“¿Qué país, qué sociedad, queremos y hacia dónde queremos ir?”
En opiniones de este medio del domingo 14 de febrero pasado aparece: “¿Importa la educación?”, cuya lectura recomiendo y de la cual voy a extraer tres párrafos: Hace una semana la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) que tiene su sede en Washington difundió un informe sobre el rendimiento escolar en matemáticas, ciencia y lectura de los jóvenes de 64 países. Para sorpresa de nadie, entre los peores de todos los rubros se encontraron los argentinos, acompañados por los brasileños, colombianos y peruanos, que aprenden y entienden mucho menos que sus coetáneos del resto del mundo, sobre todo los de Asia Oriental y de algunos países europeos como Finlandia y Suiza. En cierto modo el problema es estructural ya que en casi todos los países los sindicatos docentes se concentran en defender los derechos presuntamente adquiridos de los afiliados menos capaces, razón por la que suelen combatir sobre la base de planteos ideológicos izquierdistas o populistas las reformas ensayadas por gobiernos preocupados por los resultados mediocres conseguidos por los jóvenes de sus respectivos países en las pruebas de PISA (Programme for International Students) que se celebran cada tres años. ¿Lo entienden los dirigentes políticos más influyentes? Puede que sí pero parecería que están tan acostumbrados a que todos los años la agenda educativa se vea fijada por militantes sindicales que no vacilan en tratar como rehenes a millones de alumnos, privándolos no solo de clases sino también de un futuro que sea menos gris que el previsto, que un esfuerzo auténtico por modernizar radicalmente el sistema nacional tendrá que esperar hasta que por fin se hayan resuelto todos los problemas económicos del país, lo que desde luego nunca sucederá. En este mismo medio el suplemento Nueva del mismo día, por Carlos Adrian Maslaton, recomiendo su lectura, hay un enfoque sobre cómo repensar la nueva escuela: docentes y alumnos debaten sobre la actualidad y el futuro de la educación y plantean objetivos para lograrlo entre todos. Transcribo solo dos pensamientos: “La función del colegio es formarnos intelectualmente y darnos herramientas para convertirnos en personas responsables e independientes” (Sol Bujan); “El primer objetivo que un docente debe plantearse no es dictar una serie de contenidos prefijados a principio de año sino generar interés” (Mónica Osorio). Ahora bien, no sé precisar el tiempo que hace que vengo escuchando el planteo de conciudadanos de distintos extractos sociales que plantean la necesidad de preguntarnos ¿qué país, qué sociedad, queremos y hacia dónde queremos ir? Y aclaran que lo hacen desde la preocupación por una sociedad que se ve cada vez más encrispada, menos inclusiva, más dividida; y que muchos tal vez por resentimiento y poca afinidad al respeto y aceptación a pensar diferente pretenden profundizar esta lamentable brecha ya decididamente instalada en nuestra sociedad. La variable tiempo juega un papel preponderante en este proceso, por lo tanto resolver lo más pronto posible qué país, qué sociedad, queremos y hacia dónde queremos ir nos dará la primera respuesta, el puntapié inicial, y luego… ¿importa la educación? Definitivamente sí, habida cuenta para recuperar nuestra verdadera identidad educativa que supimos conseguir, en los 60 estábamos ubicados en el puesto 5º del mundo y 2º en América Latina; una verdadera identidad de nuestro patrimonio cultural, una sociedad liberada de la narcoactividad, de políticos y gobernantes corruptos, con un desarrollo social basado en la meritocracia, un Estado eficiente con personal concursado en la carrera administrativa y que cumpla con la sociedad en sus pilares fundamentales, trabajo, salud, educación, seguridad, y una Justicia que definitivamente haga honor a su emblema, ciega y con la balanza inclinada a favor de la verdad. Silvano Giacolla Caruso DNI 8.119.343 Cinco Saltos
Silvano Giacolla Caruso DNI 8.119.343 Cinco Saltos
En opiniones de este medio del domingo 14 de febrero pasado aparece: “¿Importa la educación?”, cuya lectura recomiendo y de la cual voy a extraer tres párrafos: Hace una semana la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) que tiene su sede en Washington difundió un informe sobre el rendimiento escolar en matemáticas, ciencia y lectura de los jóvenes de 64 países. Para sorpresa de nadie, entre los peores de todos los rubros se encontraron los argentinos, acompañados por los brasileños, colombianos y peruanos, que aprenden y entienden mucho menos que sus coetáneos del resto del mundo, sobre todo los de Asia Oriental y de algunos países europeos como Finlandia y Suiza. En cierto modo el problema es estructural ya que en casi todos los países los sindicatos docentes se concentran en defender los derechos presuntamente adquiridos de los afiliados menos capaces, razón por la que suelen combatir sobre la base de planteos ideológicos izquierdistas o populistas las reformas ensayadas por gobiernos preocupados por los resultados mediocres conseguidos por los jóvenes de sus respectivos países en las pruebas de PISA (Programme for International Students) que se celebran cada tres años. ¿Lo entienden los dirigentes políticos más influyentes? Puede que sí pero parecería que están tan acostumbrados a que todos los años la agenda educativa se vea fijada por militantes sindicales que no vacilan en tratar como rehenes a millones de alumnos, privándolos no solo de clases sino también de un futuro que sea menos gris que el previsto, que un esfuerzo auténtico por modernizar radicalmente el sistema nacional tendrá que esperar hasta que por fin se hayan resuelto todos los problemas económicos del país, lo que desde luego nunca sucederá. En este mismo medio el suplemento Nueva del mismo día, por Carlos Adrian Maslaton, recomiendo su lectura, hay un enfoque sobre cómo repensar la nueva escuela: docentes y alumnos debaten sobre la actualidad y el futuro de la educación y plantean objetivos para lograrlo entre todos. Transcribo solo dos pensamientos: “La función del colegio es formarnos intelectualmente y darnos herramientas para convertirnos en personas responsables e independientes” (Sol Bujan); “El primer objetivo que un docente debe plantearse no es dictar una serie de contenidos prefijados a principio de año sino generar interés” (Mónica Osorio). Ahora bien, no sé precisar el tiempo que hace que vengo escuchando el planteo de conciudadanos de distintos extractos sociales que plantean la necesidad de preguntarnos ¿qué país, qué sociedad, queremos y hacia dónde queremos ir? Y aclaran que lo hacen desde la preocupación por una sociedad que se ve cada vez más encrispada, menos inclusiva, más dividida; y que muchos tal vez por resentimiento y poca afinidad al respeto y aceptación a pensar diferente pretenden profundizar esta lamentable brecha ya decididamente instalada en nuestra sociedad. La variable tiempo juega un papel preponderante en este proceso, por lo tanto resolver lo más pronto posible qué país, qué sociedad, queremos y hacia dónde queremos ir nos dará la primera respuesta, el puntapié inicial, y luego... ¿importa la educación? Definitivamente sí, habida cuenta para recuperar nuestra verdadera identidad educativa que supimos conseguir, en los 60 estábamos ubicados en el puesto 5º del mundo y 2º en América Latina; una verdadera identidad de nuestro patrimonio cultural, una sociedad liberada de la narcoactividad, de políticos y gobernantes corruptos, con un desarrollo social basado en la meritocracia, un Estado eficiente con personal concursado en la carrera administrativa y que cumpla con la sociedad en sus pilares fundamentales, trabajo, salud, educación, seguridad, y una Justicia que definitivamente haga honor a su emblema, ciega y con la balanza inclinada a favor de la verdad. Silvano Giacolla Caruso DNI 8.119.343 Cinco Saltos
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