Bloqueos y silencios II

Redacción

Por Redacción

Acabo de entender lo que aporta un bloqueo. También tengo claro cómo funciona el pacto de no agresión que suscribió el gobierno provincial con ATE-CTA, ante la chance cierta de quedarse sin plata para pagar los sueldos de una impresionante planta de empleados heredada de gestiones anteriores, pero que sin ningún disimulo se encargaron de “engordar” en estos últimos años. Esto que ahora se va a presentar en sociedad como “un triunfo de los trabajadores en lucha” dista mucho de aquellas jornadas épicas de fines de los 60. Los líderes sindicales de esos años (Tosco, Atilio López y Ongaro, entre muchos otros) querían un Estado más igualitario, solidario, justo y equitativo. Defendían a ultranza la excelencia de una educación pública y gratuita en todos sus niveles y jamás se hubieran permitido negociar a cambio de un puesto en ese mismo Estado al que saben anémico y en bancarrota. Transar de tal manera es abrirle las puertas a innumerables reclamos similares que de seguro sobrevendrán, fotocopiando la receta que se redactará, entre vítores y aplausos complacientes.

Por tal camino, ese mismo Estado parasitario, burocrático y huérfano de planificaciones serias y bien pensadas seguirá creciendo desmesuradamente, conduciéndonos a todos nosotros (sin exclusión) hacia destinos de los que no se retorna fácilmente.

Mientras escribo, veo densas columnas de humo en un horizonte cercano. Se incendia San Formerio. Sobre sus techos se oscurecen las nubes. ¿Estarán cremando silenciosamente las últimas esperanzas de sus trabajadores?

Mario Álvarez

Concejal vecinalista

Mario Álvarez

Concejal vecinalista


Acabo de entender lo que aporta un bloqueo. También tengo claro cómo funciona el pacto de no agresión que suscribió el gobierno provincial con ATE-CTA, ante la chance cierta de quedarse sin plata para pagar los sueldos de una impresionante planta de empleados heredada de gestiones anteriores, pero que sin ningún disimulo se encargaron de “engordar” en estos últimos años. Esto que ahora se va a presentar en sociedad como “un triunfo de los trabajadores en lucha” dista mucho de aquellas jornadas épicas de fines de los 60. Los líderes sindicales de esos años (Tosco, Atilio López y Ongaro, entre muchos otros) querían un Estado más igualitario, solidario, justo y equitativo. Defendían a ultranza la excelencia de una educación pública y gratuita en todos sus niveles y jamás se hubieran permitido negociar a cambio de un puesto en ese mismo Estado al que saben anémico y en bancarrota. Transar de tal manera es abrirle las puertas a innumerables reclamos similares que de seguro sobrevendrán, fotocopiando la receta que se redactará, entre vítores y aplausos complacientes.

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora