Pollerapantalón le pone música a la calle

Una banda callejera que une ritmos y aporta toques de comicidad regresa a Neuquén. Pollerapantalón con su propuesta fresca estará el viernes 18 de diciembre en el Teatro del Viento.

Redacción

Por Redacción

Música

En diez años de trayectoria Pollerapantalón grabó cinco discos y recorrió miles de kilómetros, participando en festivales locales e internacionales, en escenarios y eventos culturales.

Integran el sexteto que el viernes próximo retorna a la región, el bajista Eduardo Baeza, Germán “Limón” Ortiz en batería, el guitarrista Juan Velázquez, Darío Margulis en teclados y acordeón, y las saxofonistas Melina Xilas y Drean Desimone, Andrea, quien diálogo con “Río Negro”.

“Surgimos como banda callejera hace una década ya, pero nos fue sorprendiendo lo que se generó a partir del lugar que encontramos como propio desde un principio, la calle. De ahí fueron saliendo posibilidades y ganas de movernos en otros circuitos y hemos tocado en sitios donde nos llevan, nos suben a una combi hacia el hotel y nos presentamos en un festival al que van miles de personas. La calle es una vidriera increíble, de donde surgen otras oportunidades de trabajo”, contó.

– También compiten con el sonido ambiente, de los autos y micros, los bocinazos impacientes, como ocurre en Diagonal Norte y Florida… Y hay que atraer a la gente porque siempre va apurada.

– Exactamente. Es un público muy fugaz, enseguida se distrae y se va. Cuando se queda, por algo es, pero si su atención se pierde por alguna razón, enseguida se aleja. En ese sentido es un entrenamiento muy bueno para poder conquistarlo, debemos estar todo el tiempo atentos, tratando de atraparlo, porque de lo contrario, sigue caminando o ni se para a escuchar. Nosotros estamos muy entrenados para lo que sucede a nuestro alrededor, y además, usamos el sonido ambiente como el de la esquina que nombraste. Es increíble cómo se fusiona con la música, en un momento se acerca una ambulancia y el efecto doppler que genera su sirena a la pasada, encaja justo con lo que tocamos, queda perfecto. Sorprende y el resultado es maravilloso.

– Para el público también es una experiencia rara.

– Sí porque está acostumbrado a prepararse, pagar una entrada, sentarse cómodo, tomar algo en algunos lugares, tener una hora de comienzo y final. En la calle todo es espontáneo, cuando no hostil. Por otro lado, hay miles de factores con los que lidiar, los vecinos, comerciantes, vigiladores, policía, cuestiones… Volvemos a lo mismo, hay que estar muy presente y atento a esa intensidad permanente. Si nos distraemos, nos pasan por encima, literalmente. Es casi una cuestión social ir ahí, darlo todo y recibir poco porque no es habitual el ida y vuelta en la calle. Hay personas que casi no responden, están muy alienadas en el microcentro, justamente. Por momentos nos sentimos como misioneros que van a poner un poco de color en tanta cosa gris. Hay devoluciones hermosas, gente que pasa de largo habitualmente y en un momento para y agradece porque le cambiamos la cara a su día. En cambio, en el escenario la fiesta es para todos. Estamos cómodos, tenemos todo puesto para estar bien, las luces nos iluminan, el público viene a vernos.

– Los he visto en videos, tocando en Berlín, junto al Centro Pompidou en París, en el País Vasco. ¿La reacción allí fue similar a la que describís en CABA?

– Podría decirte de cada lugar algo diferente, Berlín y París son ciudades con turismo del mundo entero, como Roma y Barcelona. El turista es casi de la misma especie, pasea con buena onda, va a los sitios típicos; se copa, aporta, compra discos. Está de vacaciones. En Bilbao hay zonas turísticas como la parte del Museo Guggemheim o el casco viejo de la ciudad, el público es muy participativo, entiende al artista callejero como alguien que hace su trabajo y tanto los jóvenes que se quedan escuchando o las doñas que van a hacer las compras, dejaban su moneda, su billete. El arte callejero está instalado como oficio.

– Que viene desde la época de los juglares, por el Medioevo europeo (siglos V al XV); músicos ambulantes que cantaban, tocaban, contaban chisten, llevaban historias de un pueblo a otro.

– En Europa está institucionalizado ese arte. Fuimos a varios festivales que eran concursos de bandas de calles y en el País Vasco competimos con grupos holandeses, franceses, del este europeo, unos bandones que no andan lidiando para ver dónde se puede y cuándo tocar, o si los funcionarios que autorizan, entienden. Los tipos son profesionales. Todo está dado para ello, el apoyo de la gente, del gobierno local, de los entes de turismo. En todos lados está regulado el tema, reglamentado, hay horarios, tenés que cambiar de lugar cada 45 minutos, al menos a 200 metros de donde estabas tocando. Está bueno porque la convivencia con los vecinos mejora mucho, no les quemás la cabeza todo el día con la misma cancioncita. En Buenos Aires hay un hueco legal, no está prohibido ni permitido, el vecino denuncia por ruidos molestos, pero la música no es un ruido.

PARA AGENDAR

Recital de: Pollerapantalón

Día: viernes 18 de diiembre de 2015

Hora:a las 23:45

Lugar: Teatro El Viento, Juan B. Justo 648, Neuquén.

Bandas invitadas: Elefanticomio y Hey Jaimico.

Eduardo Rouillet


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