Iglesia católica y Estado
Que la Iglesia católica históricamente estuvo ligada al Estado en la Argentina no es ninguna novedad, y tuvo siempre protección constitucional. Si bien la constitución de 1853 estableció la libertad de cultos, ya contenía normas que daban trato preferencial a la Iglesia católica. Dispuso que el presidente y vicepresidente debían ser católicos, y que el Estado sostenía esta religión. El devenir de la historia argentina marcaría distintas etapas de ella con los distintos gobiernos de turno, algunas tormentosas y otras de entendimiento directo, es decir ejerciendo un poder innegable en las cuestiones de estado.
La reforma constitucional de 1994, si bien tuvo un avance, preservó uno de carácter controversial respecto de su interpretación, sin dejar de reconocer grandes presiones de parte de la Iglesia para preservar lo conseguido. El artículo 2º de la Constitución nacional establece: “El gobierno federal sostiene el culto católico apostólico romano”. La interpretación más amplia del nacionalismo católico respecto de este artículo dice que la palabra “sostiene” no sólo significa que “financia” o “subvenciona”, sino también como “adopta” o “profesa”, lo que implicaría que la Argentina es un país con religión oficial.
Cualquiera de las dos interpretaciones son para mí inaceptables, ya que un país republicano y democrático lo componen distintas razas, religiones y creencias. En el Presupuesto 2018 se detalla una pauta de gastos para la Iglesia católica de $ 177.000.000. Se asiste financieramente a 140 arzobispos/obispos, 640 sacerdotes y 1.200 seminaristas. Por otro lado, hay cerca de $ 100 millones destinados a la restauración de basílicas e iglesias y, además, hay subsidios específicos a las escuelas religiosas. Estos fondos responden a la obligación del gobierno federal de “sostener” al culto católico apostólico romano.
En consecuencia, sucintamente ha quedado demostrado el poder real que ha ejercido y ejerce la Iglesia católica en la vida institucional argentina, y no sólo en lo espiritual. Serían innumerables los temas en los que ha tomado partido a lo largo de la historia argentina. Sólo voy a hacer mención de algunos de los más emblemáticos y los más cercanos a nuestra memoria.
• El Golpe de Estado de 1976: la cúpula de la Iglesia católica dio un respaldo activo al golpe de Estado y su principal activista fue monseñor Adolfo Tortolo, quien no sólo era arzobispo de Paraná, sino también el vicario general de las Fuerzas Armadas, y fue dos veces presidente de la Conferencia Episcopal Argentina. Desapariciones y muertes: desde violaciones múltiples a mujeres y hombres, así como vejámenes de todo tipo combinados con los métodos más increíbles de tortura, fueron constantes, basta leer el “Nunca Más”. La lectura y el entrecruzamiento con distintas fuentes oficiales que hicieron en su estudio Lede y Bilbao permiten ahora saber que la Iglesia católica aportó unos 400 capellanes entre 1975 y 1983 para acompañar “la lucha antisubversiva” que implementó la Junta Militar.
• Ley de Divorcio: en 1986, “Unas 40.000 personas se concentraron el pasado sábado en la Plaza de Mayo, de Buenos Aires, frente a la Catedral Metropolitana, convocadas por la Iglesia católica argentina, en defensa de la institución familiar y en contra del proyecto de la ley de Divorcio presentada en el Congreso por el gobierno radical”. Así titulaba el diario “El Pais” de España, ante la convocatoria del cardenal Aramburu a la plaza de Mayo “en defensa de la familia”.
• Pedofilia: La Iglesia católica se ve sacudida por los escándalos de pedofilia desde hace años en todo el mundo. Recientemente en EE. UU. (Pennsylvania), donde cientos de sacerdotes cometieron abusos sexuales contra más de 1.000 niños durante décadas. Los escándalos en Chile, México, Australia y en varios lugares de Europa completan este terrible cuadro. En Argentina los abusos sexuales cometidos por curas también han tenido gran repercusión social: Grassi, Ilarraz, Escobar Gaviria, Narvais, Sabarre, Storni, Moya y una larga lista, la mayoría de los casos protegidos por la propia Iglesia.
Proyecto de ley sobre despenalización del aborto: recientemente, “La Iglesia convoca a manifestarse en contra de la despenalización del aborto” (Ambito.com); “La Iglesia endureció su rechazo a la ley del aborto en una masiva misa en Luján” (“La Nación”). Una vez más la voz de la Iglesia católica haciéndose oír en cuanto espacio tuviera u organizando manifestaciones.
Ante todo lo mencionado cabe preguntarse: ¿cuál es la verdadera Iglesia católica?, ¿la que utiliza todo su poder religioso y político cuando alguna decisión del Estado le molesta doctrinaria o dogmáticamente?, ¿o aquella que silencia las atrocidades cometidas desde el propio Estado, en el que también estaban en juego la vida y la muerte, o la que hace conocer su malestar ante la difusión del pago de salarios a gran parte de sus representantes con dinero de todos los contribuyentes, sean o no católicos, pero no organiza una movilización para repudiar los actos deleznables de pedofilia en su propio seno?
Hoy, la Iglesia católica goza en la Argentina de un privilegio que es incompatible con las ideas de justicia, igualdad y derechos humanos.
Hoy goza en la Argentina de un privilegio que es incompatible con las ideas de justicia, igualdad y derechos humanos.
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- Hoy goza en la Argentina de un privilegio que es incompatible con las ideas de justicia, igualdad y derechos humanos.
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