¿Cómo está la situación económica de Grecia?

Redacción

Por Redacción

Grecia es un país miembro de la Unión Europea que se extiende sobre una superficie de 132.000 km² en la cual viven 10,5 millones de griegos y alrededor de 700.000 no griegos. La población que se encuentra en el grupo de edad de 14 a 65 años es de 7 millones de habitantes, mientras que el número de jóvenes menores de 14 años es de 1,8 millones y el de los mayores de 65 años 1,7 millones. Desde la restauración de la democracia en 1974, los ciudadanos griegos estuvieron decididamente a favor de la adhesión del país a las comunidades europeas. La primera razón, sino única, de esta aspiración, en ese momento, era que la pertenencia a la familia europea constituía la mejor garantía de vivir bajo un régimen democrático. El tiempo nos ha dado la razón, ya que estamos viviendo actualmente el período más largo de la democracia parlamentaria sin comparación alguna. En 1981 Grecia se convirtió en miembro de la Unión Europea. Aunque el país no ha aprovechado al máximo los fondos estructurales de la UE, durante las dos décadas siguientes el año de la adhesión se observó un progreso social innegable. Una consecuencia negativa fue la desaparición de un gran número de pequeñas empresas productoras de bienes de consumo de valor añadido relativamente grande, debido a la competencia de las grandes empresas industriales de los países miembros de la Unión Europea. El deterioro de la situación económica y social se inició en el 2004. Sin embargo hasta el 2009 fue camuflado por una aceleración sin precedentes de la deuda del país, acompañada de una sobredimensión de la administración pública y la deuda irreflexiva de un gran número de hogares. El déficit financiero del país se debe a varios factores, sobre todo: • el fraude fiscal; • el fraude en el pago de las cotizaciones a la seguridad social; • la corrupción, tanto por parte de algunos políticos como de ciertos funcionarios públicos; • el derroche, constatado y denunciado por el gobierno actual; • los gastos en la defensa nacional, que para el 2010 ascendían a unos 6 millones de euros, es decir el 2,8% del PIB, de los cuales 2.300 millones de euros fueron gastados en la compra de armas importadas. Hay que tener en cuenta que el gasto militar promedio de los países miembros de la OTAN es del 1,7% del PIB. En el 2010 el país estaba al borde de la quiebra. Esto fue evitado a través de un primer préstamo otorgado a Grecia por el FMI y los países de la Unión Europea. A golpe de medidas de austeridad impuestas por la troika (FMI, Banco Central Europeo y la Unión Europea), el déficit presupuestario pasó del 13% a menos del 4%, pero las consecuencias sociales de este primer rescate y los que siguieron con la firma de los memorandos del 2010 y el 2012 fueron desastrosas. El número de desocupados se ha triplicado, llegando a 1,5 millones de personas, los pensionistas han sufrido pérdidas que van del 10 al 40% y los convenios colectivos libremente negociados por los interlocutores sociales