Irán: apuntan contra el presidente Rouhani

Redacción

Por Redacción

El presidente iraní, Hassan Rouhani, es un líder sumamente popular, reformista, flexible y pragmático a la vez. Es, además, el gran responsable de que Irán haya, finalmente, suscripto el reciente acuerdo con la comunidad internacional sobre el peligroso programa nuclear de su país. Esto, como se sabe, permitirá a Irán lograr el levantamiento de las duras sanciones económicas en su momento impuestas por Occidente y volver a crecer, superando el estancamiento y la escasez de todo, o sea, mejorar su nivel de vida, concretamente. Pero los conservadores y los miembros de la elite de clérigos religiosos que desde hace décadas se ha apoderado de Irán y conforma su todopoderosa oligarquía no lo quieren. Le recelan, más bien. Por eso lo atacan todo el tiempo, hasta con burlas e insultos subidos de tono, de todo tipo, que el mismo líder supremo, el ayatolá Ali Khamenei, parece tolerar y hasta estimular solapadamente. Nada fácil, entonces, es la vida política de Rouhani. Esos ataques han recrudecido mucho ahora, cuando Irán camina hacia dos elecciones cruciales que tendrán lugar el 26 de febrero. Y se suman a los clásicos ataques al “demonio”, esto es a Estados Unidos, país al que en Teherán, como en Caracas, se culpa enseguida de todos los males torpe pero constantemente. Hablamos de una elección parlamentaria y de la renovación de los miembros de la influyente Asamblea de Expertos para los próximos ocho años, la que estará encargada de elegir, en su momento, al sucesor mismo del actual líder de la teocracia, el ayatolá Khamenei, que ya tiene 76 años. Para el presidente Rouhani, que busca ser reelecto en el 2017, los resultados de ambas compulsas electorales son bien importantes. Por ahora, esa es su preocupación política central e inmediata, que se suma a la constante intimidación de la Guardia Revolucionaria, encabezada por el general Mohammad Ali-Jafari, a los hombres extranjeros de negocios, empezando por los norteamericanos, que llegan a Irán. Los norteamericanos, en rigor, aún no se han animado a aterrizar definitivamente atento al complicado “clima”, que no los alienta precisamente a poner un pie en Irán. Desde la oficina del líder religioso, el ayatolá Khamenei, se impulsa la exclusión de todo aquello que luzca norteamericano, porque se supone que todo lo que provenga del país del Norte es una inaceptable “infiltración” en Irán. La recomposición y normalización de la relación bilateral entre ambos países será, queda visto, extremadamente compleja y lenta. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

eMILIO j. cÁRDENAS (*)


El presidente iraní, Hassan Rouhani, es un líder sumamente popular, reformista, flexible y pragmático a la vez. Es, además, el gran responsable de que Irán haya, finalmente, suscripto el reciente acuerdo con la comunidad internacional sobre el peligroso programa nuclear de su país. Esto, como se sabe, permitirá a Irán lograr el levantamiento de las duras sanciones económicas en su momento impuestas por Occidente y volver a crecer, superando el estancamiento y la escasez de todo, o sea, mejorar su nivel de vida, concretamente. Pero los conservadores y los miembros de la elite de clérigos religiosos que desde hace décadas se ha apoderado de Irán y conforma su todopoderosa oligarquía no lo quieren. Le recelan, más bien. Por eso lo atacan todo el tiempo, hasta con burlas e insultos subidos de tono, de todo tipo, que el mismo líder supremo, el ayatolá Ali Khamenei, parece tolerar y hasta estimular solapadamente. Nada fácil, entonces, es la vida política de Rouhani. Esos ataques han recrudecido mucho ahora, cuando Irán camina hacia dos elecciones cruciales que tendrán lugar el 26 de febrero. Y se suman a los clásicos ataques al “demonio”, esto es a Estados Unidos, país al que en Teherán, como en Caracas, se culpa enseguida de todos los males torpe pero constantemente. Hablamos de una elección parlamentaria y de la renovación de los miembros de la influyente Asamblea de Expertos para los próximos ocho años, la que estará encargada de elegir, en su momento, al sucesor mismo del actual líder de la teocracia, el ayatolá Khamenei, que ya tiene 76 años. Para el presidente Rouhani, que busca ser reelecto en el 2017, los resultados de ambas compulsas electorales son bien importantes. Por ahora, esa es su preocupación política central e inmediata, que se suma a la constante intimidación de la Guardia Revolucionaria, encabezada por el general Mohammad Ali-Jafari, a los hombres extranjeros de negocios, empezando por los norteamericanos, que llegan a Irán. Los norteamericanos, en rigor, aún no se han animado a aterrizar definitivamente atento al complicado “clima”, que no los alienta precisamente a poner un pie en Irán. Desde la oficina del líder religioso, el ayatolá Khamenei, se impulsa la exclusión de todo aquello que luzca norteamericano, porque se supone que todo lo que provenga del país del Norte es una inaceptable “infiltración” en Irán. La recomposición y normalización de la relación bilateral entre ambos países será, queda visto, extremadamente compleja y lenta. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

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