Acciones contra el desamparo

PANORAMA POLÍTICO DE NEUQUÉN

Julián Ivacachi, médico intensivista desde hace unos diez años en el hospital Castro Rendón, ofreció su puño al gobernador Omar Gutiérrez a modo de saludo luego de recibir la primera dosis de la vacuna contra el covid-19 en el estadio Ruca Che.


Fue el protagonista del inicio “simbólico” de la campaña de inmunización en toda la provincia, el 29 de diciembre, y aguardó paciente, desde antes del horario convenido, la llegada del mandatario en el box que compartió junto a otros cuatro profesionales que ese día recibieron la inoculación. Brindó las entrevistas que le solicitó la prensa, posó para las fotos con los funcionarios, pero no recibió a cambio el puño apretado del gobernador.


El mandatario hizo un ademán de rechazo con los dedos índices y pronunció dos “no” porque, lo ha dicho en otras ocasiones, para él va en contra de los protocolos hasta saludarse con los codos.


Al parecer no fue el único desplante que recibió Ivacachi en el transcurso de esta pandemia y mucho menos el peor. Al intensivista también le negaron todos los fines de semana desde julio del año pasado, lo sometieron a un régimen de sobrecarga horaria “brutal y despiadada” y a transitar sus momentos de descanso en un salón sin sillones, distanciamiento mínimo o dispenser de agua.


Lo anterior es lo que manifestó el médico y otros diez terapistas del Castro Rendón en el recurso de amparo que presentaron el viernes en sede judicial. La advertencia fue que el sistema entró “en un estado de saturación nunca antes visto”. La acción, lo suficientemente grave por sí de ser verdad, también contribuyó a develar otro escenario: ya no quedan interlocutores políticos validados.


Lo evidenciaron también esta semana los directores de hospitales del interior en notas que dejaron circular por medios periodísticos y redes sociales para advertir que ya no quedaban camas en Zapala, San Martín de los Andes ni Loncopué. Un llamado de atención similar al que lanzaron en octubre epidemiólogos, médicos, colegios profesionales y espacios políticos para que Gutiérrez accionara el “botón rojo” ante la presión insostenible de la curva de contagios.


Hoy los casos ya son 50.000 y las muertes más de 900. La tasa de incidencia en la provincia es una de las más altas del país y el porcentaje de uso de camas críticas, también.


Y la única respuesta para los intensivistas llegó del director del hospital, Adrián Lammel. El viernes le tuvo que pedir un tiempo a este diario para leer el amparo. Luego afirmó que los dichos de los profesionales eran “falacias”. De los sindicatos no se conoció ningún pronunciamiento en solidaridad. Lammel podría no ser el único que vio en la actitud de los terapistas un reclamo “corporativista”.


El amparo, lo suficientemente grave por sí, contribuyó a develar otro escenario: ya no quedan interlocutores políticos validados.



Como sea, si la estrategia del gobierno es bajarle el precio a las denuncias con indiferencia, no parece la mejor de las ideas. El silencio no puede ser más la estrategia de comunicación de un gobierno que pudo haber disfrutado de sus beneficios en otro contexto.


Porque pasó de nuevo. La curva de casos volvió a tomar dirección vertical, las terapias intensivas treparon al límite y Gutiérrez optó por no hablar más. No es exagerado pensar también que una mayoría de la población esperaba un mensaje de claridad después de que el presidente Alberto Fernández decretara una suerte de hoja de ruta para que los gobernadores definan su toque de queda sanitario.


El silencio no puede ser más la estrategia de comunicación de un gobierno que pudo haber disfrutado de sus beneficios en otro contexto.



El argumento informal fue que Neuquén ya tenía una restricción nocturna, con un horario de cierre gastronómico a la 1, y que la norma nacional no aportaba cambios. Bueno, reiterar nunca está de más. Especialmente, cuando de las medidas en vigencia depende el comportamiento de la población y, en consecuencia, del virus.


Un intendente dijo esta semana “yo me ocupo de que los comercios respeten el horario de cierre” cuando se le señaló que ya nadie controla si las personas circulan o se reúnen durante la madrugada. Los jefes comunales apuntan a la policía, o a la falta de. O lo que es lo mismo, al gobierno de la provincia.


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