se han suprimido, razón por la cual los que siguen trabajando han sufrido recortes salariales de alrededor del 25%. La población helénica ha perdido un promedio del 40% de su poder adquisitivo y son los empleados, jubilados y pequeños negocios los que han sufrido las mayores pérdidas. En el transcurso de las primeras elecciones de enero del 2015, Syriza (alianza de la izquierda radical), que había obtenido el 36,34% de los votos y 149 escaños de 300, formó su primer gobierno asociándose con un pequeño partido de derecha (Anel-Griegos Independientes). Durante la campaña electoral anterior a las elecciones, el partido hizo promesas desmesuradas, pero el aterrizaje en la realidad del ejercicio del poder fue bien distinto. Después de cinco meses de negociaciones con las instituciones europeas y el FMI, Alexis Tsipras, primer ministro, se vio obligado a firmar un nuevo acuerdo que no es mejor que los dos anteriores, firmados en el 2010 y el 2012. Mientras tanto, el país se ha sumergido de nuevo en la recesión y se esperan nuevas medidas de austeridad. El nuevo paquete de ayuda a Grecia tiene una duración de tres años, bajo forma de préstamos concedidos principalmente por los países miembros de la Eurozona. Desde luego, ha evitado que el país caiga en un incumplimiento de pago (default) y le ha permitido permanecer en la zona del euro, pero prevé, entre otras cosas, nuevos recortes de pensiones y un aumento en el IVA sobre los productos de primera necesidad, que acentúan aún más el empobrecimiento de una gran parte de la población. Hace alrededor de dos años el FMI, a través de la voz de su economista jefe, el Sr. Blanchard, dijo que los especialistas estaban equivocados acerca de las consecuencias económicas y sociales de los planes de austeridad impuestos en Grecia. Actualmente, entramos en una nueva fase de la austeridad con la diferencia de que algunos de los préstamos serán invertidos en la economía real y que, en la medida en que hay más y más voces a favor de una reducción la deuda, esta podría ser viable. La votación sobre el acuerdo por el Parlamento griego ha provocado la deserción de 32 diputados de la mayoría, por lo que el gobierno de Tsipras ya no dispone de la mayoría parlamentaria. Sin embargo, con las voces de los partidos proeuropeos (Nueva Democracia, Pasok y Potami), el acuerdo ha sido votado por una muy amplia mayoría. Es cierto que se ha evitado lo peor. Pero es igualmente cierto que, sin grandes reformas en la gestión del país y sin una reducción sustancial de la carga de la deuda, el pueblo griego será condenado a luchar para sobrevivir en un entorno económico y financiero hostil. El presidente del Gobierno se ha comprometido a realizar las reformas y los socios europeos a revisar la deuda. El tiempo dirá si las intenciones del primer ministro se transformarán en actos y si se mantendrá la solidaridad como uno de los principios fundamentales de la Unión Europea. (*) Miembro del Comité Ejecutivo de la Confederación Europea de Sindicatos. Traducción de Isabel Caño

