Río Negro Online / opinión
Mañana la ciudadanía santafesina elegirá, en un mismo acto, diputados y senadores nacionales, gobernador, diputados y senadores provinciales, intendentes y concejales. La simultaneidad en la elección de cargos nacionales y provinciales bastará para abrumar al ciudadano común, en este caso ello se ve potenciado por la desenfrenada oferta de candidatos que admite y alienta la ley de Lemas vigente en esta provincia. Si esta sensación condensa el clima dominante en estos días, cabe también mencionar otros datos que no pueden permanecer desatendidos. En primer término, se ha instalado la idea de que es posible y saludable para las instituciones una alternancia en el gobierno. Esta elección pondrá a prueba la capacidad del Partido Justicialista para retener el gobierno provincial tras 20 años de permanencia en el mismo y ello no sólo dependerá del desgaste que haya sufrido en ese lapso, sino también de la atracción y confiabilidad que puedan despertar otras ofertas alternativas sobre el electorado. En tal sentido, las chances que exhibe el intendente de Rosario, Hermes Binner, para acceder a la gobernación, constituye un serio desafío para las aspiraciones de continuidad del justicialismo. Asimismo -aunque sin mellar la imagen del gobernador Carlos Reutemann- el justicialismo llega a estas elecciones ensombrecido por las sospechas de imprevisión e impericia frente a la emergencia desatada por las inundaciones de la capital provincial y desgastado por su empeño en mantener una ley de lemas que reinstala en la ciudadanía el repudio y malestar por la política que, paradójicamente, pareciera estar cediendo en el orden nacional tras la asunción de Néstor Kirchner. Pese al consenso desfavorable en torno de sus implicancias, a nadie escapa que el gobierno provincial se aferró a ella, pues desde 1991 le ha permitido al justicialismo imponerse sistemáticamente sobre sus rivales aun cuando hayan resultado más votados los candidatos de la oposición. La permanencia de esta ley ya no sintoniza con el nuevo clima instalado desde que asumió el presidente Kirchner y su prédica en favor de una mejora de la calidad institucional. La sobreoferta electoral que ella incentiva (sólo en Rosario compiten más de 30 candidatos a intendente) no sólo genera confusión entre los ciudadanos, sino que exacerba un fraccionalismo que renueva en la ciudadanía la misma sensación de desprecio frente a la política que sacudió a nuestras instituciones en el pasado inmediato. Tal vez -a juzgar por las promesas de los principales candidatos- ésta sea la última elección en que se compita con ley de lemas. Sin embargo, estos comicios no sólo serán una prueba crucial para la continuidad del justicialismo o para la oposición que propicia la alternancia, sino también, para las nuevas fuerzas que pugnan por un espacio entre los partidos tradicionales (ARI y Recrear). Estos partidos -especialmente el ARI en razón de su excelente performance en la elección presidencial- tendrán que revalidar su caudal electoral si aspiran a configurar una fuerza partidaria perdurable en el sistema partidario provincial. Esta elección también nos ofrece la ocasión de verificar si el alto compromiso cívico reflejado en la última elección presidencial se mantiene en este distrito -en contraste con el inédito porcentaje de voto negativo y ausentismo de octubre del 2001- o si, como ha mostrado la primera vuelta de la elección de Capital Federal, reaparecen signos de desinterés y desconfianza para recordarnos que aún persiste una ciudadanía exigente e insatisfecha con el desempeño y oferta de sus representantes. (DyN) (*) Sociólogo e investigador de la Universidad Nacional de Rosario.
Mañana la ciudadanía santafesina elegirá, en un mismo acto, diputados y senadores nacionales, gobernador, diputados y senadores provinciales, intendentes y concejales. La simultaneidad en la elección de cargos nacionales y provinciales bastará para abrumar al ciudadano común, en este caso ello se ve potenciado por la desenfrenada oferta de candidatos que admite y alienta la ley de Lemas vigente en esta provincia. Si esta sensación condensa el clima dominante en estos días, cabe también mencionar otros datos que no pueden permanecer desatendidos. En primer término, se ha instalado la idea de que es posible y saludable para las instituciones una alternancia en el gobierno. Esta elección pondrá a prueba la capacidad del Partido Justicialista para retener el gobierno provincial tras 20 años de permanencia en el mismo y ello no sólo dependerá del desgaste que haya sufrido en ese lapso, sino también de la atracción y confiabilidad que puedan despertar otras ofertas alternativas sobre el electorado. En tal sentido, las chances que exhibe el intendente de Rosario, Hermes Binner, para acceder a la gobernación, constituye un serio desafío para las aspiraciones de continuidad del justicialismo. Asimismo -aunque sin mellar la imagen del gobernador Carlos Reutemann- el justicialismo llega a estas elecciones ensombrecido por las sospechas de imprevisión e impericia frente a la emergencia desatada por las inundaciones de la capital provincial y desgastado por su empeño en mantener una ley de lemas que reinstala en la ciudadanía el repudio y malestar por la política que, paradójicamente, pareciera estar cediendo en el orden nacional tras la asunción de Néstor Kirchner. Pese al consenso desfavorable en torno de sus implicancias, a nadie escapa que el gobierno provincial se aferró a ella, pues desde 1991 le ha permitido al justicialismo imponerse sistemáticamente sobre sus rivales aun cuando hayan resultado más votados los candidatos de la oposición. La permanencia de esta ley ya no sintoniza con el nuevo clima instalado desde que asumió el presidente Kirchner y su prédica en favor de una mejora de la calidad institucional. La sobreoferta electoral que ella incentiva (sólo en Rosario compiten más de 30 candidatos a intendente) no sólo genera confusión entre los ciudadanos, sino que exacerba un fraccionalismo que renueva en la ciudadanía la misma sensación de desprecio frente a la política que sacudió a nuestras instituciones en el pasado inmediato. Tal vez -a juzgar por las promesas de los principales candidatos- ésta sea la última elección en que se compita con ley de lemas. Sin embargo, estos comicios no sólo serán una prueba crucial para la continuidad del justicialismo o para la oposición que propicia la alternancia, sino también, para las nuevas fuerzas que pugnan por un espacio entre los partidos tradicionales (ARI y Recrear). Estos partidos -especialmente el ARI en razón de su excelente performance en la elección presidencial- tendrán que revalidar su caudal electoral si aspiran a configurar una fuerza partidaria perdurable en el sistema partidario provincial. Esta elección también nos ofrece la ocasión de verificar si el alto compromiso cívico reflejado en la última elección presidencial se mantiene en este distrito -en contraste con el inédito porcentaje de voto negativo y ausentismo de octubre del 2001- o si, como ha mostrado la primera vuelta de la elección de Capital Federal, reaparecen signos de desinterés y desconfianza para recordarnos que aún persiste una ciudadanía exigente e insatisfecha con el desempeño y oferta de sus representantes. (DyN) (*) Sociólogo e investigador de la Universidad Nacional de Rosario.
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