A juicio el crimen que conmovió a Las Coloradas

La víctima tenía 29 años y recibió 21 puñaladas. El acusado era amigo.

Redacción

Por Redacción

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NEUQUÉN (AN).- Victoriano Segovia eligió vivir en Las Coloradas, ese pequeño paraje del sudeste neuquino que lo maravilló en un viaje de trabajo por su tranquilidad. Nunca pensó que allí, en ese pueblo de apenas 1500 habitantes, su hijo David sería asesinado de 21 puñaladas por uno de sus mejores amigos quien aguarda el juicio en libertad.

Victoriano tenía seis hijos, pero desde el 1 de diciembre del año pasado solo puede cuidar de tres de ellos. Al mayor lo perdió hace una década, cuando nadie sabe bien porqué, el joven estudiante de Bellas Artes decidió quitarse la vida.

Años más tarde la tragedia le arrebató a su hija menor. Con apenas un año y medio la chiquita falleció en sus brazos, cuando desesperado Victoriano salió con ella a upa para pedir socorro a la ruta 50, pero los 20 kilómetros que separan su chacra del paso de los autos fueron demasiados.

El 1 de diciembre del año pasado la tragedia volvió a tocarle a la puerta, más inexplicable que nunca y con un dolor al que toda la familia aún no le encuentra respuesta.

Esa noche Emilio Javier Segovia, o David como le decían sus conocidos, tenía 29 años, y ya hacía dos años que se había convertido en padre soltero cuando su mujer decidió irse y dejarle a su cargo a sus dos pequeños hijos.

David tenía trabajo en la municipalidad de Las Coloradas, una familia que lo acompañaba y muchos amigos de toda la vida. Eran apenas las 12,05 de esa noche calurosa cuando dejó a los nenes con su mamá y salió a comprar cigarrillos. Pero nunca más volvió.

Caminó apenas una cuadra y en el frente de la casa de su amigo Claudio Maximiliano Hermosilla (26) lo pararon. “Maxi estaba discutiendo con otro chico, lo acusaba de una infidelidad. David trató de calmarlos y Maxi lo empezó a acusar a él también de haber andado con su mujer”, contó María Elena, la hermana de David.

Tras ese cruce los testigos dicen que Hermosilla entró a su casa y salió recién diez minutos después. “Salió con un cuchillo y le dio una puñalada a mi hermano entre el hombro y el cuello y mi hermano lo miró y le dijo Maxi me apuñalaste, como que no podía creerlo, y empezó a correr pero se cayó a media cuadra”, relata.

La peor parte estaba por venir. Tras una extensa pausa y sollozando, María Elena cuenta que “el que era su amigo se arrodilló a su lado y le dio veinte puñaladas más, veinte”.

Los amigos que presenciaron lo ocurrido quisieron intervenir. Uno habría sido corrido por Hermosilla y su cuchillo. El otro logró convencerlo de que se entregue en el hospital. Allí llegó poco después. Se sentó en un banco de la sala de espera, dejó el cuchillo ensangrentado a su lado y dijo delante de los médicos “yo lo maté”.

“Al día siguiente se fue a Zapala y nunca más volvió, pero tampoco estuvo ni un día detenido”, remarcó la hermana que junto a su padre cuidan ahora de los pequeños que sin saberlo son casi huérfanos.

Hace pocos días la justicia le notificó a los Segovia que el 21 de diciembre comenzará el juicio en contra de Hermosilla, acusado de homicidio simple.

En la casa de los Segovia la pobreza se cuenta en años, pero a pesar de eso pusieron peso sobre peso para pagar un abogado. Es que temen que Hermosilla, ese chico con el que se criaron casi como hermanos, quede libre o sea condenado a un puñado de años.


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