Giorgos Dassis (*)


Grecia es un país miembro de la Unión Europea que se extiende sobre una superficie de 132.000 km² en la cual viven 10,5 millones de griegos y alrededor de 700.000 no griegos. La población que se encuentra en el grupo de edad de 14 a 65 años es de 7 millones de habitantes, mientras que el número de jóvenes menores de 14 años es de 1,8 millones y el de los mayores de 65 años 1,7 millones. Desde la restauración de la democracia en 1974, los ciudadanos griegos estuvieron decididamente a favor de la adhesión del país a las comunidades europeas. La primera razón, sino única, de esta aspiración, en ese momento, era que la pertenencia a la familia europea constituía la mejor garantía de vivir bajo un régimen democrático. El tiempo nos ha dado la razón, ya que estamos viviendo actualmente el período más largo de la democracia parlamentaria sin comparación alguna. En 1981 Grecia se convirtió en miembro de la Unión Europea. Aunque el país no ha aprovechado al máximo los fondos estructurales de la UE, durante las dos décadas siguientes el año de la adhesión se observó un progreso social innegable. Una consecuencia negativa fue la desaparición de un gran número de pequeñas empresas productoras de bienes de consumo de valor añadido relativamente grande, debido a la competencia de las grandes empresas industriales de los países miembros de la Unión Europea. El deterioro de la situación económica y social se inició en el 2004. Sin embargo hasta el 2009 fue camuflado por una aceleración sin precedentes de la deuda del país, acompañada de una sobredimensión de la administración pública y la deuda irreflexiva de un gran número de hogares. El déficit financiero del país se debe a varios factores, sobre todo: • el fraude fiscal; • el fraude en el pago de las cotizaciones a la seguridad social; • la corrupción, tanto por parte de algunos políticos como de ciertos funcionarios públicos; • el derroche, constatado y denunciado por el gobierno actual; • los gastos en la defensa nacional, que para el 2010 ascendían a unos 6 millones de euros, es decir el 2,8% del PIB, de los cuales 2.300 millones de euros fueron gastados en la compra de armas importadas. Hay que tener en cuenta que el gasto militar promedio de los países miembros de la OTAN es del 1,7% del PIB. En el 2010 el país estaba al borde de la quiebra. Esto fue evitado a través de un primer préstamo otorgado a Grecia por el FMI y los países de la Unión Europea. A golpe de medidas de austeridad impuestas por la troika (FMI, Banco Central Europeo y la Unión Europea), el déficit presupuestario pasó del 13% a menos del 4%, pero las consecuencias sociales de este primer rescate y los que siguieron con la firma de los memorandos del 2010 y el 2012 fueron desastrosas. El número de desocupados se ha triplicado, llegando a 1,5 millones de personas, los pensionistas han sufrido pérdidas que van del 10 al 40% y los convenios colectivos libremente negociados por los interlocutores sociales se han suprimido, razón por la cual los que siguen trabajando han sufrido recortes salariales de alrededor del 25%. La población helénica ha perdido un promedio del 40% de su poder adquisitivo y son los empleados, jubilados y pequeños negocios los que han sufrido las mayores pérdidas. En el transcurso de las primeras elecciones de enero del 2015, Syriza (alianza de la izquierda radical), que había obtenido el 36,34% de los votos y 149 escaños de 300, formó su primer gobierno asociándose con un pequeño partido de derecha (Anel-Griegos Independientes). Durante la campaña electoral anterior a las elecciones, el partido hizo promesas desmesuradas, pero el aterrizaje en la realidad del ejercicio del poder fue bien distinto. Después de cinco meses de negociaciones con las instituciones europeas y el FMI, Alexis Tsipras, primer ministro, se vio obligado a firmar un nuevo acuerdo que no es mejor que los dos anteriores, firmados en el 2010 y el 2012. Mientras tanto, el país se ha sumergido de nuevo en la recesión y se esperan nuevas medidas de austeridad. El nuevo paquete de ayuda a Grecia tiene una duración de tres años, bajo forma de préstamos concedidos principalmente por los países miembros de la Eurozona. Desde luego, ha evitado que el país caiga en un incumplimiento de pago (default) y le ha permitido permanecer en la zona del euro, pero prevé, entre otras cosas, nuevos recortes de pensiones y un aumento en el IVA sobre los productos de primera necesidad, que acentúan aún más el empobrecimiento de una gran parte de la población. Hace alrededor de dos años el FMI, a través de la voz de su economista jefe, el Sr. Blanchard, dijo que los especialistas estaban equivocados acerca de las consecuencias económicas y sociales de los planes de austeridad impuestos en Grecia. Actualmente, entramos en una nueva fase de la austeridad con la diferencia de que algunos de los préstamos serán invertidos en la economía real y que, en la medida en que hay más y más voces a favor de una reducción la deuda, esta podría ser viable. La votación sobre el acuerdo por el Parlamento griego ha provocado la deserción de 32 diputados de la mayoría, por lo que el gobierno de Tsipras ya no dispone de la mayoría parlamentaria. Sin embargo, con las voces de los partidos proeuropeos (Nueva Democracia, Pasok y Potami), el acuerdo ha sido votado por una muy amplia mayoría. Es cierto que se ha evitado lo peor. Pero es igualmente cierto que, sin grandes reformas en la gestión del país y sin una reducción sustancial de la carga de la deuda, el pueblo griego será condenado a luchar para sobrevivir en un entorno económico y financiero hostil. El presidente del Gobierno se ha comprometido a realizar las reformas y los socios europeos a revisar la deuda. El tiempo dirá si las intenciones del primer ministro se transformarán en actos y si se mantendrá la solidaridad como uno de los principios fundamentales de la Unión Europea. (*) Miembro del Comité Ejecutivo de la Confederación Europea de Sindicatos. Traducción de Isabel Caño

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