 17º de la mencionada encuesta, con una mayor aprobación que las presidentas. “Son tres mujeres denominadas de izquierda y eso es lo contrario de lo que esperan las elites latinoamericanas conservadoras y alineadas y los principales medios de comunicación”, dispara al respecto el profesor brasileño. “La corrupción siempre estuvo presente, pero ahora es más visible. Y eso responde al interés de los medios y la oposición de hacerla más visible”, sentencia Julio Gambina. (*) Publicado en Otramérica
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