“Al menos cubriremos de gloria nuestra derrota”

Por Redacción

Así arengaba, Leónidas, en las Termópilas a sus 300 espartanos. La historia habló por centurias de esos bravos guerreros. Esa pequeña frase, de tan profundo significado, ni tan siquiera sustrayéndola la usaron nuestros dirigentes para analizar nuestra derrota. Si al menos la hubiésemos comprendido, nuestro movimiento estaría en otras circunstancias. Nada pasa en vano. Todo tiene un correlato histórico que en la medida de sus actores puede modificarse. ¿Alguien analizó el por qué del triunfo del actual presidente? ¿O llegó por una situación fortuita, por conjunción estelar se apropió del poder?

Llegó por la obsecuencia, el relato, la destrucción sistemática del peronismo, el ninguneo, la carencia de dirigentes, por un proyecto mesiánico insustentable en el tiempo. Poco aprendieron del viejo general, “La organización será la única que vencerá al tiempo…”.

Causa dolor, incertidumbre y bronca la desaparición de Maldonado. Lo mismo causaron hace años otras desapariciones. No se es más blanco pintándose de blanco, ni más negro pintándose de negro. No hay desapariciones buenas y malas, al fin y al cabo son desapariciones.

Vemos con dolor y angustia el odio y la fanatización que se va imponiendo. Quienes hemos vivido otras épocas aún siendo pequeños sabemos de qué se trata. Aquello no fue epopeya, fue dolor, angustia, pánico y miedo. El peor de los miedos, el que paraliza y corroe. Perdimos familiares, amigos, compañeros. Perdimos la fe y el dolor se acunó en el alma. Muchos perdonamos, otros no. No deseamos aquello nuevamente.

La descalificación y apostar al fracaso no es el camino. Quien está firme en sus convicciones no lo precisa. Quienes dudan de sus ideales seguro lo harán. En una oportunidad le preguntaron a Perón qué haría para volver, y él sólo exclamó: “Nada, mis enemigos lo harán”.

Tratar de lograr el fracaso de alguien es sinónimo de miserabilidad. El ejemplo más palpable fue el tema de la central atómica. Bajo el gobierno anterior se aprobaron varios proyectos con China. Nadie alzó la voz. Luego, aquello era la síntesis de lo demoníaco. En una sociedad de hipócritas los sinceros son los malos.

Jamás renegamos de nuestras convicciones. Fuimos, somos y seremos peronistas. Amplios, criteriosos e insobornables. Jamás nos fuimos o creamos otro partido. Jamás renegamos de nuestros orígenes ni vivimos de la política. Hicimos de la causa un apostolado de vida. Nunca apoyamos otro candidato que no sea peronista. Podemos mirar a los ojos a cualquiera.

Estuvimos en la derrota siempre, cuando en esas circunstancias era difícil. Serlo en el triunfo vaya que es fácil… Por eso tenemos autoridad moral para decirlo. Tenemos autoridad moral pues nunca caminamos con corruptos. No nos fuimos al carro “progre” que con discursos de biblioteca interpreta al general desde el marxismo. Lo obreros en alpargatas entendieron a Perón en el 45, y en los claustros universitarios 27 años después. Cada uno tendrá su idea al respecto, pero reiterar dogmas y agresiones es sólo expresión de decadencia intelectual. Si el peronismo en el pasado transitó esa senda, debemos superarlo. En verdad Perón nos dejó su legado a su retorno de reencuentros y abrazos.

Cuando se está en lo cierto, que hable la razón. Aún siendo una minoría, la verdad sigue siendo verdad. Las conductas son las que se juzgan. Nunca robamos. Caminamos erguidos por la vida. No tenemos 130 causas, 26 imputaciones y tres procesamientos. “No me preocupa el grito de violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más me preocupa el silencio de los buenos”, decía Martín Luther King.

Tomás D. Basile

DNI 11.610.326

Jamás renegamos de nuestras convicciones. Fuimos, somos y seremos peronistas. Amplios, criteriosos e insobornables. Jamás renegamos de nuestros orígenes ni vivimos de la política.

Tomás D. Basile

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Jamás renegamos de nuestras convicciones. Fuimos, somos y seremos peronistas. Amplios, criteriosos e insobornables. Jamás renegamos de nuestros orígenes ni vivimos de la política.

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